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El autoconsumo en España

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Yo creo que los seres humanos actuales habitantes en el llamado “primer mundo” no somos conscientes de lo que aporta a nuestra forma de vida, cómoda y confortable, las formas energéticas de las que disponemos, prácticamente sin límites y a precios que –digan lo que digan- son muy asequibles. La prueba de que no son tan caras es que se derrochan por doquier. Pero el objetivo de este artículo es ver si nos aclaramos con el mal llamado “autoconsumo”.
El autoconsumo en España

En primer lugar hay que entender que lo que puede ser “auto” es la generación (el consumo siempre es auto; cada cual consume lo que quiere), es decir que una persona o grupo de personas generen la electricidad (o la luz, el calor o el frío) que necesiten por sí mismos, en su entorno vivencial (casa, hotel, hospital, comercio, industria, etc.).

En segundo lugar hay que dejar claro, también, que un ciudadano español puede generar electricidad, calor, frio y aprovechar la luz natural sin pagar nada a nadie. Con instalaciones aisladas de la red eléctrica general en el caso de la electricidad y con instalaciones de energía térmica solar o de biomasa. Por supuesto la luz natural procedente del sol es gratis siempre; solo hay que aprovecharla convenientemente en los edificios bien diseñados desde ese punto de vista. Por otro lado, si los edificios incorporan criterios de arquitectura bioclimática consiguen niveles de confort adecuados tanto en invierno como en verano. Todo eso solo hay que proponérselo y hacerlo realidad correctamente.

Pero vayamos ya a lo que casi todo el mundo –menos yo- llama autoconsumo. Básicamente consiste en producir la electricidad que se consume en el propio lugar donde se vive o trabaja. Normalmente consiste en una instalación fotovoltaica conectada a la red eléctrica general en el interior de la propia vivienda, industria o negocio.

Pues bien, la Comisión Europea impulsa este tipo de abastecimiento eléctrico y cada estado de la Unión tiene la obligación de legislar para que esto sea posible y razonablemente económico. En España esa regulación se hace a través del Real Decreto 900/2015. Ese RD no solo permite el autoconsumo sino que lo regula minuciosamente (incluso demasiado y ese es uno de los problemas). Lamentablemente, ante las dificultades que ese RD impone (algunas razonables y otras no tanto) el sector de la fotovoltaica y los medios de comunicación en general han inventado el concepto de “impuesto al sol” cuando realmente eso no es cierto.

Rotundamente, no existe ningún impuesto por utilizar la radiación solar; lo que si hay son condiciones para su uso en determinadas instalaciones eléctricas. Y, lo más importante en el lado negativo es que no facilitan la rentabilidad de las instalaciones impidiendo el llamado “balance neto” (net mettering) que si existe en otros países de la UE. Siempre ponemos como ejemplo a nuestro vecino Portugal pero tampoco ahí existe el balance neto aunque sí condiciones más favorables que en España.

Pasemos ahora a explicar cómo funciona una instalación de autoconsumo y qué hay que hacer para obtener de ella el máximo beneficio.

Hay que partir de que los consumidores utilizan la electricidad cuando les parece bien; es decir, ponen en marcha los equipos cuando les viene bien o les apetece, sea de día o de noche. Y una instalación fotovoltaica –obviamente- solo produce electricidad cuando incide la radiación solar sobre ella, o sea, de día. Y produce más o menos electricidad en función de la intensidad de la radiación y del tamaño de su instalación.

Pues bien, lo primero de todo es entender que se aprovechará mejor la instalación fotovoltaica cuando los equipos de consumo funcionen a las horas de mayor radiación. Probablemente eso implica cambiar costumbres y, sobre todo, estudiar el sistema de la vivienda o negocio y adaptarse a nuevas circunstancias. Eso puede no ser fácil porque hay muchos consumidores que están habituados a buscar la llamada tarifa nocturna y no están en su casa a las horas de trabajo, normalmente coincidentes con el día. En cualquier caso, hay dispositivos sencillos y baratos (programadores) que permiten programar el funcionamiento de los equipos.

La otra cuestión que se plantearan los posibles clientes de una instalación de este tipo es la siguiente: ¿Qué hago si mi instalación no produce toda la electricidad que necesito en un momento dado? Y, al revés, ¿qué hago si mi instalación produce más electricidad de la que necesito? A la primera cuestión la respuesta es muy sencilla aunque está surgiendo una variante que luego comentaré. La respuesta sencilla es tomar electricidad de la red sin más y, obviamente esa electricidad se la factura la compañía comercializadora a final de mes.

En el caso de que produzca más de lo necesario hay dos opciones: inyectarla en la red general –gratuitamente, eso si- o bien consumirla en un dispositivo adecuado; puede, incluso emplearla para cargar unas baterías con las que puede abastecerse a horas de mayor consumo e, incluso, cuando no haya radiación solar. Esa es la variante a la que me refería antes. De esa manera no tiene que “regalar” electricidad a la red. Pero hay un problema que ahora explico.

Las baterías cuestan bastante dinero y tienen una durabilidad limitada (del orden de 12 años). Por supuesto mientras más autonomía se quiera mayores deben ser las baterías y más caras. Y todo eso por no facilitar el balance neto y, por tanto, el intercambio libre con la red. Personalmente no soy partidario de esta solución; creo que es más limpia y ambientalmente mucho mejor regalarle esa electricidad a la red general ya que esa electricidad que se le regala a la red es menos electricidad que hay que generar con otros medios, incluidos los contaminantes.

En eso si que en Portugal lo hacen mucho mejor. Allí el sistema le paga al productor un 90% del precio de mercado, es decir, del orden de 45 €/MWh. Lo que está muy claro es que toda la electricidad que consuma directamente de su instalación fotovoltaica es como si se la pagaran a lo que le cuesta en el recibo de la compañía comercializadora, es decir, del orden de 200 €/MWh. Con una cosa y la otra el consumidor que tiene una instalación de autogeneración puede amortizarla en un tiempo razonable que depende de la gestión que haga de ella.

Terminemos resumiendo: una instalación de autoconsumo se puede hacer en España, no tiene ningún impuesto al sol y es rentable en función de la calidad de la instalación, de lo bien realizada que esté y de que el usuario se adapte a una nueva mentalidad de consumo, contraria a la que nos han imbuido de mayor consumo por la noche por el menor precio de la electricidad en las “horas valle”.

De todas formas esperamos que se pueda aplicar la ley que los partidos de la oposición han aprobado en el Congreso de los Diputados –“Ley para el Fomento del Autoconsumo de Eléctrico”– y que el gobierno con el apoyo de Ciudadanos se ha encargado de paralizar. Por ahora; porque supongo y espero que en la próxima legislatura nadie podrá parar la historia. Amén de que la Unión Europea les obligue, algo que ocurrirá según he oído a algún miembro de la Comisión.

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