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Cambio de gas natural por biomasa: una tendencia, no una excepción

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LC Paper 1881, una importante papelera asentada en Besalú (Girona), tiene claro que, para refrendar su apuesta continua por la sostenibilidad, quiere cambiar su caldera de gas por una de biomasa. Hace dos años otra empresa del ramo, Papelera de La Alquería (Alicante), realizó el mayor cambio conocido con una caldera de 20 megavatios. Son ejemplos del paso del combustible fósil vendido como más limpio y económico a biomasa. La vuelta a la realidad alcista del precio del gas ha hecho que aquella aparezca también competente en economía y ecología, y no solo con el gasóleo, la electricidad y el carbón. Decenas de cambios en toda España así lo atestiguan.

Cambio de gas natural por biomasa: una tendencia, no una excepción

“Sí, admitimos que el gas es más limpio en el funcionamiento diario y hasta más cómodo en su mantenimiento, pero hoy en día la automatización y avances tecnológicos, que entre otras cosas permite retirar las cenizas solo una vez al mes, y sobre todo el precio, hacen que muchas empresas y particulares no se piensen el cambio de gas a calderas de biomasa”. Isidre Alférez, socio fundador de Imartec, con experiencia en más de 25 instalaciones de este tipo, resume así una situación actual en la que dicho cambio no resulta ni tan descabellado ni tan inusual.

Si estos pasos no se vinieron abajo con un precio del gas natural más asequible, la situación actual, con el coste de este combustible fósil de nuevo disparado, permite que muchos vuelvan a mirar a los biocombustibles sólidos como alternativa competente en economía, ecología, seguridad y confort.

El gas vuelve a mostrar su lado más carero
Tras estar incluso por debajo de los cuatro céntimos de euro el kilovatio hora (c€kWh) para la tarifa del último recurso (TUR) y con consumos menores o iguales a 5.000 kWh/año, los últimos datos aportados (octubre de 2016) por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) rozaban los cinco céntimos por kWh. Realmente, algunas comercializadoras ya estaban cobrando a principios de este año tarifas que conllevaban costes por encima de los cinco céntimos.

Mientras, por las mismas fechas, todos los biocombustibles sólidos aparecían por debajo de este coste excepto los pélets presentados en bolsas de quince kilos y la tonelada en palé. Tanto los servidos a granel con volquete o camión cisterna como el resto de biomasas se mantienen por debajo del gas.

Ahorro doméstico y ahorro industrial
Javier Díaz, presidente de Avebiom, que publica el índice de precios de la biomasa, añade que “el termino variable que sale publicado de las tarifas TUR1 o TUR2 es verdad que es muy similar al precio para entregas de pélet a granel en cisternas (con transporte incluido), pero en el caso del gas natural no se están incluyendo tramos fijos (según la web de Gas Natural Fenosa, el término fijo de la TUR1 es 4,31 €/mes y TUR2 es 8,45 €/mes), que han subido en los últimos años, a pesar de que el variable haya bajado ligeramente”. Díaz concluye que “es difícil comparar, pero en instalaciones domésticas el precio del pélet de madera es más competitivo”.

Y lo son aún más, en especial pensando en grandes instalaciones, los huesos de aceituna, cada vez más presentes en las calderas, que fluctúan entre los 3,3 y los 3,94 c€kWh (según la presentación), y la tonelada de astilla, que se queda en los 2,50 c€kWh. “Justo la mitad”, afirma Isidre, que es lo que se ha ahorrado otro gran cliente de Imartec. “El coste energético ha descendido de 38 €/MWh con gas natural a unos 17 €/MWh gracias a la sustitución por biomasa”, afirma Alférez en relación al cambio de una caldera de gas por otra de astilla forestal de 3,48 megavatios en la fábrica de aperitivos Liven de Berga (Barcelona).  

Catarata de ejemplos
“Normalmente se sustituyen las calderas de gasóil, carbón, propano y calefacciones eléctricas por biomasa, pero también hay cambios de calderas de gas canalizado, con el que por precio, actualmente, somos competencia”. Juan Jesús Ramos, técnico de Avebiom y responsable del Observatorio Nacional de las Calderas de Biomasa, confirma la tendencia observada y empieza a soltar una catarata de ejemplos.

 “El hotel-balneario Villa de Olmedo, en Valladolid, cambió a biomasa después de cuatro años de funcionamiento con gas natural, en vista de los enormes incrementos en el precio de este combustible”, expone Ramos. En 2013 contrató con Coinges, empresa de servicios energéticos (ESE), la generación de calor con biomasa de todo el complejo con una caldera de 600 kilovatios (la instalación de gas se mantiene para la cobertura de posibles picos de demanda o imprevistos) por un periodo de diez años, momento en el cual la empresa cederá la instalación al usuario.

