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Biomasas mediterráneas certificadas

Huesos de aceitunas y cáscaras de almendras para calderas de biomasa: mejor certificados

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La heterogeneidad de la biomasa. Este ha sido, tradicionalmente, uno de los principales escollos a la hora de conseguir un desarrollo pleno, de calidad, sostenible y con garantías del aprovechamiento energético de diferentes biocombustibles sólidos, de pélets a astillas pasando por cáscaras de almendras o huesos de aceituna. El número de febrero de Energías Renovables le dedica un reportaje a Biomasud Plus, proyecto europeo que acaba de concluir dando un paso más para lograr la certificación segura de varios de estos biocombustibles. Ahora solo falta que se obligue a cumplir con esa certificación.
Huesos de aceitunas y cáscaras de almendras para calderas de biomasa: mejor certificados

“El real decreto aprobado en julio de 2018 es un paso muy importante, pero sigue sin establecer como obligatorio que cualquier biocombustible sólido que entre en el mercado esté certificado por un sello estandarizado y con un proceso completo detrás de ensayo, verificación, inspección y auditoría”. Pablo Rodero, responsable de proyectos europeos (entre ellos Biomasud Plus) de la Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa (Avebiom), expresa así su parecer sobre una normativa, el Real Decreto 818/2018, de 6 de julio, sobre medidas para la reducción de las emisiones nacionales de determinados contaminantes atmosféricos, que se considera vital para la regulación y desarrollo del sector.

“Demostrar que cumplimos con todos los estándares de limitación de emisiones”. Lo dice Rodero, pero esta máxima se escucha casi como un mantra en infinidad de foros, conversaciones y entrevistas con personas vinculadas a la biomasa, en un momento en el que arrecian las críticas, ecologistas y científicas, sobre los efectos perniciosos de emisiones asociadas a determinadas combustiones de biomasa.

Su compleja heterogeneidad, que ya solo en astillas puede provenir de podas de sarmientos de vid o de clareos de bosques de pinos pasando por restos de aserraderos y otras empresas madereras, obliga a toda la cadena del sector a preocuparse por ofrecer un biocombustible de calidad, extraído y procesado de forma sostenible y quemado de manera segura. 

Y en esto surgió Biomasud en 2013. Con anterioridad, sellos como ENplus y DINplus se consolidaron como sistemas de certificación de los pélets. En España, el 85 por ciento del pélet que se produce está certificado con el sello ENplus, basado en el estándar internacional ISO 17225-2. Pero, ¿qué ocurría con las astillas y, es más, con aquellas biomasas típicas mediterráneas, tan distintas de otras del continente, como los huesos de aceitunas y las podas de vides y olivos, que se extiende a cáscaras de frutos secos, como almendras, nueces, avellanas y pistachos?

De Biomasud a Biomasud Plus
El objetivo de Biomasud era cubrir esa laguna: establecer un sistema de certificación de calidad y sostenibilidad privado de biocombustibles mediterráneos con un proyecto europeo financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional dentro del programa Interreg IV-B. El objetivo se consiguió, e incluso se logró certificar a varios productores de astillas y huesos de aceituna, pero era necesario consolidarlo, continuar con las investigaciones, con los ensayos; ampliarlo a más países y biomasas y extender la certificación. De ahí surgió la continuación: Biomasud Plus. El 1 de enero de 2016 echó andar enmarcado en el programa europeo de investigación e innovación Horizonte 2020, y concluyó el pasado 31 de diciembre de 2018, aunque le faltan algunos flecos para darlo por ¿concluido?

No, concluido exactamente no, ya que una de las cuestiones que otorga mayor valía a estos proyectos con un ámbito temporal delimitado es que demuestren que tienen recorrido por sí solos, sin necesidad de estar sometidos a una financiación determinada durante un período determinado. Es decir, que Biomasud, como en la actualidad lo es ENplus, navegue solo como un sello y entidad de certificación más.

Pero para ello ha habido que hacer un trabajo importante previo de investigación, de ahí la relevante presencia como socios de centros tecnológicos y de investigación como  el Tübitak Marmara de Turquía, el Eketa de Grecia, el Instituto Forestal de Eslovenia, el Bioenergiesysteme de Austria, el Centro da Biomassa para a Energia de Portugal y el español Centro de Desarrollo de Energías Renovables (Ceder/Ciemat). Seis centros punteros que, entre otros logros, consiguieron caracterizar hasta 347 muestras de biomasas mediterráneas distintas.

