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Rafael Zubiaur, director de Barlovento


"Cualquier avance en meteorología va a ayudar a un mayor conocimiento de los recursos renovables"

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Un estudio internacional en el que han participado varios centros de investigación españoles demuestra que la velocidad del viento se ha reforzado en los últimos años, con consecuencias positivas en la producción de energía eólica, tras décadas de descenso de su velocidad (un fenómeno conocido con el término stilling). Las variaciones en la velocidad del viento se asocian a cambios en la circulación atmosférica a escala planetaria. Rafael Zubiaur, director de Barlovento, valora el estudio.
"Cualquier avance en meteorología va a ayudar a un mayor conocimiento de los recursos renovables"

¿Cómo valoran en Barlovento el estudio "A reversal in global terrestrial stilling and its implications for wind energy production"? ¿Es un trabajo útil para quienes, como Vds, trabajan con el viento?

Es un trabajo de investigación muy interesante, trata uno de los aspectos que causa preocupación en la financiación de proyectos eólicos, como es la variabilidad a largo plazo del recurso. Pero me gustaría señalar que en el tratamiento que se ha dado a la noticia se ha puesto el énfasis en el aumento de la velocidad, si bien el trabajo habla de oscilaciones a escala de décadas. En la parte de medidas, el estudio es riguroso. Según se explica en él, han eliminado estaciones con datos anómalos, tendencias sospechosas … Los resultados respecto a las tendencias decrecientes del viento hasta 2010 y crecientes después de ese año parecen por tanto concluyentes. En cuanto a las causas de las oscilaciones, los autores las analizan y se establecen las conexiones de estas oscilaciones respecto a diversos índices, como la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), que explican en parte dichas oscilaciones pero no en su totalidad. Tampoco se dice nada acerca de la posible duración de los ciclos y qué variaciones puede haber asociadas al calentamiento global.



¿En qué aspectos creen que se debería profundizar?

La mayoría de las estaciones analizadas están en el Hemisferio Norte (EEUU, Centroeuropa y China). Se trata de estaciones con medidas superficiales (a 10 metros de altura o incluso menos) y los emplazamientos son poco ventosos. Como saben los técnicos que se dedican a la evaluación del recurso eólico, este tipo de estaciones son muchas veces de dudosa representatividad respecto a las zonas de alto potencial y han sufrido variaciones (en equipos de medición, calibraciones, altura de medida e incluso ubicación) a lo largo del tiempo. Por ejemplo, algunas de las estaciones de las bases de datos del estudio las he conocido hasta con tres configuraciones diferentes y en sitios distintos a lo largo del tiempo, o con árboles de crecimiento rápido en las cercanías. Tampoco está de más recordar lo mucho que han mejorado en los últimos cuarenta años las medidas de viento con anemómetros, tanto en calidad de los equipos como en calibración de los mismos: la calidad de las medidas no era la misma en 1990 que en 2015. Por todo ello, las estaciones utilizadas no son el mejor punto de partida para estudios eólicos.



Otro punto importante es que los resultados se obtienen con velocidades en superficie y habría que verificar si los resultados a las alturas de buje (actualmente por encima de 100 metros en muchos casos) siguen siendo válidos. El estudio tampoco dice nada sobre velocidades extremas y turbulencia, cuya evaluación es de gran importancia en el diseño de parques eólicos. Resumiendo, se trata de un trabajo muy interesante y riguroso en la parte climatológica, que cuantifica las oscilaciones de velocidad del viento en los últimos cuarenta años e identifica algunas de las causas de estas oscilaciones. El trabajo es útil en cuanto a que puede servir para mejorar los modelos meteorológicos. En lo que respecta al día a día del desarrollo de proyectos, creo que no afectará. Las actuaciones a realizar seguirán basándose en medir bien el viento en el sitio del proyecto, mediante torres meteorológicas u otros sistemas como sodar o lidar.



Uno de los cometidos de Barlovento es, precisamente la medición del recurso eólico por todo el mundo, y Vds gestionan más de 2.300 estaciones de medición en todo el mundo. ¿Confirman sus mediciones que los vientos se están volviendo más intensos?
Las mediciones que se llevan a cabo en el desarrollo de proyectos no abarcan periodos tan largos como los del estudio, por lo que no es posible extraer conclusiones en ese sentido. Además, la calidad de la medición ha mejorado mucho en estos años, por lo que las medidas antiguas no son del todo comparables a las actuales. Lo mismo pasa con las alturas de medida: donde hace unos años se medía a 30 o 40 metros de altura, ahora se mide a 80, 100 o más metros. Por todo ello no se cuenta con series de muchos años de datos medidas en las mismas condiciones. Lo que los técnicos de recurso eólico han podido constatar, cuando miden para desarrollar un proyecto, es que en general los observatorios de las redes meteorológicas públicas son poco representativos de las zonas de alto potencial y por ello debe recurrirse a reanálisis o a las llamadas “series virtuales”, que en general correlacionan mejor con las medidas de los proyectos eólicos que las medidas de observatorios convencionales.

