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Pedro Prieto, miembro del panel internacional de la Assoc. for the Study of Peak Oil and Gas
“Proyectos como Desertec no son la solución”

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La Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (Aeren) representa en España desde 2006 a la Association for the Study of Peak Oil and Gas (ASPO), una red de organizaciones presente en más de veinte países de todo el mundo dedicada al estudio del cénit del petróleo, es decir, ese momento en el que la industria alcanzará su máxima cota de producción, momento en el que comenzará la cuenta atrás. Pedro Prieto es su vicepresidente.

Autor: Toby Price

Vicepresidente y cofundador de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (Aeren) y miembro del panel internacional de la Association for the Study of Peak Oil and Gas (ASPO), Pedro Prieto (Madrid, 1950) ha trabajado en el sector de las telecomunicaciones desde 1972. Así, ha ocupado cargos de diversa relevancia en los laboratorios de Investigación de Standard Eléctrica-ITT; fue director de un proyecto para la automatización de la red de telecomunicación iraquí entre 1979 y 1981; responsable comercial en varios países de América Latina entre 1981 y 1984; y director de Desarrollo Corporativo para China e India. En 1986, Prieto fue nombrado director de Exportación de una empresa pública dedicada a la producción de equipos profesionales de televisión y, en 1988, se incorporó a Alcatel como director comercial para Europa Central y del Este y el Sureste Asiático. Fue nombrado director comercial y de Marketing en Polonia en 1989, desde donde dirigió la transformación del sector de telecomunicaciones polaco, estableciendo joint ventures en el país, hasta 1993. Cubrió posteriormente el puesto de director comercial para Latinoamérica y, finalmente, fue nombrado vicepresidente de la división de radiocomunicaciones de la corporación). En la actualidad trabaja como director de desarrollo de energías alternativas en una empresa española. Además, Prieto es también miembro de Científicos por el Medio Ambiente (CiMA).
 
¿Qué es lo que más te preocupa de la situación energética mundial?
Pues que estamos en la inminencia de la llegada al cénit o pico o tope máximo de la producción mundial de petróleo, momento a partir del cual, el aporte de este combustible vital para la Humanidad será menor a cada año que pase. Y poco después, del gas natural. Y cuando digo inminente, no es importante si se trata de ya mismo o un hito sobrepasado hace un año o dos para el petróleo convencional y si se trata de uno o dos años o una o dos décadas para la producción mundial de todos los tipos de petróleo, convencional y no convencional, además de otros líquidos combustibles, como los líquidos que se obtienen del gas natural o de los biocombustibles. Sea ya mismo, como augura la Association for the Study of Peak Oil and Gas (ASPO) o sea en un par de décadas, como augura el que hasta ahora es uno de los más reputados y optimistas de los organismos, la Agencia Internacional de la Energía (AIE)
Este aspecto es de una importancia tal para la Humanidad que puede oscurecer y hacer palidecer las preocupaciones sobre el cambio climático y el calentamiento global. No hay sustitutos energéticos posibles o previsibles para el petróleo y el gas natural en la medida de los niveles actuales de consumo de la sociedad humana y a los previsibles ritmos de declive de estas energías tan fundamentales. Y mucho menos para hacer posible el crecimiento que siempre se ha dado como premisa indispensable de una sociedad capitalista.
Lo curioso es que a los ciudadanos se nos hurta este debate y, a veces, hasta da la impresión de que el interés actual y la toma en consideración del problema del calentamiento global hasta por las más reacias y reaccionarias instituciones es una distracción programada para decir lo mismo (que de cualquier manera, vamos a tener que quemar menos combustibles fósiles), pero de una forma aparentemente más asimilable.