347 muestras caracterizadas
En España este trabajo lo presentó el Ceder/Ciemat, encargado de la verificación de la calidad de los biocombustibles mediterráneos dentro de Biomasud Plus. Las 347 muestras se caracterizaron para su estandarización e inclusión en el sistema de certificación. Entre ellas había algunas con las que se trabajó en Biomasud, como hueso de aceituna y cáscaras de almendra, avellana, piñón y piña, y otras nuevas, como podas de olivo y viñedo y cáscaras de pistacho y nuez.

Entre las conclusiones aportadas por Miguel Fernández, del Ceder/Ciemat, destacaba que “en general, el hueso de aceituna y cáscaras de frutos tienen valores bajos de nitrógeno (N), azufre (S), cloro (Cl) y ceniza, algunos cerca de los pélets de calidad A1, siendo más bajos que los valores de las podas de olivo y de vid”.

Otra conclusión era que “las biomasas estudiadas presentan poderes caloríficos aceptables” y que “el hueso de aceituna y las cáscaras de frutos alcanzan elevados valores de la densidad a granel”. Se reconoce, igualmente, que “el comportamiento a la fusión de la ceniza no es bueno para todas estas biomasas (a 1000ºC se prevén problemas de sinterizados y escorias), en especial para las cáscaras de frutos y el hueso de aceituna, por lo que se debe tener en cuenta en la tecnología termoquímica seleccionada”.

Por otro lado, se destaca que “aparte del alto contenido de ceniza en las podas de olivo y vid (en torno al cuatro por ciento), también poseen un alto contenido de cobre (en torno a 20 mg/kg) derivado de los insecticidas y fungicidas aplicados”. Por último, se aseguraba que “aunque existe una fuerte variabilidad entre países, el hueso de aceituna y las cáscaras de frutos (sin pulpa) alcanzan los requisitos, al menos, para la clase B de las normas UNE (acrónimo de Una Norma Española) sobre biocombustibles, en la mayor parte de la propiedades físicas y químicas”.

España más certificada.  ¿Por qué?
Todos estos niveles se tienen que tener muy en cuenta en el proceso de certificación que lleva aparejada la obtención del sello Biomasud, que hasta el momento lo han conseguido en España las empresas Energía Sierra Segura y Peláez Renovables para huesos de aceituna y Pallet Tama, Alcolea Biomass Center y Greenalia Woodchip para astilla. Las dos últimas cuentan con dos certificaciones cada una, como productoras y distribuidoras.

Fuera de España, solo Eslovenia, con Biomasa DOO para astillas, e Italia, con Eco Combustibili Biom Energy para cáscara de avellana, han logrado el sello. La explicación, según Pablo Rodero, a esta escasa implantación de la certificación fuera de España, está en que “el resto de países están menos evolucionados en el tratamiento como subproducto con aprovechamiento posterior de las biomasas; lo consideran directamente residuos, hasta el punto de que en algunos países no se separa el orujillo del hueso de aceituna para lograr ese aprovechamiento”. Durante los procesos de análisis de muestras, en países como Turquía o Grecia se han detectado contenidos muy altos de cloro, derivados tanto de tratamientos inadecuados como de los agroquímicos utilizados en la agricultura.

Una de las herramientas que aporta Biomasud Plus es el manual para que toda empresa interesada en obtener el sello sepa cuáles son los requisitos y el proceso que se ha de seguir para finalmente estamparlo en sus productos. El proyecto ha validado la participación de diversas entidades de certificación y organismos de ensayo y de inspección que avalan este sistema, que comienza precisamente con la firma de un contrato para que se lleven a cabo la inspección y los ensayos previos sobre los biocombustibles a certificar.

En el caso de conseguirlo, el sello tiene una validez de cinco años y está sujeto a una serie de auditorías tanto externas como realizadas por la propia empresa (auto-inspecciones), que atañen al origen de las materias primas y a sus propiedades, manejo y almacenaje, para mantener una de las tres máximas que sustentan a Biomasud: la trazabilidad. Las otras son la calidad y la sostenibilidad.

La obligación, por primera vez, del cumplimiento de criterios de sostenibilidad a la biomasa dentro de la normativa europea, incluida la nueva directiva de energías renovables, obliga también a extremar el control en este aspecto. Biomasud Plus establece seis principios esenciales: gases de efecto invernadero, balance de energía, prevención de prácticas de tala ilegal, gestión sostenible, reservas de carbono y uso del suelo, admitiendo el bajo riesgo de cambio indirecto del mismo. De estos seis principios derivan doce criterios y dieciocho indicadores “para demostrar la sostenibilidad a través del uso del estándar Biomasud Plus”.

