javier garcía breva

Una proposición indecente

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Mientras la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo ha aprobado unos objetivos para 2030 de 40% de reducción de CO2, 30% de energías renovables y 40% de eficiencia energética, la Comisión Europea hace una propuesta que elimina el objetivo de eficiencia energética, baja el de renovables al 27% sin objetivos nacionales y mantiene el objetivo de CO2. Bruselas ha seguido el criterio de las eléctricas y la patronal europea de fijar un solo objetivo de reducción de emisiones, sin objetivos nacionales de renovables ni de eficiencia energética.

En 2011 la Comisión Europea aprobó la Hoja de Ruta hacia una economía baja en carbono y competitiva para 2050 con objetivos intermedios que preveían una reducción de emisiones de CO2 del 25% en 2020, 60% en 2040 y 90% en 2050 con un objetivo del 60% de renovables en 2020 y 100% en 2050. La Comisión daba especial relevancia al impacto de estos objetivos en la reducción de importaciones de petróleo y gas, creación de 1,5 millones de empleos para 2020 y eliminación
del 65% de la contaminación atmosférica.

En el documento “La política energética y sus desafíos” que la Comisión presentó al Consejo Europeo de 22 de mayo de 2013, se ratificaba la hoja de ruta 2050 y se establecían como principales desafíos la reducción del coste de la dependencia energética y de los costes regulados a través del cumplimiento del objetivo de 20% de ahorro de energía para 2020, la desconexión de térmicas de carbón y de gas, incrementar la competencia para ahorrar a los consumidores hasta 35.000 Me y desarrollo de la Directiva 2009/28/CE porque las renovables bajan el precio mayorista de la energía, reducen los costes del sistema y crearán 3 millones de empleos.

Las propuestas de la patronal y la Comisión Europea apuntan a un mix energético basado en gas y energía nuclear, que emiten menos CO2 que el carbón, y la desaparición de objetivos de eficiencia energética y renovables para mantener un mercado cautivo y cerrado a la competencia en el que un número muy reducido de eléctricas convencionales impongan precios y costes a millones de consumidores.

Separar los objetivos de renovables y eficiencia de los de emisiones supone incrementar las importaciones de petróleo y gas, aumentar la facturación a los clientes finales y socializar los incuantificables riesgos de los combustibles fósiles y las nucleares. Para aumentar los objetivos de reducción de CO2 es imprescindible más renovables y más eficiencia energética. Son objetivos interdependientes. Cumplir la hoja de ruta de 2050 exige objetivos obligatorios para 2030 superiores a los aprobados y vinculados a la recuperación económica.

La experiencia de España es que el mayor consumo de renovables reduce el precio mayorista de la electricidad, las importaciones energéticas y las emisiones de CO2; eso es competitividad, pero la reforma eléctrica pretende impulsar la energía nuclear, sin exigir los estándares de seguridad post–Fukushima, y un modelo gasista que va a acumular un déficit de 3.000 Me en 2014 por la sobrecapacidad de importaciones e infraestructuras innecesarias. España ha renunciado a reformar la falta de competencia en la conformación de precios y ha establecido una moratoria de facto sobre los tres objetivos europeos.

Las instituciones europeas deben ser consecuentes y restablecer la coherencia con la hoja de ruta de 2050. No se trata solo de mejorar la competitividad sino también la vida de los ciudadanos; sin embargo, la posición de algunos Estados miembros, como España, evidencian la falta de voluntad para adoptar políticas de reactivación y empleo y la inexistencia de un verdadero lobby de apoyo a las renovables y la eficiencia energética. El Parlamento Europeo será decisivo.

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