Hace poco leí una entrevista en la que decías que los productores de energías renovables “adolecen de falta de realismo” porque “no prevén el coste energético real y el coste del aporte de materia prima” necesario para desarrollar sus proyectos. ¿Cómo podemos asegurar que los proyectos renovables tengan un impacto verdaderamente positivo sobre nuestro consumo energético? ¿Habría que introducir un sistema de auditoría de proyectos basado en la Tasa de Retorno Energético, por ejemplo?
Ignorar el coste energético de poner a disposición de la sociedad una fuente de energía o analizar esto a conveniencia es uno de los problemas que tiene el sector de las energías renovables. No podemos concluir con facilidad y de forma simplista que las renovables podrán hacerse cargo de reemplazar a los combustibles fósiles, en tiempo y forma, a medida de que estos comiencen a declinar. La crítica que hago a muchos defensores de las modernas energías renovables se fundamenta en que presuponen, casi siempre y de forma muy superficial, que estas energías van a poder reemplazar a las fósiles en volumen y a tiempo para seguir la senda del crecimiento.
Pongo un ejemplo: la energía primaria que consumimos hoy en el mundo por todos los conceptos es no renovable, proviene, en un 80%, de la tercera dimensión, de las profundidades de la Tierra, de la litosfera, y está obviamente sujeta al agotamiento. Dos de las cuatro fuentes (petróleo y gas) se encuentran muy cerca de sus límites máximos de extracción y posterior declive, mientras que las otras dos (carbón y uranio) están también a pocas décadas de su cénit mundial de producción. El 20% restante de la energía primaria procede de la biosfera. De ello, un 13-14% es la biomasa. Pero esta extracción, este nivel altísimo de transformación de la biomasa ya nos ha costado la mitad de los bosques del planeta, y seguimos a un ritmo de destrucción anual neto de los bosques de cerca del 1% anual, así como agotando muchas tierras. Hay otro 5% de nuestro consumo de energía primaria, llamado renovable, que proviene de la energía hidroeléctrica. Entre esto y los embalses para regadío ya se ha tenido que ocupar el 25% de las grandes cuencas fluviales en el mundo.
Los cultivos ocupan el 12% de la superficie completa de los continentes. Y las modernas renovables, apenas aparecen en el mapa de la energía primaria mundial; no llegan al 1% de la energía primaria mundial. Pensar que se puede extraer el 99% más que ahora con aerogeneradores o sistemas solares, sean fotovoltaicos o termoeléctricos o solares térmicos, en un par de décadas o tres y todo ello de la biosfera, es poco realista. Pensar que podemos reemplazar el 80% de la energía no renovable que consumimos ahora de la litosfera y extraerla de la ya muy maltratada biosfera y seguir aumentando nuestros consumos sin cesar es poco realista y, menos aún, sostenible. La biosfera dispone de mucha energía, pero la entrega de forma dispersa y uniforme y a ritmos lentos. Y nosotros hemos construido una civilización con una necesidad gigantesca no ya de energía, sino de una intensidad energética y una seguridad de flujo energético que la biosfera no nos puede entregar. Por ello, no entiendo cómo hay tantos “expertos” que simplemente toman el potencial teórico y dan un porcentaje de él como perfectamente transformable sin mayores complicaciones.
Hoy consumimos 12.000 millones de toneladas de petróleo equivalente al año, de las que cerca de 10.000 son de energía fósil, no renovable, sujeta al agotamiento y cercana a su nivel de producción máxima. La energía fósil ha proporcionado un rendimiento neto que el resto de las energías llamadas renovables no proporcionan. Se entiende por rendimiento neto o Tasa de Retorno Energético (TRE) la cantidad que efectivamente queda disponible para su consumo neto en la sociedad, después de haber descontado la energía que costó buscarla, encontrarla, extraerla, procesarla, refinarla, transportarla y distribuirla.
El petróleo tuvo TREs de 100 (esto es, con un barril de energía de coste, se podían poner a disposición de la sociedad unos 100 barriles) en los yacimientos de petróleo dulce, superficiales, con presión, gigantes y cercanos a los puntos de consumo en los años 30 en Estados Unidos.
Hoy, el petróleo tiene rendimientos netos (TRE’s) mucho menores en Estados Unidos; de entre 5 y 20. Cuando una TRE de un yacimiento se va acercando a uno, el yacimiento se cierra, por una razón puramente física y geológica, aunque el petróleo cueste a 10.000 dólares el barril. Esto es algo que muchos economistas (y no pocos ingenieros reconvertidos en economistas de circunstancias; lo que algunos damos en llamar economicistas o economistas de la Tierra plana) no logran entender, porque consideran la energía como un bien más, sujeto a las reglas de la economía de mercado. Pero la energía es algo más, es el requisito previo para que se puedan dar los demás bienes.
Estudiar este rendimiento neto es esencial para entender la posible utilidad real de una fuente de energía. Nuestra sociedad moderna, de muy alta movilidad, exige fuentes de energía de muy alta disponibilidad y una TRE lo más alta posible y con flujos o aportes gigantescos y constantes. Esto es lo que me temo no se está abordando con la suficiente profundidad y seriedad en las modernas energías renovables, a pesar del aluvión reciente de estudios, generalmente de parte e interesados, sobre valoraciones de los llamados ciclos de vida útil [Life Cycle Assessments] y los periodos de retorno energéticos (energy paybacks) de los modernos sistemas llamados renovables, especialmente la energía eólica y la solar fotovoltaica. Estos sistemas, teóricamente verdes y limpios o “sin emisiones”, en realidad están totalmente apuntalados en una sociedad fósil, recibiendo subvenciones de una sociedad fósil y tienen muchos más costes energéticos ocultos en sus LCAs que los que generalmente se admiten.
Sería muy interesante poder demostrar que estas energías puedan ser suficientes y autosostenidas, por ejemplo, en un sistema cerrado determinado de un nivel crítico mínimo, y que demostrasen que son capaces de aportar energía neta a la sociedad y además generar la necesaria para la fabricación, transporte, montaje y operación y mantenimiento de sus propios sistemas, desde el principio al fin. Y que no recibiesen subvenciones, primas, exenciones fiscales o ayudas de la sociedad fósil por ello.

