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Efecto colateral del coronavirus: la caída de la demanda de electricidad hace avanzar la generación con renovables

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El último boletín de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que llega en medio de una crisis mundial sin precedentes a consecuencia del coronavirus, muestra lo mucho que las sociedades modernas dependen de la electricidad. Pero esa dependencia también está teniendo un efecto inesperado: al caer la demanda de electricidad en países como España, debido a la paralización de fabricas y empresas, la participación de fuentes como la eólica y la solar está siendo mayor de lo normal.
Efecto colateral del coronavirus: la caída de la demanda de electricidad hace avanzar la generación con renovables

A día de hoy, millones de personas están confinadas en sus casas, recurriendo al teletrabajo para cumplir con su jornada laboral, a los sitios de comercio electrónico para hacer sus compras, y a las plataformas de video en línea para encontrar entretenimiento. Un suministro de electricidad fiable es la base de todos estos servicios, así como para mantener operativos los múltiples electrodomésticos que la mayoría tenemos en nuestras casas.



Pese a este mayor consumo doméstico de energía,  en la mayoría de las economías que han adoptado fuertes medidas de confinamiento en respuesta al coronavirus -y de las que hay datos disponibles- la demanda de electricidad ha caído en torno a un 15%. La Agencia Internacional de la Energía explica que esto se debe, fundamentalmente, a la paralización de las fábricas y empresas. Algunos de estos países, como España, o el estado de California, figuran entre los que más electricidad generan en el mundo con eólica y solar del mundo. Y si la demanda de electricidad cae rápidamente mientras las condiciones meteorológicas siguen siendo las mismas, la proporción de fuentes renovables puede llegar a ser mayor de lo normal.

En palabras del director ejecutivo del organismo, Fatih Birol, así es como "la reciente caída de la demanda de electricidad ha hecho avanzar diez años algunos sistemas de energía, aportándoles, repentinamente, niveles de energía eólica y solar que de otra manera no hubieran logrado tener sin otra década de inversión en renovables". Birol considera "importante" que los encargados de formular políticas y los reguladores tengan este hecho en cuenta, "para mejorar nuestra comprensión de los sistemas de electricidad más limpios y algunos de los desafíos que plantean".


Mantener la flexibilidad

Desde la AIE explican que aunque con una demanda más baja de electricidad, la capacidad de generación de energía es abundante, esto no evita que los operadores del sistema eléctrico tengan que equilibrar constantemente la demanda y la oferta en tiempo real. Y asegurar que el sistema es capaz de atender rápidamente la demanda, si es necesario con otras fuentes, si el patrón de suministro cambia; por ejemplo, cuando se pone el sol.


Los operadores de sistemas han desarrollado formas de gestionar estos desafíos para mantener la red estable, pero la AIE considera que los acontecimientos extraordinarios que estamos viviendo crean nuevos desafíos. Así, advierte de que "la abrupta desaceleración de la actividad industrial y comercial en gran parte de Europa", además de reducir la demanda de electricidad, "está privando a los sistemas de fuentes claves de flexibilidad.



Fatih Birol señala que aunque están aumentando las nuevas formas de flexibilidad a corto plazo, como el almacenamiento en baterías, siguen haciendo falta otras fuentes tradicionales, como la energía hidroeléctrica, "un caballo de batalla a menudo olvidado de la generación de electricidad. Y asegura que la mayoría de los sistemas eléctricos dependen todavía de las centrales de gas natural para proporcionar esa flexibilidad. El directivo de la AIE defiende, también, el uso de la energía nuclear, en los países que han optado por mantenerla, como otra opción para mantener el suministro de electricidad seguro.

Su opinión es que todo lo que está ocurriendo pone de relieve "la necesidad de que los encargados de la formulación de políticas evalúen cuidadosamente la posible disponibilidad de recursos de flexibilidad en condiciones extremas". Pide, asimismo, mayor inversión en las redes: 
"las redes de electricidad son la columna vertebral de los sistemas energéticos actuales y adquieren una importancia aún mayor en las transiciones a la energía limpia. La mayoría de las instalaciones eólicas y solares, y todas las plantas de energía flexible, están conectadas a la red eléctrica principal. Tanto en Europa como en América del Norte, estas redes dependen de líneas de transmisión envejecidas para llevar la electricidad a diferentes regiones. En los próximos años harán falta inversiones significativas en estas redes".


Poner la energía limpia en el centro de los planes de estímulo
El director general de la AIE reconoce, en cualquier caso, que los sistemas eléctricos dependerán cada vez más de las fuentes de energía limpia, y estas también pueden aportar flexibilidad. Por ejemplo, indica, la generación en los parques eólicos puede ser gradualmente reducida cuando la demanda cae por la noche; y es posible desconectar instalaciones solares en determinados momentos, cuando hay más energía de la necesaria. Además, "con el tiempo, es posible que la generación de electricidad a partir de fuentes renovables ya no dependa simplemente el clima y deba ser administrada de manera inteligente para reducir los costos y mejorar la seguridad de la electricidad". 


"La pandemia de coronavirus ha causado una crisis mundial sin precedentes y la prioridad inmediata es hacer frente a la emergencia de salud pública. Pero a medida que los gobiernos responden a las repercusiones económicas de la perturbación causada por el virus, no deben perder de vista un importante desafío de nuestro tiempo: las transiciones de energía limpia", subraya.
 
Por todo ello, pide que "la inversión a gran escala para impulsar el desarrollo, el despliegue y la integración de tecnologías de energía limpia"  sea  "una parte central de los planes de estímula" que están poniendo en marcha los gobiernos para contrarrestar los daños económicos de la crisis.  Esta inversión, concluye,  "aportará el doble beneficio de estimular las economías y acelerar las transiciones a la energía limpia. El progreso que esto logrará en la transformación de la infraestructura energética de los países no será temporal, sino que puede marcar una diferencia duradera en nuestro futuro".

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