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Un poco de aire, en tiempos de Covid

Hoy es domingo y esto es Mar de Fulles

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Un árbol. Atávico. 650 años. Disruptivo, en este absurdo espacio-tiempo de coronavirus. En Mar de Fulles, un hotel de cuatro estrellas que anidó en una ladera de la Sierra de Espadán, en el interior de Castellón, y que lleva ya cuatro años demostrando que otra vía es posible. De agricultura ecológica, energías renovables, financiación ética, empleo digno. Esta es una historia para respirar. Lectura de domingo. Pero debería ser seguramente el horizonte. El horizonte de los lunes y el de los martes; el de los miércoles y el de los jueves; el de los viernes y el de los sábados. Debería estar en todos esos horizontes y en la lectura de todos los domingos. Mar de Fulles existe. Y lo vamos a contar. [Foto].
Hoy es domingo y esto es Mar de Fulles

Mar de Fulles tiene tantos perfiles en la mirada y tantas historias en la voz que uno no sabe por dónde empezar. Así que voy a brotarla -la historia- como brota la vida en la Sierra de Espadán, libre. Juanma Urbán fue niño scout, y luego monitor de tiempo libre ("durante muchos años"), y trabajó en una tienda de deportes de aventura, y en una compañía tecnológica, y se echó una novia de Greenpeace, y se hizo voluntario en esa oenegé y... "uno de esos días en los que estás echando una mano en uno de los puestos de información" pensó que más que los convencidos que se acercaban a coger una pegatina o comprarse una camiseta del Rainbow Warrior, "lo interesante era la gente que no se paraba a preguntarte".

Sí, eso pensó Juanma aquella tarde, en aquel puesto de Greenpeace, y pensó que, para llegar más allá de los que ya están convencidos, quizá lo mejor era demostrar, con hechos concretos, cómo pueden ser las cosas. "Sin la necesidad de estar nosotros detrás dando la murga".

Y sí, así fue cómo nació la idea de Mar de Fulles, que es, a día de hoy, un hotel de cuatro estrellas, y restaurante (premiado por el Parlamento Europeo), sito en Alfondeguilla, en el corazón de la Sierra de Espadán, y tan integrado en la tierra (y en el cielo azul mediterráneo), como aislado de la red eléctrica (170.000 euros les pidieron por tirar el cable desde el poste, que estaba a 300 metros).

"Lo que yo quería -cuenta Juanma- no es que alguien con don de gentes convenciera a nadie, sino al revés, que la gente, de manera participativa, visual, se convenciera por sí sola... Y eso es lo que ocurre en el hotel, que te alojas en pleno verano con la idea probablemente de que vas a tener que dormir toda la noche con aire acondicionado, porque esto es la Comunidad Valenciana... y no... Simplemente abres la ventana y hace más frío que poniendo el aire, porque la bioconstrucción funciona". 

Funciona la bioconstrucción, en Mar de Fulles, hoy, diez años después de aquella tarde en la que Juanma se propuso pasar del don de gentes (él lo tiene) a la fuerza de los hechos. Sí, diez años después... Porque, entre aquel día y el de la inauguración del hotel habrían de discurrir efectivamente todos esos años. El primero de ellos lo pasó buscando.

"Dejé mi trabajo pensando que era capaz de hacerlo todo en un año. Y claro, en ese tiempo no conseguí ni encontrar el terreno".

No fue capaz de encontrarlo... Aunque ya lo había visto...

Porque, "antes incluso de pensar en el proyecto -me cuenta-, estando en Greenpeace, un grupo de amigos creamos una peña, la Peña Bellotera, y veníamos precisamente a Espadán. Aquí recolectábamos bellotas, las germinábamos en casa y regresábamos luego a plantarlas, por hobby".

El caso es que...

"Llevábamos aquí ya cuatro años, y un día cruzo un barranquito y me encuentro un árbol de 650 años... y me enamoré. Fui a mi casa, hablé con mi pareja y le dije: mira, tengo que comprarlo".

