ernesto macías

La Hora del Planeta y Félix Rodríguez de la Fuente

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En estos días tan increíblemente complicados debido a la pandemia del COVID19, que se está cebando de forma especialmente dolorosa con nuestro país, se hace difícil escribir sobre la necesidad de seguir con esta peculiar iniciativa promovida por World Wildlife Fund, desde el 31 de marzo de 2007.

Hace 13 años, las cosas eran muy diferentes, pero la lucha contra el cambio climático como forma de preservar las condiciones de vida para nuestra especie y todas con las que convivimos ya estaba comenzando a tener un eco en la sociedad.

Sin embargo, esa lucha había empezado muchos años atrás. En 1961 se fundó WWF, traducido actualmente al español como Fondo Mundial para la Naturaleza, aunque en realidad se refería a la “Fauna salvaje” (Wildlife).

Y es aquí donde comienza mi breve historia con el gran protagonista y precursor español de esta lucha inacabable: Felix Rodríguez de la Fuente.

Él fundó ADENA en España en 1968: la Asociación para la Defensa de la Naturaleza, vinculada desde el principio a WWF, y desde la cual Félix lanzó innumerables iniciativas dirigidas a toda la sociedad. Muy pocos comunicadores han llegado a tanta gente y de forma tan didáctica, intensa y emocional.
A mí me llegó muy pronto. Siendo un niño, el 6 de marzo de 1971 me uní al “Club de los Linces”, una especie de “sección infantil y juvenil de ADENA. Aún conservo mi primer carnet firmado de puño y letra por Félix.

Desde entonces mi interés por los animales y la naturaleza en general se ha mantenido toda la vida, al igual que la preocupación que también Felix transmitió, ya hace 50 años por la degradación galopante de nuestro planeta. ¡A finales de los años 60! ¡Qué diría ahora el inolvidable Félix!

Emociona ver sus videos, todavía en blanco y negro, en los que denunciaba el tremendo comportamiento de la humanidad, con nuestras emisiones nocivas, nuestras basuras y el abuso de los plásticos y diagnosticaba el principal problema: la ignorancia. Esta ignorancia, a pesar de los enormes avances del conocimiento científico, sigue siendo el gran lastre de la humanidad para tomar medidas drásticas en la defensa de la naturaleza. Una naturaleza que, desde hace muchas generaciones, hemos considerado propia, como deja patente el presidente de Brasil, Bolsonaro, y con derecho a destruirla con cualquier justificación.

El carnet del Club de los Linces tenía un decálogo al que le llamaba Código de Honor. En él comprometía al buen comportamiento de los chicos hacia la naturaleza y los animales, en general, y había un punto, el octavo, que decía: Enriquece, a ser posible, el patrimonio natural que heredaste de tus mayores. Esto no lo he podido cumplir, ni lo podremos cumplir. Cuando deje este mundo estaré en deuda con mis mayores y, lo que es peor, con mis descendientes.

Gestos como la Hora del Planeta están bien, pero yo quiero aprovechar para recomendaros encarecidamente que mantengáis esa actitud todos los días y a todas horas.

La pandemia que tanto daño nos va ocasionar no es una “venganza” del planeta por “nuestro mal comportamiento”. Eso lo dejamos para los guionistas de películas distópicas. Al planeta le da igual. Pero a la vida, tal y cómo la entendemos, a sus habitantes, la flora y la fauna, en absoluto.

Quizás lo que debería venir cuando superemos esta enorme crisis es una gran reflexión hacia cómo debemos seguir creciendo como especie. Porque como hasta ahora, no. Ya lo decía Felix Rodríguez de la Fuente.

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