Calculadora de la huella de carbono
Otra de las herramientas abiertas al público derivadas del proyecto y que ayuda en esta dirección es una calculadora para seguir la huella de carbono que deja el lote de biocombustible certificado que hemos comprado a una determinada empresa. Con el cálculo de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y de la energía consumida (ver despiece abajo), que deben ser incluidos en el sistema de trazabilidad por parte del productor/comerciante, se consigue que el consumidor conozca esta información, que además debe ser verificada por los auditores.

En la calculadora, aparte de las biomasas diferenciadas admitidas para la certificación, se incluye el concepto de “mezcla”, que, como se explica en el manual, “está permitida siempre que mantenga los requisitos de calidad (por ejemplo, las cáscaras de piñón a veces se mezclan con las piñas trituradas)”. Puntualizan: “la mezcla con otras biomasas no incluidas en el sistema, incluso si estas cumplen los requisitos de calidad, debe ser aprobada por el comité directivo de Biomasud”.

Los productores certificados tienen que documentar el origen de la materia prima e informar al organismo de inspección en la auditoría anual sobre la porción de materia prima proveniente de fuentes certificadas, por ejemplo FSC, PEFC o equivalentes. Durante el proyecto se ha estudiado la cadena de producción de todas las biomasas domésticas incluidas en el sello de calidad.

Y algo más, porque Biomasud Plus también tiene en cuenta la fase final de toda la cadena: la combustión en estufas y calderas. Para ello se generó un estudio (también disponible en la página web) de los sistemas de combustión de última generación disponibles para la calefacción doméstica (78 en total, de 32 fabricantes), que incluye información comercial de contacto y resumen de los principales fabricantes de sistemas de calefacción domésticos ubicados en cada país.

Proceso de certificación abierto a toda Europa
Pero Biomasud ha centrado su atención principalmente en las biomasas y en el camino que deja abierto para la entrada de nuevas certificaciones. Hay que recordar que no solo pueden presentar biomasas para su certificación las empresas de los siete países mediterráneos con socios en el proyecto (Croacia, Eslovenia, España, Grecia, Italia, Portugal y Turquía) sino también los del resto que bañan este mar, aunque no sean europeos. “Ya hemos recibido algunas peticiones desde productores de Egipto, con lo cual, si sus biomasas están dentro de los parámetros establecidos en Biomasud, podrían acabar obteniendo el sello”, señala Pablo Rodero.

De vuelta a España, hay dos empresas más en proceso de certificación, varias interesadas y una (Ecoloma) que lo puede recuperar tras una suspensión temporal. Es importante que se extienda este proceso de certificación porque, según el Mapa de los biocombustibles sólidos 2018 para España, Portugal, Chile, Argentina y Uruguay, elaborado por Avebiom, existen 59 productores de astillas (solo tres cuentan con el sello Biomasud) y 25 de hueso de aceituna (solo dos con sello).

Para terminar y volver a hablar de la proyección futura de Biomasud, está contemplado que, además de pélets, astillas, huesos y cáscaras, entre a formar parte del sistema la leña. Como en el resto de los biocombustibles, ya hay un camino andado, ya que la norma UNE-EN 15234 que establece los criterios de calidad mínimo para el resto, también tiene en cuenta a la leña.
Más información: biomasud.eu/es

 

Cuadro 1

Sellos verde y naranja
Una de las últimas novedades que ha incorporado Biomasud ha sido la distinción por colores del sello según si el biocombustible va destinado a una pequeña instalación doméstica o a otra de mayores dimensiones, sin ser industrial.

El color verde distingue a los biocombustibles sólidos que se utilizan primordialmente en estufas y calderas en el hogar y que, como mucho, pueden llegar a los 500 kilovatios.

El color naranja es para los biocombustibles destinados a redes de calor, grandes comunidades de vecinos o edificios como hospitales, que no llegan al estándar A1 de calidad, pero sí al B. 

 

Cuadro 2

Sostenibilidad en la emisión de GEI y consumo de energía
Estos dos criterios se consideran básicos para garantizar la sostenibilidad de los diferentes biocombustibles sólidos certificados por Biomasud

 • Emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)

La reducción de emisiones derivada de la utilización del combustible en sustitución de gas natural será de un setenta por ciento como mínimo. Se tienen en cuenta las producidas en el transporte de las materias primas hasta el centro de producción y las generadas en el proceso de preparación y acondicionamiento del biocombustible.

 • Energía consumida

La energía utilizada en el transporte de las materias primas hasta el centro de producción más la utilizada en los procesos de preparación y acondicionamiento del biocombustible no podrá ser superior al cuarenta por ciento de la contenida en el combustible según el poder calorífico inferior (PCI) en base húmeda del mismo.

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