¿Problema? El árbol estaba en la parcela más grande del lugar: 110.000 metros cuadrados.

"Y encima no teníamos recursos económicos. El caso es que nos fuimos a Alfondeguilla, a hablar con una persona que se dedicaba a relacionar a los vecinos que tenían tierras para evitar los conflictos de las lindes. Y esta persona me explica que la tierra en la que estaba el alcornoque era de dos hermanos que no se hablaban entre sí, y que era poco menos que imposible que ese terreno lo pudiera comprar. Y me dice además que uno vive en el pueblo, pero que es que el otro vive en Barcelona. Y me dice 'bueno, mira... por intentarlo que no quede'. Así que aquel hombre telefonea al de Barcelona, que creo recordar que se llamaba Recaredo, y le dice 'mira, hay un chico aquí que quiere comprar el bosque para cuidarlo'.

Y no te lo vas a creer pero resultó que ese señor justo había venido a ver a sus hijos y que estaba en ese momento en Alfondeguilla, y que le contesta al de las lindes que ahora se acerca. Viene hasta allí, le cuento que nuestra intención es cuidar del árbol, y para mi sorpresa le dice al otro que llame a su hermano.

Llama al hermano, Domingo. Este se acerca. Y, de repente, me encuentro con que dos hermanos que en teoría se llevan súper mal y que no se hablan desde hace no sé cuánto tiempo se juntan a hablar allí, en ese preciso momento...

Y me encuentro, claro, con que yo no tengo el dinero... y voy y les digo 'miren, me gustaría comprar el terreno porque he visto un árbol que considero que hay que proteger y mi objetivo es simplemente cuidarlo'. Y de repente hablan entre ellos y dice uno yo sí lo quiero vender, mis hijas no van a trabajarlo, las tuyas tampoco, es una oportunidad. El caso es que estuvieron hablando un rato... y me lo vendieron. En fin, que compré el terreno y decidí montar el hotel".

Y a buscar más dinero
En 2007/2008 Juanma habla con varias entidades del entorno de la banca ética y se queda con Fiare, que tiene delegación en Barcelona.

"Allí me encontré a 16 personas que no eran del banco. Eran voluntarios que iban por delante. Si no les convenzo a ellos, y no se lo creen, yo con el banco ni hablo. La premisa es que solo si cumplo social y medioambientalmente puedo hablar de dinero. Y yo pienso: fantástico... Y ahí estuvo el reto: me encontré a 16 personas, de diferentes entidades, sociales, medioambientales, con unas preguntas complicadísimas, que la mayoría no las pude contestar, porque esto solamente era una idea... Pero lo que vi fue la oportunidad, y me dije 'ostia, venga, vamos a hacerlo bien de verdad, no solo en clave medioambiental, que es mi sector, lo que más conozco; sino también en clave social... Y fue ese día cuando realmente el proyecto Mar de Fulles cobró su entidad real: 50% social, 50% medioambiental. Lo ético sin la ecología no tiene sentido. Ni a la inversa. No se puede hacer nada medioambiental maltratando a los trabajadores".

Y así comienza la fase clave.

"La primera persona que contratamos fue una chica embarazada de cinco meses. ¿Nos lo podíamos permitir? Pero si eso no se lo puede permitir ninguna empresa... ¿O sí...? Pues claro que sí. La contratamos y se fue de baja el tiempo que le correspondió. Y luego volvió. Y no pasa absolutamente nada. Mira, en Mar de Fulles la mujer de la limpieza cobra lo mismo que mi jefe de cocina. ¿Y por qué? Pues porque desde el principio siempre hemos tenido claro que este es un proyecto de personas que está hecho para personas".

Y Mar de Fulles también contrató muy pronto al arquitecto, claro.