El año pasado fue un año de plusmarca para las energías renovables en todo el mundo. La crisis económica mundial incluso ayudó al sector, ya que muchos gobiernos destinaron millones de euros o dólares a promover las renovables para crear empleo. ¿Crees que estamos mejor posicionados ahora para enfrentar el cénit del petróleo gracias a este salto que ha dado la industria de energías renovables?
La capacidad récord que mencionas de renovables modernas en 2009 apenas supone un 0,12% del consumo mundial de electricidad en 2008, que fue de unos 20.000 TWh. Lo instalado en renovables modernas en 2009 apenas fue un 8% del aumento del consumo de energía eléctrica entre 2007 y 2008 en el mundo.
Como se puede ver, el carro del consumo mundial, basado en combustibles fósiles, va entre 10 y 300 veces más rápido que los caballos de las renovables modernas. No es para tirar cohetes, precisamente. Este récord no es sino una gota en el océano del consumo fósil, porque estas cifras, si se llevan al consumo de energía primaria, todavía son mucho menos importantes.
Otra forma de verlo es analizar este progreso frente al previsible agotamiento de las fuentes principales de energía.
Si el petróleo llegase efectivamente a su cénit y su producción comenzase a declinar como ha mencionado el economista jefe de la AIE, Fatih Birol, a un ritmo de un 6,7% anual, que es como está decayendo de rápido la producción de más de los 200 principales yacimientos grandes maduros en el mundo, los 3.900 millones de toneladas que se consumen al año caerían el primer año post cénit unos 260 millones de toneladas de petróleo.
Esto sucedería sólo el primer año con posterioridad al final de la meseta ondulada de producción que tenemos desde el 2005 que ahora tenemos, que evita esta tasa de caída general tan abrumadora, debido a una esforzadísima aportación adicional de biocombustibles, que suman 1,8 millones de barriles diarios y a la aportación del gas natural, del que se están licuando unos 8,2 millones de barriles diarios, que sumar a los 74 millones de barriles diarios de petróleo, convencional y no convencional.
Este hueco energético exigiría para rellenarlo, si es que la electricidad pudiese suplir todas las funciones que hoy se pueden prestar con este combustible, entre unos 1.000 y unos 3.000 TWh, según las aplicaciones y usos y sin considerar la enorme cantidad de energía que habría que destinar a cambiar las infraestructuras para adaptarlas a la nueva forma energética.
En otras palabras, un solo año de caída del petróleo exigiría instalar unas 10 veces en ese sólo año toda las energías renovables modernas instaladas en todo el mundo hasta la fecha. Y a partir de ahí, cada año, una caída de magnitud similar, exigiría más instalaciones, que habría que construir teniendo en cuenta que ahora esas producciones, instalaciones y transportes se hacen con un petróleo que en esa situación sería menguante a cada año que pasase. Este es el gigantesco reto doble (muchísimas más construcciones de energías renovables modernas con cada vez menos petróleo) que hay que enfrentar.
En cuanto a que la crisis económica mundial ha ayudado y potenciado a las energías renovables, eso está por ver. En el caso concreto de España, el parón ha sido de instalar 2.500 MW solares en 2008 a instalar menos de 100 MW en 2009. Y con visos de que no volverá a alcanzarse jamás ese nivel de nuevo.
La eólica parece estar también viendo un horizonte de techo en los 26.000 MW, que representarían apenas el 16% del consumo eléctrico español actual, si no se sigue desplomando por la crisis económica, por mucho que la industria siga insistiendo en que se podría y debería llegar a los 40.000 MW de potencia instalada, que por otra parte, alcanzarían, en el país con mayor penetración mundial, después de Dinamarca, que parece estar también en su techo, un 26% de la energía eléctrica.
Muchos pueden pensar que eso ya es mucho y será ver ciertamente un vaso bastante lleno, pero un vaso de pequeño licor en la taberna española. El mundo y la energía primaria, cuyas fuentes fósiles que están llegando a su cénit, exigen otra visión menos optimista y más realista, más en el contexto de las necesidades reales del mundo actual.
La crisis económica, que algunos creemos se enraíza en esta llegada inminente al cénit del petróleo y la imposibilidad de seguir creciendo como estábamos acostumbrados, está demostrando la enorme influencia que tiene la sociedad fósil en el apuntalamiento de las energías renovables, muy dependientes de las fósiles, de las que no parece se vayan a poder desprender.

