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Aebiom lanza sus propuestas para la sosteniblidad de la biomasa a partir de 2020

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En el barómetro de 2015 de EurObserv’ER sobre la biomasa en Europa se destacaba que la Comisión Europea postergaba la puesta en marcha de los criterios de sostenibilidad para después de 2020. Tras abrir este año un período de consultas, la patronal europea (Aebiom) ha elaborado un informe en el que da la bienvenida a "una política sostenible de la bioenergía para el período posterior a 2020" y expresa los criterios a seguir, que asumen la exigencia de reducir un 60% las emisiones de gases de efecto invernadero, la equiparación con los requisitos existentes para los biocarburantes y que se enfoquen más en los tipos de biomasa que en su uso final.
Aebiom lanza sus propuestas para la sosteniblidad de la biomasa a partir de 2020

La Asociación Europea de la Biomasa (Aebiom) ha elaborado un documento con respuestas y propuestas a la consulta que emprendió a comienzos de año la Comisión Europea (CE) sobre el establecimiento de una política de sostenibilidad en torno a la bioenergía, y que concluyó ayer. De entrada, Aebiom da la bienvenida a la iniciativa de la CE de crear un marco común y armonizado que abarcaría el período 2020-2030, ya que “hace años que lo demandamos”.

“Tras el Acuerdo de París de la COP21 sobre cambio climático, la UE debería apoyar el dinamismo y la innovación en un sector clave para la producción de energía renovable”, apuntan desde Aebiom. Advierten además que “la bioenergía se caracteriza por contar con cientos de miles de pequeños operadores económicos, que convierte en esencial que la futura política de la UE adopte un enfoque equilibrado y no burocrático”.

Sostenibilidad enfocada principalmente a tipos de biomasa y categorías
A partir de aquí responde a todas las cuestiones directas que realiza la CE en su consulta, destacando que la bioenergía es clave para la consecución de los objetivos climáticos y energéticos de la UE hasta 2030. También considera que deben apoyarse todos los tipos de bioenergía y que se debe poner en valor su contribución al “crecimiento, el empleo, la innovación, la competitividad y la seguridad energética”, aunque lamenta que la CE no haya tenido en cuenta “la reducción de la factura energética de los hogares y el impulso dado a las zonas rurales”.

En cuanto a las propuestas, Aebiom aboga por definir reglas de sostenibilidad basadas en tipos de biomasa y categorías. Explican que, teniendo en cuenta que la biomasa se puede utilizar en climatización, electricidad y transporte (ponen el ejemplo de astillas que producen calor, electricidad y biocarburantes lignocelulósicos), “es importante que la Comisión adopte un enfoque basado en los tipos de biomasa y las categorías, en lugar de en el uso y forma final de la energía”.

Sí al 60% de reducción de gases de efecto invernadero
Aebiom asume en sus propuestas algunos de los criterios que maneja desde hace tiempo la CE en diversos borradores sobre la política de sostenibilidad de la biomasa, como la reducción en un 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a los combustibles fósiles. También acepta que las instalaciones concernidas sean aquellas que tiene una potencia mayor a 1 MW, al ser las que concentran el mayor porcentaje de consumos de astillas y de pélets.

La patronal europea de la biomasa ve igualmente con buenos ojos que se establezca una política de sostenibilidad similar a la existente de biocarburantes, incluidos los esquemas voluntarios. Sin embargo, piensan que la iniciativa de la CE en torno a estos “les ha afectado negativamente por la incertidumbre política y la falta de perspectivas a largo plazo (ponen el ejemplo del debate en torno al cambio indirecto del uso de la tierra) y ha fracasado en la promoción de un desarrollo exitoso de los avanzados”.

Afrontar los riesgos de la biomasa forestal
Por último, Aebiom estima necesario abordar los riesgos que supone la explotación de la biomasa forestal para que no ocasione problemas ambientales, tanto con el balance de carbono de los bosques como con el ecosistema en sí (biodiversidad, suelo, agua…). Propone elaborar una lista de los riesgos y de las herramientas existentes, tanto a escala nacional como regional, para abordarlos, controlarlos y evaluar si esas herramientas permiten mitigarlos.

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