"Nosotros queríamos hacer un hotel que fuera autosuficiente. El edificio por eso tenía que consumir muy poco, para que con las placas solares y sin una súper inversión pudiéramos hacerlo. El elemento que más consumo conlleva es la climatización, y, como tenemos muchos más días de calor que de frío, pues nuestra obsesión no era otra que hacer un edificio lo más frío posible. ¿Y cómo lo haces frío? Grandes ventanales al norte, corrientes de aire... Lo que hicimos fue buscar el aire del mar, que aporta una climatización fría natural, así que buscamos una orientación norte y una altitud que nos asegurara ese recurso".

Con esa idea en la cabeza contratan pues un arquitecto
"Uno de los compañeros que ya estaba en el equipo nos presenta un arquitecto joven, con muchas ganas, relacionado con el medio ambiente, que se llama Xavi Salvador, y con el que empezamos todo un proceso de aprendizaje. Él tenía muchas ideas; y yo también las tenía. Y lo primero que nos planteamos es 'qué podemos considerar ecológico y qué no lo es'. Y yo creo que algo traído del otro extremo de España, o de la otra parte parte del planeta, no lo es, aunque tenga una certificación maravillosa. Xavi entendió el concepto de proximidad y luego le planteé el reto: ser ecológico no puede ser caro. Debemos dar ejemplo. Lo ecológico tiene que ser local, sencillo y de calidad, y tiene que estar, como mucho, al mismo precio que lo que no es ecológico. Es más: debería ser más barato. Ese fue el planteamiento. La visita con el arquitecto duró ocho horas. Lo contratamos por seis meses. Trabajó con nosotros ocho años. Seiscientas modificaciones de plano, en lo que se refiere al edificio; cuatrocientas, en la cocina [Juanma es cocinero]. El primer arquitecto con el que habíamos contactado nos había pedido 1.200 euros por cada modificación de plano. Así que haz la cuenta: eso quiere decir que el proyecto de arquitectura de Xavi nos hubiese costado 1.200.000 euros. Por eso la relación de las personas y su vinculación al proyecto han sido tan extraordinariamente importantes, porque ha sido la única manera de llevarlo a cabo".

Bioclimático, rectificado y corregido hasta el paroxismo de la perfección y, además, no ha sido más caro, según Urbán.

¿No?, pregunto
"La réplica es una manera de abaratar, de ajustar. Y decidimos utilizar muy poquitos materiales, buscando la homogeneidad. Y eso abarata. Porque es más barato comprarle a una empresa un único producto... que si apuestas por hacer una habitación azul, una habitación verde y la habitación marfil con un montón de despieces de materiales. Al haber un único material es todo corrido, no hay desperdicio, hay menos residuo. El hotel está hecho con termoarcilla, que es un ladrillo convencional, fabricado en la Comunidad Valenciana, muy eficiente y muy fácil de usar. Cualquier albañil, con unas pequeñas pautas, lo trabaja. La idea era evitar el recurso a una web alemana, a un proveedor austríaco, a una aplicación complicada. No: termoarcilla, valenciana, de toda la vida".

Con termoarcilla y con madera. Mucha madera. "Planteamos que fuera pino. Y el pino, ecológico, en España, de cierta proximidad, viene de Soria y Valsaín, al norte de Madrid. Son dos zonas de extracción de madera ejemplares a nivel nacional. De ahí viene todo el pino que se ve".

Pero hay mucha más madera en Mar de Fulles (mar de hojas, en valenciano). Madera viva. 150.000 metros cuadrados de bosque en el derredor más inmediato. En realidad -cuenta Juanma-, el punto de partida, el principio que explica todo lo demás, está precisamente ahí.

"Cuando decidimos emprender por fin el proyecto de Mar de Fulles ya llevábamos tiempo plantando alcornoques en Espadán. Y seguimos haciéndolo, claro, aunque el bosque realmente no aporta valor económico, pero este ha sido uno de los aciertos fundamentales del proyecto".