2009 también fue el año inaugural de IRENA (International Renewable Energy Agency). ¿Crees que esta agencia va a desempeñar un papel importante en resolver los problemas energéticos actuales?
Por lo antes comentado y por el enfoque de IRENA, tengo serias dudas. El hecho de que esta agencia haya colocado su sede en Abu Dhabi, país eminentemente petrolífero del golfo Pérsico y no en los países que han impulsado con más decisión las energías renovables, dice ya mucho de la componente política que envenena toda decisión que se quiere sensata y se debería haber tomado con criterios científicos fundamentados y no por intereses comerciales y de ganancia y lucro. Las presiones comerciales por llevarse el agua energética al molino particular son enormes y eso restará eficacia al exigible sosiego que va a requerir la resolución sensata de los problemas energéticos actuales y futuros.
El circo que se ha montado alrededor de Masdar, en Abu Dhabi, la llamada “ciudad verde” o la “ciudad sostenible” o la “ciudad cero emisiones de CO2” o la “ciudad sin desechos”, también dice mucho de la orientación falaz de este asunto y es un fiel reflejo del engaño con que se presentan tantas veces las modernas energías renovables. Masdar, la quintaesencia del verdor ecológico, está siendo sólo posible en un pequeño país, sin otro recurso que el petróleo en el que nada y el gas con que respira y por tanto, en recursos financieros de origen netamente fósil, que son los que han apuntalado, de forma verde, eso si, la ciudad “sin emisiones”.
Si se analizan las instalaciones mundiales de las modernas renovables, más del 90% de las mismas se localizan en países que han subsidiado, primado u ofrecido ventajas fiscales e impositivas a estas energías y que todavía siguen haciéndolo, años después de haber empezado unos programas que se suponían limitados en tiempo y con el sólo objetivo de hacer esos sistemas “competitivos” con otras fuentes de energía.
Son países generalmente muy desarrollados, muy apalancados en consumos de origen fósil y que se pueden permitir emplear los excedentes financieros estatales en estos programas. Excedentes financieros que representan al mismo tiempo un fácil acceso a los masivos recursos energéticos fósiles que les han colocado en esta privilegiada posición. El resto, con todos los respetos a los que no tienen estos recursos excedentarios, sigue siendo un erial.