“Se espera, de acuerdo a la evolución de precios del gas y de la biomasa, un ahorro total en torno a los 400.000 euros en esos diez años”, señala el técnico de Avebiom.

Precio mínimo del pélet desde 2012
Estos cambios se han sucedido a lo largo de los últimos años, y se mantienen en diferentes puntos de España. Uno de los últimos permitió la puesta en marcha de una caldera de biomasa de 200 kilovatios en Cabrera de Mar (Barcelona), que abastece de calefacción y agua caliente sanitaria a la piscina y el pabellón polideportivo municipales.

La caldera se abastece con astilla forestal, que según la ESE encargada de la instalación y gestión, Fulton, procede de “la limpieza de los bosques que están alrededor del mismo municipio, por lo que se considera una buena manera de rentabilizar la gestión de los bosques catalanes”.  

Astillas, pero también pélets
Desde Burgos, Ecodist, con más de diez años de experiencia en ingeniería y sistemas de calefacción con biomasa, ve también cómo año a año en su cartera de instalaciones (más de cien repartidas principalmente por la provincia de Burgos, además de Palencia, Soria, La Rioja y Navarra) se posiciona el cambio de gas por biocombustibles, y no solo por astillas. “Cada día son más las sustituciones de gas natural por pélets y se avecina un mercado con gran estabilidad y en continuo desarrollo”, aseguran desde Ecodist.

En plena ola de frío de este invierno, a mediados de enero, con las tarifas eléctricas y del gas escalando posiciones, Avebiom aseguraba que “los precios del pélet a consumidor final han descendido en todos los formatos llegando a sus valores mínimos desde que comenzó a elaborarse el índice de precios para pélet de madera, en el primer trimestre de 2012”. Además, puntualizaban que “a estas alturas de campaña, cuando comienzan las calefacciones a funcionar, lo habitual es que los precios repunten, pero la mala campaña pasada en cuanto a ventas se refiere y la sobreoferta del mercado español no hacen previsible que los precios vayan a remontar a corto plazo para alcanzar los de campaña esperables”.

De 30 kilovatios a 20 megavatios
El concesionario de la firma automovilística KIA en la ciudad de Burgos es uno de los ejemplos del paso de gas a pélet, en este caso a través de una caldera de condensación. Otras dos localidades en Burgos (Fresnillo de las Dueñas y Villimar) han visto cómo algunas de sus viviendas han hecho cambios similares, en este caso con calderas más pequeñas, de 20 kilovatios.

En el ámbito de las Administraciones se reconoce la labor del Ayuntamiento de Tarrasa (Barcelona). Al menos once edificios municipales, entre los que se encuentran seis colegios públicos y tres escuelas infantiles, han realizado el cambio a través de la ESE Energrup. En algunos casos ha conllevado la instalación de hasta 320 kilovatios de potencia. Aquí vuelve a dominar la astilla en cuanto suministro, pero sin desdeñar la aportación del pélet, que llega a tres colegios, una escuela infantil, un centro de acogida y un centro de educación ambiental.

Rendimientos en caldera equiparables al gas
Pero Tarrasa, cuyo Ayuntamiento recibió en 2010 el primer galardón del premio Fomenta la Bioenergía, instituido por Avebiom (se reconocía “su política a favor de la racionalización de la utilización de la energía y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero con biomasa”), irá a más en esta apuesta, gracias a su integración en el proyecto Boscos del Vallés. Esta iniciativa parte de un mandato del Consejo Comarcal del Vallés Occidental (Barcelona) para fortalecer las actuaciones de prevención de incendios forestales en la comarcas del Vallés. Un centro logístico que aportará astillas a las nuevas calderas del Consorcio Sanitario de Terrassa es el ejemplo de esta apuesta continua por la biomasa del consistorio.

Daniel Solé, director general de LSolé, ha afirmado en alguna ocasión que “el rendimiento de las plantas de combustión de biomasa de última generación puede equipararse al de una caldera de gas moderna”.

Biocombustibles de los más variados
En el caso de LSolé la paleta de biocombustibles se amplía notablemente, y con ella el ahorro, ya que en muchas ocasiones las instalaciones van ligadas a los subproductos generados en diversas industrias, en España y en otros cincuenta países. Así, se aprovechan residuos de palma africana y de la industria de la madera, las cáscaras de arroz y de cacao, subproductos de madera y cereal, el marro de café, la mazorca de maíz, bagazo de caña de azúcar e incluso residuos sólidos urbanos.

Aproximadamente, el 26 por ciento de las instalaciones de LSolé provienen de la sustitución de gas por biomasa en Europa y América entre 2005 y 2016.
 