Empezaron, la Peña Belloteros, por amor al arte. Pero, cuando comenzó a cobrar carta de naturaleza Mar de Fulles, quisieron calcular. Y calcularon que plantarían 40.000 alcornoques para compensar las emisiones de la construcción y de los tres primeros años de actividad. "Era un cálculo con las mejores intenciones, a sabiendas de que muchos no saldrían adelante".

El caso es que, a los tres años de la apertura, y 40.000 alcornoques plantados después, "no sabíamos si sí o si no habíamos compensado".

¿Y?
"Pues decidimos que no, que no hemos compensado con esa plantación. Y ahora tenemos un nuevo reto, y lo que hacemos todas las semanas es ver cuánto movimiento ha habido en el hotel y plantamos nuevos árboles para seguir compensando. No para conseguir el equilibrio, que parece que sea lo correcto, sino para tener emisiones negativas de CO2. Porque el que contamina contamina por muchos, así que consideramos que el que planta tiene que plantar también por muchos. Lo que queremos es que el hotel sea en sí mismo un beneficio para el medio ambiente, no que sea neutro, no que no tenga impacto, sino que mejore el medio ambiente".

Y por eso la energía también ha sido motivo de estudio sesudo desde el principio en Mar de Fulles. Le dieron mil vueltas al asunto, coincidiendo en el tiempo con la negra era de Soria y Nadal (los ministros del impuesto al Sol y el hachazo a las renovables) y, al final, "optamos por el autoconsumo pensando única y exclusivamente en demostrar que la solución solar fotovoltaica, el autoconsumo, era viable tanto técnica como económicamente".

El dinero en todo caso volvía a convertirse en la clave. Porque para montar una instalación solar fotovoltaica que produjese la electricidad que iba a demandar el hotel hacía falta una inversión cercana a los 300.000 euros. Y ahí la imaginación (la búsqueda de alternativas a las soluciones convencionales) y lo común volvieron a imponerse.

Mar de Fulles solicitó y obtuvo una subvención de la administración valenciana y, para terminar de cerrar la financiación, apostó por Ecrowd!, una plataforma catalana de crowdlending: pequeños inversores que se unen en un proyecto común. ¿Cómo? Prestando su dinero para financiar, a cambio de un interés (pues no estamos hablando de donaciones) la iniciativa de que se trate.

Juanma no ahorra elogios para Ecrowd!.

"Mostraron una agilidad en la tramitación espectacular, nos dieron un apoyo tremendo, todo tipo de facilidades... y lo más bonito de esta parte es que cualquier persona podía participar. Y así fue: hay mucha gente que está detrás de esa instalación, gente que nos conoce personalmente y gente que no nos conoce, gente de todas partes de España. Es posiblemente una de las cosas de las que más orgullosos estamos".

Y aquí Urbán hace un inciso.

"Podríamos haber obtenido una financiación muchísimo más económica por plazos, porque un banco evidentemente tiene unas capacidades de maniobra tremendas y nos habría salido un poco más barato, pero... ostia (sic)... el valor que tiene el dinero que te lo entrega una persona directamente, una persona que tiene nombre y apellidos... Nos parecía súper bonito y así lo hicimos".

El presupuesto total de la instalación (de 41,48 kilovatios, con sistema de almacenamiento de electricidad en baterías) alcanzó los 280.000 euros. 128 pequeños inversores aportaron 174.000 de esos euros a través de la plataforma Ecrowd! La obra la ejecutó la empresa local Heliotec y la operación toda fue merecedora en 2017 del premio CitizenEnergy, que promueve el Parlamento Europeo. Todo un espaldarazo para un Mar de Fulles que amanecía, para una entonces también muy joven Ecrowd! y para Heliotec, una pyme de Vall d'Uixó que cumplía por aquellos días su décimo aniversario y que comparte una filosofía muy similar, sino idéntica, a la de Mar de Fulles.

Josep Antoni Nebot Garriga es abogado e ingeniero ambiental, montó con varios socios Heliotec en 2006, ejecutó la obra de Mar de Fulles en 2015 y lleva desde entonces vinculado a ella a través del mantenimiento.