¿Qué tenemos que hacer en términos de ahorro energético y eficiencia y en el desarrollo de energías renovables para rellenar el hueco que van a dejar las energías fósiles?
Anteriormente he puesto en contexto el volumen de energía que previsiblemente vamos de dejar de tener, en forma de cascada o caída de escalera, a cada año que transcurra, una vez superado el cénit de la producción mundial de petróleo y luego de gas natural en el mundo. También he puesto en contexto el nivel de instalaciones actual, que ya parece estar cansando a muchos presupuestos de entidades públicas y estatales en los países que habían hecho más esfuerzos por desarrollar estas energías.
El ahorro energético y la mejora de la eficiencia deberían cubrir el resto del hueco que no puedan cubrir las renovables, que son sistemas, no lo olvidemos que hay que reemplazar e instalar de nuevo cada dos o tres décadas.
El ahorro energético va a tener que pasar, a mi juicio, no sólo por la aplicación de más tecnología, sino también y sobre todo, por cambios radicales (permíteme subrayar lo de radicales) de los modelos sociales de comportamiento humano, hoy muy consumistas, y basados en políticas de crecimiento continuo y que exigen cada vez más capital, para el pago de intereses, además del principal, en el sistema financiero; un sistema financiero insaciable, que no quiere límites a sus tasas de acumulación de capital, que en el fondo es o debería representar recursos, bienes materiales y servicios medibles y efectivamente realizados

Imagina que fueras el presidente de turno de la Unión Europea este año. ¿Cuáles serían tus tres principales objetivos relacionados con el sector energético?
Buena pregunta, pero permíteme que esta vez me salga de un contexto que no encaja. Un presidente de turno de una organización supraestatal, incluso aunque sea tan poderosa como la Unión Europea, no creo que en seis meses que le dura el turno de mandato y con un poder tan limitado sobre las políticas soberanas de las naciones que lo componen, pueda hacer mucho por cambiar el sector energético.
Pero ya puestos, lo primero que haría sería tocar la campana a rebato y hacer una propuesta a los ciudadanos mucho más cruel, pero como mínimo tan necesaria y más vital que la que Churchill lanzó a sus compatriotas cuando les pidió enfrentar a Alemania con “sangre, sudor y lágrimas”. Pero, esta vez, sin el carácter coyuntural de la Segunda Guerra Mundial (ganamos y luego volverán los buenos tiempos), sino de forma mucho más profunda, duradera y estructural.
Esta vez es algo incluso más dramático: es hacer ver a los ciudadanos, acostumbrados, sobre todo en la UE a décadas de una vida oronda, confortable, con seguridad y con elevadas ventajas sociales, que ese nivel de vida existe porque hay una abundancia enorme de energía barata, accesible y muy versátil, concentrada y concentrable y que esa energía va a empezar pronto a ir dejando de estar disponible.
Que las energías renovables muy posiblemente no puedan reemplazar esas otras fuentes en el volumen, en el tiempo y con la energía neta suficiente. Que hay que empezar a pensar, lógicamente empezando por los que más disfrutan de esos grandes niveles energéticos, en reducir los consumos y que eso va a llevar a cambios radicales en las Constituciones actualmente existentes; en las formas de acumular capital y hacerlo circular.
Que habrá que reducir drásticamente y lo más ordenadamente posible la movilidad, que habrá que empezar a organizar la producción de bienes y prestación de servicios lo más cerca posible a los lugares de consumo; que hay que virar a las sociedades mucho más a la producción de alimentos y a la obtención y gestión adecuada del agua, por los medios más naturales posibles (agua dulce por gravedad si es posible, intentando evitar, en lo posible, el bombeo, la desalación, los trasvases, etcétera); más sector primario y mucho menos sector terciario (turismo y aviación civil, servicios financieros, publicidad, marketing, etcétera, etc.) y menos sector secundario, que debería centrarse mucho más en las necesidades reales (needs) que en los deseos superfluos (wants). En fin, todo un giro copernicano que seguramente dejará a muchos muy asustados y a otros muchos pensando que soy un apocalíptico.

