ernesto macías

El mundo está loco, loco, loco

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En el año 1963 se estrenó una divertida película de Stanley Kramer, en la que aparecían desde un joven Jerry Lewis a Buster Keaton, ya mayor. Curiosamente me acuerdo perfectamente, no tanto de la película como de mi infantil reflexión acerca del título de la película con mis apenas siete u ocho años. No acababa de relacionar el término “loco” con las cosas que pasaban en la película. Claro que entonces tampoco entendía porqué los curas nos decían que había que vencer al mundo, al demonio y a la carne. Especialmente a la carne, ¡con lo que me gustaban las albóndigas! Y lo del mundo, ¡Uf! Decían que pasaban cosas muy malas en el extranjero. Pero no veía claro porqué habría que vencer al “Mundo”. Lo único que no me generaba dudas es que había que vencer al demonio. En aquella época el demonio tenía para mí una imagen muy clara y tradicional. Muy de película.

Ahora de mayor, ese demonio se ha convertido en muchos diferentes tipos de demonios. Unos, tremendamente malvados, como los que hace unos días convirtieron en un infierno el aeropuerto de Estambul. Los que viajamos mucho por motivos de
trabajo supongo que desarrollamos una sensibilidad especial cuando pasan cosas terribles en sitios en los que habitualmente pasamos horas apacibles y agradables, como en este aeropuerto. O el de Bruselas.

Esta sacudida quizás me ha afectado más porque ha sucedido en una semana en la que otro tipo de demonios, de guante blanco, han convencido a la población británica para salir de la Unión Europea. Mintiendo sin pudor. Si bien el Reino Unido nunca ha estado del todo dentro, las consecuencias de esta manipulación informativa que ha convencido a los más viejos saca de esta unión a los más jóvenes, a los que de alguna forma les roban un futuro mejor. Al menos desde mi punto de vista. Porque he viajado y trabajado muchos años en la Europa “anterior”. Y era mucho peor. Lo de Cameron y su referéndum es algo que pasará a la historia de los desatinos.

Y para colmo, en esa misma semana se ha materializado en nuestro país lo que a muchos nos deja en un estado de perplejidad: el avance arrollador de un partido que ha mostrado, sin pudor, enormes contradicciones, por no decir desfachatez, en algo tan sensible y que tanto daño ha hecho a España como es la corrupción.

¿No es de locos? Lo cierto es que el panorama global de la política, no sólo a escala nacional, nos muestra un panorama desolador.

Lo más tremendo, lo que es de locos, es que con la manipulación sistemática y una avanzada tecnología de la praxis demagógica, los ciudadanos más volubles, con su apoyo, ayudan a establecer las políticas que acaban perjudicando a la mayoría.

El mundo está más que loco. ¡Cuánto demonio anda suelto!

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