"Un concepto fundamental en este proyecto -cuenta- es la proximidad. Las placas son españolas, lo cual es muy poco habitual. Marca Atersa. Placas producidas en Almussafes. Porque Atersa también fabrica en China, pero aquí hemos elegido placas fabricadas en la línea de producción que tiene la empresa en Almussafes; todos los inversores y las baterías nos las han suministrado distribuidores locales; y la estructura que soportan las placas está fabricada por productores locales. Esa es la filosofía, empresa local, que tenga su margen y que no nos encarezca el producto".

A la primera instalación seguiría pronto otra: una ampliación de diez kilovatios (10 kW) en 2017, de la mano de Heliotec y de otro préstamo colectivo (otra vez Ecrowd!). Los inversores reciben cuotas mensuales durante 84 meses a un 4,50% de interés nominal anual. "Lo interesante es eso -apunta Juanma-, que somos capaces de generar un 4,5% de interés, algo que ningún banco te va a dar". [Todos los detalles de ambas instalaciones, a pie de página].

Mar de Fulles tiene dos financiaciones: Fiare y Caixa Rural Sant Vicent Ferrer de La Vall d'Uixó, Cooperativa de Crèdit Valenciana, "que es de aquí, de Vall d'Uixó, que es el banco del territorio, que es el que nos da datáfonos, domiciliaciones, la operativa bancaria convencional que necesitamos en tanto que actividad empresarial".

¿Y ahora?
Pues el periplo marinero de Juanma Urbán y su mujer Mariajo, que empezaron hace ya más de 10 años, con 6.000 euros en el bolsillo y un montón de ilusiones, pájaros en la cabeza y árboles en las manos, continúa. 

"Mucha gente maravillosa -cuenta Urbán- ha participado en este proyecto, un proyecto que sin ellos, y esa es la verdad, no hubiéramos podido sacar adelante. Las placas solares nos las colocó una empresa de aquí al coste, jugándose su reputación, porque nunca habían hecho una instalación como esta. Así que cuando nos dieron el premio en el Parlamento Europeo, fueron ellos a recogerlo [se refiere a la citada Heliotec]. Los chicos de Nonna Design [reponsables del delicado interiorismo de Mar de Fulles] eran tres chavales que tenían un bajo en la casa de la abuela. Ahora tienen trabajo por delante para tres años. El arquitecto, Xavi Salvador, acababa de salir de la facultad, y ahora es todo un especialista en bioconstrucción. O Ramón, uno de mis mejores amigos, financiero, que fue y ha sido clave en la materialización de Mar de Fulles. Recuerdo que cuando le presenté el proyecto me dijo: 'Juanma, es un hobby lo que tú has pensado, es muy potente, pero es un hobby, esto no es un negocio'. Y entonces yo le di la vuelta y le dije: yo ya te he explicado lo que me gustaría hacer. Tú, que sabes de finanzas, dime cómo hacerlo sin romper el marco. Y lo hizo. Ramón es un amigo, uno de mis mejores amigos, una persona clave en este proyecto".

Pero el Mar sigue en marcha: en curso y en proyecto
En curso, por ejemplo, la instalación solar fotovoltaica para autoconsumo, que lleva ya cinco años sobre la cubierta y... discreta.

"Lo que siempre tuvimos claro es que el impacto visual debía ser mínimo. Colocamos las placas a 10º de inclinación y, para no pegarlas a la cubierta, y que todo el calor de la placa se transmitiera al edificio, las sobreelevamos 20 centímetros con unas guías de aluminio, creando una segunda cámara ventilada para que el calor que reciben las placas se disipe, y se eleve, y la cámara proteja nuestras habitaciones".

La instalación de autoconsumo con baterías, que tiene un respaldo diésel, atiende el 100% de la demanda durante siete meses.