Energía nuclear, ¿sí o no?
Desde luego que no. De nuevo volvamos al contexto. Las aproximadamente 440 centrales nucleares hoy en funcionamiento. Apenas generan el 5-6% de la energía primaria mundial y el 15% de la energía eléctrica mundial. Las previsiones de cerca del medio centenar de centrales nucleares adicionales en diferentes fases de construcción y de las cerca de 200 que los apologistas colocan ya en los planos, no resolverían, ni por un momento, las necesidades futuras de energía que la humanidad va a demandar en cuanto el petróleo y el gas comiencen su inevitable e inexorable declive en una, dos o tres décadas.
El hueco que dejaría el petróleo, en un solo año de caída de su producción, según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (como hemos visto antes, unos 260 millones de toneladas de petróleo equivalente, MTpes), tendría que rellenarse con unas 200 nuevas centrales nucleares de 1 GW de potencia. Considerando que, además, habría que adaptar también una enorme cantidad de infraestructuras. Y las centrales nucleares exigen aproximadamente unos diez años desde que se planifican y se contratan hasta que empiezan a funcionar. No hay tanto tiempo.
Pero, además, es que esa construcción aceleraría todavía más el consumo masivo de la energía fósil que estas centrales exigen para su construcción. Marcel Coderch ha calculado que para un plan de construcción de pocos miles de nuevas centrales nucleares, la energía invertida en su creación (principalmente fósil, por supuesto), no se recuperaría hasta unos 50 años después de que empezasen a entrar en operación. No hay tiempo y se aceleraría el agotamiento de la energía que hay.
Por si fuese poco, las propias agencias nucleares admiten que hay reservas probadas de uranio, de una ley mínimamente satisfactoria, para como mucho cien años al nivel de consumo de las 440 centrales actuales.
Claro que hay mucho más uranio en la naturaleza, pero su grado de riqueza mineral en estos yacimientos es cada vez mucho menor y, consecuentemente, la energía para extraerlo de estos yacimientos mucho más pobres y de mucha menor ley, costará más, mucha más energía… fósil, que, desde luego, no existirá en los plazos previstos y para los volúmenes exigidos, cuando las cosas se colocan en contexto
Esto, además de que la energía nuclear está todavía más apuntalada que las modernas energías renovables en la sociedad fósil y que sólo funciona si la sociedad que consume energía fósil, barata, abundante, accesible, versátil y concentrada, funciona como un reloj.
Los demás problemas de residuos intratables, que es hacia donde se ha desviado ahora el falso debate nuclear, o los gravísimos e incontrolables problemas del terrorismo o posibles guerras y de seguridad, son de una magnitud abrumadora.
¿Quién puede ofrecer seguridad absoluta de que no va a recibir un ataque sobre una central o un depósito de residuos de muy alta actividad y muy larga vida media radiactiva en los cientos de miles de años en que ese material disperso puede representar un problema horroroso de supervivencia no sólo para el pueblo que lo aloja, sino para toda la comarca, para todo el país y hasta para todo el mundo?

El hidrógeno, ¿tiene futuro como vector energético?
Lo podría tener, aunque con el hidrógeno, dado que es precisamente un vector y no una fuente de energía, sino más bien un sumidero de energía, la pregunta más procedente debería ser: ¿cuál va a ser la fuente de energía o energías con las que el hidrógeno se va a disociar de las moléculas a las que siempre va asociado, ya que no se encuentra libre en la naturaleza?
Eso, y la tremenda realidad del hidrógeno: es un gas poco denso, desde el punto de vista energético y exige compresiones enormes en forma de gas o licuarse a temperaturas extremadamente bajas, para dotar a la movilidad del transporte de cierto sentido. O estar consumiendo energía permanentemente para mantener el depósito de hidrógeno licuado a esas temperaturas tan bajas (menos de 250ºC bajo cero) frente al ambiente.
El hidrógeno tiene además la molesta y muy costosa propiedad de escaparse a través de virtualmente cualquier tipo de confinamiento o depósito en el que se le deposite. No en vano es el elemento más ligero del universo. Y se escapa de los sistemas en los que se intenta albergarlo a ritmos que pueden llegar hasta el 1% diario.
Esto hace que no sea muy recomendable dejar un coche con el depósito lleno de hidrógeno en el garaje e irse un mes de vacaciones, porque a la vuelta se lo puede uno encontrar casi vacío. Esto supone un problema gigantesco, porque la energía fósil (petróleo o gas) que ahora se almacena con mucha facilidad en gigantescos depósitos durante largos periodos de tiempo como reservas estratégicas y para facilitar la logística de una nación o una región, con hidrógeno será muy difícil de gestionar.
Además y por si fuera poco, el hidrógeno es un elemento enormemente reactivo y se asocia con muchos elementos, especialmente los metales, formando hidruros. A los metales generalmente los deja quebradizos en poco tiempo. Como, además, la red de gasoductos mundial actual no se puede reutilizar para el hidrógeno, por la diferente densidad y propiedades del hidrógeno y hasta las condiciones de las soldaduras de los tubos, con las que el hidrógeno reaccionaría especialmente, habría que crear de nuevo una inmensa red de transporte y distribución a partir de cero. No, no lo veo como vector, salvo para aplicaciones muy específicas, como las de la lanzadera espacial  o similares o para la industria química.

