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Juantxo López de Uralde, presidente de la Comisión de Transición Ecológica del Congreso

"No debería haber ningún problema en aumentar la ambición en un futuro"

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El Congreso ha aprobado hoy la Ley de Cambio Climático, que establece cuatro objetivos clave: reducción de las emisiones de CO2 de la economía española (-23%) con respecto a las registradas en 1990; mejora de la eficiencia energética en al menos un 39,5%; que al menos el 42% de la energía que use España en 2030 sea de origen renovable; y que al menos el 74% de la electricidad también lo sea. ER ha entrevistado al presidente de la Comisión de Transición Ecológica, que ha dirigido la redacción de este texto.
"No debería haber ningún problema en aumentar la ambición en un futuro"

El diputado de Unidas Podemos Juantxo López de Uralde preside, desde febrero de 2020, la Comisión parlamentaria que se ha encargado de redactar la Ley de Cambio Climático, una de las leyes clave de esta legislatura. Los trabajos de la Comisión han durado poco más de doce meses (de pandemia, además), y han sido el colofón a diez años de idas y venidas, debates y discusiones sobre lo imperioso de aprobar una ley de estas características, una ley que sin embargo nunca acababa de llegar. ¿Balance?
Podemos sentirnos orgullosos del trabajo realizado. El Congreso ha estado bastantes meses prácticamente paralizado por la pandemia. Solamente sacábamos adelante normativa relativa a cuestiones relacionadas con la Covid y los estados de alarma de cada 15 días. Realmente... yo diría que la Ley de Cambio Climático la hemos empezado a trabajar... prácticamente en octubre, que es cuando realmente nos hemos incorporado a full. Y, en seis meses, prácticamente, la tenemos acabada. Yo creo que es un buen trabajo de la Comisión y no creo, como ha dicho alguno, que haya faltado debate. Es más: yo diría que ese es un argumento (y eso me preocupa mucho) que se ha visto muchas veces en el negacionismo. Llevamos diez años debatiendo esto, efectivamente, y ya era hora de sacar adelante la Ley; con sus luces y sus sombras, pero ya era hora.

Reducir en el año 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero del conjunto de la economía española en, al menos, un 23% respecto del año 1990. Ese es uno de los objetivos clave que se plantea esta Ley. ¿Ha sido imposible subir ese 23%?
Yo creo que hay que contextualizar. España trae un retraso con el aumento de las emisiones desde 1990 con respecto a otros países europeos. Pero el esfuerzo que plantea ese 23% es un esfuerzo similar al que se plantea que tienen que hacer los países europeos. También hay que tener en cuenta que necesitamos una ley que sea capaz de conjugar la ambición con la efectividad, es decir, que realmente sea asumible por los distintos actores sociales, industriales y demás. Eso es lo que se consigue con estos objetivos.

La revisión de objetivos en 2023 que hemos impulsado para su inclusión en la Ley creo que cierra definitivamente el debate de la ambición, y lo que hace, de alguna manera, es poner de manifiesto que, si las cosas van como deben ir y realmente vamos haciendo las transformaciones necesarias, pues no debería haber ningún problema en aumentar la ambición en un futuro.

Tenemos que pensar de dónde venimos. Venimos de una situación, hace año y medio, en la cual teníamos un gobierno, el Gobierno del Partido Popular, que quería aprobar un decreto ley para prohibir el cierre de las centrales térmicas de carbón; un Gobierno que tenía el autoconsumo prácticamente paralizado con el impuesto al Sol; que puso todos los obstáculos al desarrollo de las energías renovables. Es decir, que, efectivamente, nos gustaría ir más rápido... sin duda. Pero yo creo que lo importante es echar a andar. Porque yo me pregunto: ¿seguimos discutiendo in aeternum sobre si es ambicioso o no? Casi mejor ponerse a trabajar y, dentro de un tiempo, a hablar. En todo caso, yo creo que lo que no se puede negar es que estamos dándole la vuelta como a un guante a este país.

Ha habido voces y medios de comunicación que han puesto en duda que la Ley, tal y como está redactada, prohíba llevar a cabo exploraciones en busca de hidrocarburos. El texto de la Ley, ¿prohíbe o no prohíbe la exploración?
Claro que lo prohíbe. Lo que ocurre es que hay gente que se está empeñando en buscar polémicas. Ninguna ley puede tener carácter retroactivo. Entre otras cosas, porque, si la haces con carácter retroactivo, al día siguiente tienes a un montón de gente en los juzgados (todos los que tienen permisos) presentando demandas contra ti por lucro cesante. Evidentemente, los permisos de investigación, etcétera, etcétera, pues tendrán que ir agotándose. Tú no puedes decir: 'oiga, a usted ahora ya no le dejo hacer aquello para lo que le había dado permiso'. Eso no puedes hacerlo. Porque ninguna ley lo permite. Pero la Ley de Cambio Climático es contundente: la Ley prohíbe la extracción de hidrocarburos. Pasa lo mismo que con el tema de la minería del uranio. Que algunos tengan algunas licencias no va a impedir que la prohibición a la minería del uranio vaya adelante. Pero, bueno, es empeñarse en buscar polémicas. Esta Ley es una ley que... no es la ley que a lo mejor hubiéramos hecho nosotros, pero es una ley sin duda que tiene muchas más luces que sombras.

