javier garcía breva

El doble discurso corporativo amenaza el medio ambiente

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La ventaja del proyecto de PNIEC 2021-2030 es que obliga a pronunciarse a los actores implicados. Los más de 60 GW de nueva potencia renovable y el cierre del carbón y las nucleares han obtenido la aprobación de las grandes eléctricas. No es para menos: les garantiza un futuro rentable para sus infraestructuras gasistas, sus inversiones en renovables a gran escala y el control de un sistema centralizado, a través del mercado mayorista y reglas de competencia que permanecen intactas.

Comparar cómo los directivos de las eléctricas descalificaban las renovables durante la última década y lo que dicen ahora al anunciar sus inversiones en fotovoltaica y eólica debería sonrojarles, a ellos y sus voceros; es el mismo discurso de las petroleras que, a la vez que se proclaman campeones de la sostenibilidad, intentan retrasar la transición a las renovables y al vehículo eléctrico.

El mayor interés por la oferta de generación renovable no garantiza que los objetivos de reducir los costes de generación un 18,5% o el recibo de la luz un 12% se cumplan sin políticas más ambiciosas en eficiencia energética, generación distribuida y gestión de la demanda, es decir, autoconsumo, comunidades de renovables, edificios autosuficientes o electrificación de calefacción, refrigeración y transporte. La eficiencia y las pequeñas instalaciones renovables son la única garantía para los objetivos medioambientales y una energía barata.

La reacción más negativa al PNIEC ha venido de los recalcitrantes de siempre. Los que lo descalifican como electoralista o irrealizable, los que aún repiten el mantra de “renovables sí, pero…” para defender la energía nuclear y el gas. Lo tienen difícil ya que “el paraíso renovable” no solo es posible sino real, porque está desarrollándose por todo el mundo.

Las eléctricas, petroleras y fondos de inversión extranjeros se han lanzado a una competición por invertir o comprar grandes instalaciones renovables

REE ha otorgado permisos a más de 44 GW y hay otros 53 GW en tramitación sin primas, por la sencilla razón de que los costes nivelados de la eólica, fotovoltaica y almacenamiento en baterías las ha convertido en las fuentes de energía más baratas. España tiene capacidades sobradas para construir 3.000 MW renovables anuales durante los próximos veinte años.

La previsión del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA) es que el dominio de las renovables en los mercados de la Unión Europea dependerá del aumento de la flexibilidad del sistema eléctrico. La Fundación Europea para el Clima, en su informe “Hacia una energía libre de fósiles en 2050”, declara que la energía 100% libre de combustibles fósiles es posible y que la electrificación inteligente con renovables, almacenamiento y gestión de la demanda permitiría en España una reducción del 70% de la demanda y del 54% de la capacidad de respaldo.

El problema que plantea el PNIEC es que las grandes instalaciones de cientos de megavatios renovables encarecerán los costes del sistema y aumentarán el derroche energético. Por el contrario, solo la energía renovable con generación distribuida, autoconsumo, almacenamiento y aplicaciones inteligentes puede proporcionar los mismos servicios que las centrales de gas a un coste mucho menor.

El reto no es un mix con gas y renovables a gran escala sino renovables próximas a los centros de consumo que aumenten la capacidad de energía flexible en el sistema y asegurar la descarbonización más barata, ahorrando costes e inversiones.


Las 6 condiciones para integrar un 80% de energía renovable en 2030:
• Facilitar objetivos de flexibilidad del sistema no pensando solo en las eléctricas o grandes consumidores sino en los pequeños actores de mayor potencial de energía flexible, como edificios, residencial, terciario, pymes, agricultura, ganadería o la electromovilidad.


• Poner freno a la saturación de las redes provocado por la implantación de grandes plantas de renovables por eléctricas y fondos de inversión extranjeros.


• Desarrollar mercados locales de energía renovable a través de la generación distribuida con autoconsumo y almacenamiento, microrredes, comunidades de energías renovables, participación de corporaciones locales y agregadores, facilitando la integración de renovables en el urbanismo, el transporte y un nuevo perfil de consumidor activo.


• Establecer medidas de transparencia y simplificación administrativa, agilizando la tramitación de las instalaciones renovables sin discriminar a los pequeños proyectos.

• Eliminar las subvenciones al uso y generación con combustibles fósiles.

• Promover los contratos de compra de electricidad renovable y el comercio entre pares de energías renovables para aumentar su uso en la calefacción y refrigeración.

La Agencia Internacional de la Energía ha denunciado que en 2018 el mundo consumió más energía y más sucia. Las empresas cotizadas españolas en 2018 lideraron las mejores prácticas ambientales y, a la vez, aumentaron un 12% sus emisiones.

Algo va mal.


Este artículo se puede leer también en La Oficina de JGB


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