Centrándonos en la eólica marina, ¿de qué manera puede afectar un mayor recurso eólico al desarrollo de la eólica offshore?

El estudio del que hablamos se basa en medidas en tierra. No obstante, otros estudios basados en medidas de satélite, como el del profesor Ian Young, de la Universidad de Melbourne (Australia), han constatado un aumento de la altura de las olas en el mar, lo cual estaría asociado a un incremento de la velocidad del viento. Pero aún no sabemos en qué medida estos cambios (en la velocidad del viento y altura de las olas) se deben al cambio climático o a fluctuaciones o ciclos. En cualquier caso, los promotores de proyectos eólicos no deberían basar sus desarrollos en expectativas de incrementos futuros de la velocidad del viento, sino en proyectos bien medidos y diseñados.

¿Hasta cuánto puede ayudar a la industria eólica profundizar en el conocimiento de los patrones de viento?
Estudios e investigaciones como los mencionados ayudarán a mejorar la comprensión de los fenómenos y la calidad de los modelos y por tanto a mejorar el diseño de los parques eólicos y a reducir las incertidumbres la financiación de los proyectos. Hay líneas de investigación en predicción estacional que pueden ayudar a incrementar el valor de la energía generada. Asimismo, estudios sobre la complementariedad de la energía eólica con la solar o con la hidráulica pueden ser importantes en algunos países para incrementar la penetración de energías renovables en la red eléctrica. Por ejemplo, Barlovento ha realizado proyectos que analizan la complementariedad del recurso eólico con el hidráulico y ello ha permitido identificar emplazamientos, de recurso eólico medio, pero con el valor añadido de ser complementarios de la generación hidroeléctrica. En general, cualquier avance en meteorología va a ayudar finalmente al mayor conocimiento de los recursos renovables. Es una razón más para impulsar investigaciones de este tipo.
 
La energía eólica está en un continuo proceso de mejora. ¿Dónde cree que están los límites, si los hay?
Respecto al desarrollo de aerogeneradores, se proyectan ya turbinas de 15 o 20 MW, con dimensiones impensables hace pocos años y con la incorporación de todos los avances tecnológicos. Supongo que lo veremos en esta década. Los límites los pondrá el coste de generación del kilovatio·hora que se pueda conseguir, pero también el coste que se consiga con la solar fotovoltaica y con el almacenamiento.
 
Barlovento  realiza también mediciones meteorológicas para aplicaciones en energía solar. ¿Podría ser que lo que es bueno para la eólica no lo sea tanto para las tecnologías solares?
Efectivamente, Barlovento es un laboratorio acreditado para medidas meteorológicas, tanto de recurso eólico como de recurso solar. Nosotros recomendamos que al igual que se hace en los proyectos eólicos, se realicen también mediciones previas a la construcción de los proyectos solares y no solo se fíe en datos de modelos. Unas buenas medidas ayudan a reducir la incertidumbre en la evaluación de los proyectos. Estas medidas deberían incluir no solo los parámetros relacionados con la radiación, sino también los relacionados con el rendimiento de la planta, como temperatura, presión y velocidad del viento. Además estas medidas ayudarían a caracterizar el emplazamiento para el correcto diseño de la planta y así evitar incidencias de “paneles voladores” provocadas por vientos extremos, que en algunos casos provocan destrozos en los campos solares. Unas buenas medidas de viento en el emplazamiento habrían permitido un buen diseño de las estructuras y habrían evitado tener que recurrir al tópico de que se trataba de sucesos imprevisibles.
 
Desde hace algún tiempo se habla de que cada vez llega menos luz solar directa al suelo. Supongo que esto afecta a la producción solar.

En energía solar se viene hablando desde hace tiempo del oscurecimiento global o atenuación global. Consiste en la disminución constante de la luz solar directa que llega al suelo, como consecuencia del aumento de partículas como los aerosoles en la atmósfera, producto de la contaminación. Esto supone una incertidumbre respecto a la producción futura de los proyectos. Este mismo efecto puede tener también influencia en las precipitaciones, ya que el oscurecimiento afecta a la evaporación en algunas zonas. A todos estos fenómenos habrá que superponer asimismo el efecto del calentamiento global. También debería estudiarse el efecto de las plantas renovables sobre le clima. Queda mucho por hacer en meteorología y climatología; son investigaciones que hay que abordar aunque los resultados no sean de aplicación inmediata.

Esta entrevista se puede leer también en el número 189 de Energías Renovables (marzo 2020)

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