¿Es el gas natural una energía de transición? Pregunto: de algún modo, ¿está contemplado así el gas en esta Ley de Cambio Climático?
Por supuesto que no. Lo que sí está contemplado es ese horizonte de llegar al 100% de energías renovables y de llegar cuanto antes. Y lo que se está tratando es de poner los mecanismos para alcanzarlo cuanto antes, cosa que hasta ahora no se había hecho. Hemos aguantado la presión sin ningún tipo de problemas para cuestiones como la del gas. Estamos en lo mismo. Es buscar cualquier detalle para hacer polémica. Pero... bueno... que cada cual saque sus propias conclusiones. Lo que yo sostengo es que las cuestiones troncales [del proyecto de Ley del Gobierno] no se han tocado.

Estamos hablando de una ley histórica, primera de su género en España, una ley además de horizonte largo. ¿De verdad estamos ante una ley ambiciosa?
Yo creo que, si uno analiza todos los asuntos que se abordan en esta ley: hidrocarburos, uranio, el objetivo 100% renovable, el tema de la edificación, el tema del establecimiento de zonas de bajas emisiones en las ciudades de 50.000 habitantes, el tema del comité científico que debe evaluar y hacer recomendaciones sobre las políticas y medidas de energía y cambio climático, incluidas las normativas, el tema de la red de electrolineras (la ley introduce obligaciones de instalación de infraestructuras de recarga eléctrica en las estaciones de servicio cuyas ventas anuales de gasolina y gasóleo superen los 5 millones de litros)... Si analizas todas las cosas que se abordan en la Ley, yo creo que... en ese sentido, en el sentido de la transversalidad, yo creo que es una ley ambiciosa.

Para preparar la intervención en la Comisión, he analizado los documentos de las demandas que han ido haciendo a lo largo de los últimos meses las organizaciones ecologistas y otras, como por ejemplo la Fundación Renovables. Y, analizándolo todo, te das cuenta de que muchas de esas demandas han sido abordadas. Por ejemplo, con el tema de los objetivos, la primera reacción fue "es que es una ley muy mala porque ni siquiera alcanza los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima". Bueno, pues entonces dijimos 'sí, es verdad, venga, vamos a alinearlo con el Plan'... y lo alineamos.

Otra cosa que se decía era que tenía que ser una ley paraguas, una ley que abordase distintos elementos. Y lo hemos hecho: la ley establece que es necesaria una ley de reforma del sector eléctrico, es necesaria una ley de movilidad sostenible, abordamos el tema forestal, que era otra reclamación que se hacía. Se hablaba de la necesidad de que las zonas de bajas emisiones fueran obligatorias. Vale, bien, de acuerdo. Pues son obligatorias. Otra más: se decía que no abordaba el tema del ferrocarril. Pues aborda el tema del ferrocarril. Que no abordaba el tema de la minería del uranio. Pues aborda el tema de la minería del uranio.

No sé... puedes seguir hasta el infinito, pero también es verdad que estamos en un país que tiene una actividad industrial y que tienes que garantizar que puedes facilitar los procesos de transición. Eso es un poco lo que estamos tratando de hacer. Y de verdad que creo que se han tenido muy en consideración estas propuestas. Lo que pasa es que a lo largo del proceso, en la medida en que se daba un paso adelante, pues se levantaba el listón: ¿que ahora ya tenemos esto? Pues pedimos más. En todo caso, yo estoy de acuerdo, evidentemente, en que esto es un proceso en el que hay que seguir avanzando. Por supuesto que sí.

Bien, el presidente de la Comisión de Transición Ecológica, y director de orquesta en la elaboración de esta Ley fundamental, acaba de hacer un buen repaso. Pero, ¿no ha quedado ninguna asignatura pendiente?
Para mí hay una cuestión que creo que nadie la ha mencionado y que a mí me preocupa mucho. Y es la falta de un régimen de sanciones en caso de que realmente no se cumplan esos objetivos. Estamos hablando mucho de ambición, de ambición, de ambición, y nadie se ha preocupado de decir 'bueno, y, si no se cumple, ¿qué?' Y a mí eso me preocupa. Porque desde luego yo no estoy trabajando para hacer un brindis al Sol. Yo estoy trabajando para que sea una ley que realmente cambie el modelo industrial y energético de este país. Y ese riesgo existe.

¿Y por qué no se ha incluido eso?
Porque quizá hay un cierto voluntarismo por todas las partes en el sentido de que sí que va a haber ese cumplimiento.

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