“Se puede destacar –apuntan desde la empresa– que realizamos el cambio industrial más grande a través de una empresa de servicios energéticos con la planta de biomasa de 20 megavatios de energía térmica de Papelera de La Alquería (en L'Alqueria d'Asnar, en Alicante), y también contamos con instalaciones en empresas muy conocidas en España, como Bodegas Torres (en Vilafranca del Penedès, Barcelona, de 4 megavatios) y la fábrica de yogures La Fageda (en Olot, Girona, de un megavatio), entre otras”.

Sin salir de las papeleras hay que recordar el caso que se comenta en la entradilla a este reportaje, el de LC Paper 1881, factoría de Besalú (Girona), que quiere refrendar su apuesta por el medio ambiente (tiene la ecoetiqueta europea para su papel tisú, además de los sellos PEFC y FSC) sustituyendo gas natural por biomasa e instalando un parque fotovoltaico de tres megavatios para el suministro eléctrico. La inversión en la caldera rozará el millón de euros y producirá “4.000 kg/hora de vapor, dará servicio al proceso de fabricación del papel y consumirá en torno a las 8.000 toneladas de astilla forestal bajo un criterio de proximidad (astilla de la comarca de La Garrotxa)”, explica Isidre Alférez, de Imartec, que será la encargada de la operación.

El Gobierno no cumple
Y el panorama podría presentar mejores números. Muchos de los proyectos expuestos nacen de iniciativas empresariales, particulares o municipales, pero en su día la apuesta parecía mayor. Cuando hace tres años, en febrero de 2014, el entoncesministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, presentó el Plan de Activación Socioeconómica del Sector Forestal, afirmó tajante que “la reducción de gases de efecto invernadero también se consigue con la sustitución de calderas de gas o carbón por otras que utilicen biomasa”. En general, la bioenergía desempeñaba un papel importante en un plan que ha perdido fuelle con el paso del tiempo.

Una de las medidas del mencionado plan era la “difusión y puesta en marcha de buenas prácticas por parte de la Administración, con la sustitución de calderas de gas o fuel a calderas de biomasa en instalaciones de la Administración, preferiblemente en el medio rural”. El problema, como tantas veces, era la financiación, que también como tantas veces, se confiaba al cajón de sastre de los fondos europeos, Feder y Feader en concreto.

Poco después, el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural le recordaban a Arias Cañete que “para financiar estas actuaciones deben aprovechar la oportunidad de la nueva programación de fondos Feader y Feder 2014-2020 de la UE, y para acceder a ellos los gobiernos autonómicos deben presentar programas y planes sectoriales que coincidan con los objetivos de estos marcos de financiación. Esto implica el compromiso en invertir en la gestión de los bosques, sin ese compromiso de inversión la UE no destinará ni un euro”.
 
La investigación ayuda
Aparte de los desarrollos tecnológicos aportados por los propios departamentos de I+D de las ingenierías, ESE y fabricantes de calderas, hay centros de investigación que también estudian cómo superar en eficiencia, emisiones y comodidad al gas natural con la biomasa.

El Centro de Desarrollo de Energías Renovables del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ceder-Ciemat), que realiza ensayos de combustión en diferentes calderas pilotos en sus instalaciones, participa en el proyecto Flexifuel CHX del programa Horizonte 2020 de la Comisión Europa. Su nombre completo es largo –Desarrollo de una caldera de condensación de biomasa multicombustible para el sector doméstico basada en un proceso de gasificación–y tiene como objetivo desarrollar un equipo con “tecnología altamente innovadora a nivel mundial, con la que se pretende competir tanto en eficiencia como en emisiones con las calderas de gas natural”.

Antes de que concluya Flexifuel CHX, dentro de dos años, se pretende desarrollar una nueva tecnología de calefacción de biomasa residencial flexible y altamente eficiente en una gama de potencia entre 20 y 130 kilovatios. Según el Ceder-Ciemat, “la caldera se basa en un prototipo previamente diseñado para biocombustibles de alta calidad, al que se incorporará un sistema de condensación y otras mejoras tecnológicas para permitir el uso de diferentes biomasas, incluidas las de tipo herbáceo. De obtenerse los resultados esperados, esta iniciativa supondrá un auténtico hito a nivel mundial para este tipo de equipos”.

Otros dos centros de investigación en España, Cartif, en Boecillo (Valladolid), y el Centro Tecnológico Avanzado de Energías Renovables, en Mengíbar (Jaén), disponen igualmente de laboratorios de ensayos con calderas de biomasa, especialmente destinados a mejorar la tecnología de las mismas acorde con los biocombustibles a partir de materias primas localizadas en España, tanto forestales como agrícolas.

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