"El motor diésel que instalamos, que tiene mejores índices medioambientales que el motor de gas al que sustituyó (un motor que no acabó nunca de encajar aquí), no arranca ni un solo día durante más de siete meses. Lo usamos normalmente unas dos horas durante la noche de los viernes, cuando el hotel está completo, y otras dos horas, los sábados, tres meses al año".

Asignatura pendiente: cuando Mar de Fulles trajo el gas para alimentar los fogones de la cocina... 

"Ya que tenemos el gas para la cocina, que es imprescindible, nos dijimos: gastémoslo también para el agua caliente sanitaria... Bueno, el proyecto no está acabado. Es un proyecto que está en marcha. El objetivo es averiguar cuánto necesitamos. Ya llevamos aquí cuatro años comprobando cuántas horas, y cuáles son las necesidades de ACS y de calefacción, porque las de frío las soportamos perfectamente. Y estamos valorando todas las posibilidades: si tendríamos que hacer una súperampliación de la instalación solar fotovoltaica que ya tenemos, si apostar por la solar térmica, la biomasa. Heliotec nos está ayudando lógicamente en este proceso, y con ella lo abordaremos en el momento en que corresponda, y creo que será el año que viene".

Entre tanto, Juanma Urbán, que además de gerente del hotel es cocinero, cultiva en el huerto ecológico de Mar de Fulles buena parte de las viandas que sirven en su restaurante y, con un equipo integrado por otra media docena de personas, gestiona (1) un Mar de diez habitaciones claras y espaciosas (semienterradas) en la ladera; (2) un albergue blanco y de madera (donde oferta precios más ajustados, pero el mismo aire); (3) un restaurante escaparate desde el que uno ve la huerta a los pies y allende el bosque (la foto está tirada desde su interior); (4) una piscina de cloración salina que también le dice no (como el huerto) a la "depuración química" (una joya azul en medio del mar de fulles, una delicia); (5) un bosque de 150.000 metros cuadrados, colmenas y miel de abejas propias; y (6) dos salas para la práctica de actividades en grupo: una, abuhardillada, con vistas a la sierra, de 100 metros cuadrados; y otra, yurta circular, de 72 metros cuadrados, en la entrada del bosque.

Y... ¿qué se me escapa, Juanma?, pregunto.

"El ciclo del agua. Tenemos un pozo propio, que es un reto, porque el agua está a 160 metros. Y hay que sacarla con energía. Y ya sabes además que en un hotel se consume mucha agua. Aquí, en Mar de Fulles, no podemos recolectar el agua de lluvia, porque en la Comunidad Valenciana llueve mucho en muy poco tiempo, con lo que haría falta un depósito tremendo, del que además se evaporaría una buena parte. Así que lo que hacemos es reconducir todo el agua de lluvia al acuífero: todos los bancales que cultivamos, y que están a diferentes niveles, llevan por debajo unos tubos de tren, que recogen ese agua, sin que nadie lo vea, y que la conducen abajo, al acuífero.

Y luego teníamos el reto de la depuración de las aguas, que es un tema muy serio. Recibimos proyectos que nos pedían hasta 300.000 euros, y que además escapaban a nuestro concepto de economía y ecología. Así que el arquitecto y yo dedicamos casi un año a estudiar opciones por toda España y, al final, optamos por hacer un filtro verde (en el que la clave es la gravedad) y sin uso de energía: se trata simplemente de una decantación sólido-líquido, una balsa, completamente impermeable, llena de grava, con un montón de plantas, que nos llegan de un vivero especialista que está en el Delta del Ebro, y que se mantiene sola. Nos pedían 300, 400 metros para montar una depuradora, con gasto energético, químicos... Pues con cien metros cuadrados, y 17.000 euros, montamos la depuradora del hotel, cero mantenimiento, cero químico, cero gasto energético".

Detalle (económico, técnico) de la instalación solar fotovoltaica (fase 1 y fase 2)

Todo lo que hay que saber sobre Mar de Fulles

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Joan Cusidó
Muy buen artículo! Gracias por tu colaboración.
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