Desertec… la Red Eléctrica Marina del Mar del Norte… ¿Son la solución a nuestros problemas energéticos estos macro proyectos, o deberíamos enfocarnos mucho más en redes distribuidas y consumo localizado?
No, no creo que sean solución alguna para la solución de un problema energético a escala mundial. Los proyectos más ambiciosos, como Desertec, apenas serían un 20 ó un 30% del total de la energía eléctrica europea y la de los países de la cuenca mediterránea, en el mejor de los casos. El Plan Solar Mediterráneo de Sarkozy apenas sería un 2-3% de la electricidad de los países implicados. El volumen de materiales y las inversiones energéticas iniciales serían gigantescas. La seguridad energética, muy complicada, por las enormes diferencias de nivel de vida entre los países que aportan los derechos de superficie y los que aportan la tecnología y que pretenden simplemente consumir lo que se produzca en el norte de África, sin aspirar a igualar niveles de vida con más justicia social.
En estas condiciones de graves agravios comparativos, la seguridad de suministro energético (apenas eléctrico y no de toda la energía primaria) para la rica Europa, estaría tan comprometida como lo está ahora respecto de los suministros fósiles, que, en parte, llegan también de ese origen. Se cambian gasoductos, tan vulnerables, y puertos de licuefacción de gas y de carga de petroleros, por cables de muy alta tensión en corriente continua cruzando el Mediterráneo, igualmente vulnerables.
Es mucho más racional apostar por un mundo con muchos menores niveles de consumo, más local y con redes muy distribuidas, pequeñas y locales, allá donde sea posible, aunque hay muchos lugares en el mundo donde esta reversibilidad sería ya harto compleja, por no decir completamente irreversible.
Soy consciente de esta trampa en la que nos encontramos.

Se cuestiona la sostenibilidad de los biocombustibles. ¿Crees que son realmente viables como una fuente de energía para el sector de transporte?
De nuevo hay que poner las cosas en contexto. Si se trata de producir energía para mover algunos tractores con el aporte que los cultivos bioenergéticos ellos mismos produzcan a nivel local, para la producción de alimentos, puede tener cierto sentido.
Si de lo que se trata es de suplantar a los casi 4.000 millones de toneladas anuales de petróleo, los 85 millones de barriles diarios que hoy quema la Humanidad, que mueven, entre otras cosas el 95% del transporte mundial, no hay sostenibilidad que valga si hay que alimentar los depósitos de los casi mil millones de motores de combustión interna que funcionan en el planeta. No es ni mínimamente creíble en este contexto que este tipo de producción no vaya a entrar en conflicto directo con los alimentos mundiales y el cada vez más escaso flujo de agua dulce planetaria.
Si volvemos a estimar los 260 MTpes, que es el hueco estimado que puede dejar el petróleo, sólo el primer año de su caída post-cénit y si se proyecta esta caída una década de post-cénit petrolífero, el profesor Carlos de Castro estima que eso exigiría cultivar unos 300 millones de hectáreas. No, eso no sería ni mínimamente sostenible.
La biosfera no está hecha para alimentar mil millones de motores de combustión interna en vehículos de 2.000 kilos de peso, para que muchos de ellos lleven a un individuo de 70 kilos, que además es autotransportable (porque para eso tiene dos piernas), para que pueda ir a un trabajo que se ha buscado a cincuenta kilómetros de su casa, porque pensaba que eso era factible y posible en un modo de vida y con un combustible que están ambos tocando a su fin histórico.

Y, para terminar, ¿cuales son los objetivos de Aeren este año?
Seguir mínimamente activos, independientes y tratando de poner de manifiesto que el problema del agotamiento progresivo e inexorable de los combustibles fósiles, primero el petróleo y luego el gas, va a suponer un cambio trascendental para la Humanidad, que se ha desarrollado en el siglo pasado de forma exponencial, como si esta riqueza no renovable, fuese inagotable.

Aeren edita la página Crisis Energética (http://www.crisisenergetica.org/), que se ha convertido en la referencia en todo el mundo hispanohablante de las informaciones que hay sobre el cénit del petróleo y la crisis energética.

 

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