sergio de otto

Negocio regulado, negocio regalado

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Sí, es un titular periodístico pero también es una realidad incontestable. Las eléctricas viven sobre todo del Boletín Oficial del Estado y no de su audacia y excelente gestión en la dura competencia de ese mercado que tienen en los altares. Lo sé, no descubro América. Ya lo sabíamos. Pero no me resisto a traer esa evidencia a esta columna ante la reciente presentación de resultados de Iberdrola y Endesa que han aumentado sus beneficios en un 11,7% y un 30%, para alcanzar 2.705 y 1.411 millones de euros (M€), respectivamente.

Ambas corporaciones reconocen en sus notas de prensa que el trozo grande de ese suculento pastel procede de lo que dicta el BOE, lo que llamamos negocio regulado. En el caso de la empresa de José Ignacio Sánchez Galán la nota de prensa afirma, refiriéndose al Ebitda, que “un 77% ha procedido de negocios regulados o contratos a largo plazo” mientras la italiana, que dirige Borja Prado, señala que “el negocio regulado… representó el 63% del beneficio bruto de la explotación”.

¿Qué quiere decir esto? Pues muy sencillo; que ante todo y sin menosprecio de la calidad de los profesionales que puedan trabajar en esas grandes corporaciones energéticas, una buena parte del negocio está garantizado con decisiones políticas, esas que toman los políticos que, en el caso de España, acaban luego en sus Consejos de Administración. No deja de resultar hipócrita que estas compañías permanentemente traten de confundir a la opinión pública “denunciando” que el recibo de la luz está cargado de costes que fija el Gobierno, lo que es verdad, pero lo cuentan como si ellos fueran ajenos a los mismos cuando en realidad es lo que fundamentalmente alimenta, como hemos visto, sus beneficios.

Luego están los matices sobre el origen geográfico de esos resultados que, siendo cierto en parte, no deja de estar relacionado con lo que pagamos y, sobre todo, hemos pagado los españolitos en el recibo de la luz. Esos beneficios que doblan de media el margen de los que obtienen las eléctricas europeas (que obtenían, pues por ahí fuera los regalos se han acabado) proceden ahora, en parte, del negocio en otros países gracias a la caja que históricamente han hecho aquí, fortaleza que les permitió tener un exitoso desarrollo internacional.

Una reflexión que vengo haciendo desde hace tiempo y que sigue teniendo sentido cada vez que comentamos estos insólitos (¿o escandalosos?) beneficios es que lo más sorprendente de estos tiene que ver con el hecho de que durante los últimos diez años se hayan mantenido estables pese, en primer lugar, a la crisis, a la recesión que hemos padecido (no todos) en este país. Pero, sobre todo, por la espectacular caída de la demanda eléctrica a partir del año 2009, indicador esencial de su negocio que, sin embargo, no tuvo ninguna repercusión en el margen de las empresas de Unesa, aunque sí, y de qué manera, en el resto del tejido empresarial.

Y esto me lleva a una segunda reflexión que planteo en forma de pregunta: ¿qué piensan el resto de grandes compañías que con cifras de facturación superiores a las eléctricas apenas llegan a resultados positivos de decenas de millones? Pienso en El Corte Inglés, por ejemplo, pero también en tantas otras que sí compiten en mercados de verdad y no cuentan con la inestimable ayuda de un negocio regulado, de un negocio regalado. ¿Por qué no dicen nada los foros empresariales en los cuales la mayor parte de sus asociados no cuentan con esos privilegios de las eléctricas? ¿Por qué solo nos indignamos los ciudadanos, pocos hasta ahora pero cada vez más?

¡Ah! Por último, las dos compañías, Iberdrola y Endesa, ya han anunciado a los inversores que los beneficios van a seguir creciendo. Sánchez Galán promete 3.500 M€ para 2020 y Borja Prado 1.700 M€ para 2019. ¿Y sabe el lector de dónde saldrá una buena parte de los generosos dividendos que percibirán los accionistas de estas compañías? Pues sí, de su recibo de la luz, el mismo que se ha convertido en una losa para cientos de miles de hogares por ser el que más ha subido en esta década de sus gastos domésticos.

Las eléctricas prometen más beneficios. Seguro que los conseguirán y seguro que la regulación seguirá teniendo un papel esencial. Así son las cosas.

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