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La investigación mira a la industria agroalimentaria como futuro energético

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El proyecto singular y estratégico Probiogás abrió el camino y ahora se suceden iniciativas de desarrollos tecnológicos para aprovechar la materia prima disponible y accesible que detectó aquella iniciativa. Provalue y Biogas3, dos proyectos europeos en los que intervienen asociaciones empresariales y centros de investigación españoles, potencian el aprovechamiento energético de los residuos generados por la cadena alimentaria. Los dos se presentaron recientemente en dos foros distintos.

La investigación mira a la industria agroalimentaria como futuro energético

“Promoción y capitalización de soluciones de valorización de residuos en la industria agroalimentaria del Sudoe (suroeste europeo)”. Este es el nombre completo del proyecto ProValue, financiado por el programa europeo Interreg IVB Sudoe. El aprovechamiento energético en su amplio sentido de la palabra (biocombustibles sólidos, líquidos y gaseosos) e incluso otras formas de valorización de los residuos a través de la propia industria alimentaria, forman parte de una iniciativa que pivota sobre el concepto de “bioeconomía”, a desarrollar en el espacio europeo que abarca.

El Centro Nacional de Energías Renovables (Cener) es uno de los socios españoles que participan en ProValue, y en su sede de Sarriguren (Navarra) se celebró el pasado 20 de junio la tercera reunión del mismo. El proyecto es la continuación de Value, uno anterior, igualmente Interreg Sudoe, en el que también participó el Cener y que trabajó específicamente en el uso de la tecnología de producción de etanol para su aplicación en la valorización de residuos agroalimentarios, como los procedentes de la elaboración de mermeladas y confituras.

Masa crítica para desarrollar soluciones más efectivas
Desde el Cener aclaran que “este proyecto amplía el alcance técnico del proyecto Value a subsectores altamente representativos de este espacio europeo (Sudoe), generadores de un significativo volumen de subproductos: transformados vegetales (inclusive vino y aceite), cárnicos y de pescado”. Añaden que “se pretende así facilitar soluciones concretas de valorización de residuos aplicables y viables a todo el tejido empresarial agroalimentario, y crear una masa crítica de innovación en el espacio europeo en este ámbito técnico que permita seguir desarrollando soluciones más efectivas”.

Cada empresa identificará la solución de valorización más adecuada para cada tipo de residuo objeto de estudio y evaluará sus costes de implantación, “reforzando así su competitividad y capacidad de innovación y reduciendo el impacto ambiental”, concluyen desde Cener. El proyecto lo lidera el centro tecnológico Azti-Tecnalia y cuenta con la participación de socios europeos procedentes de España, Francia y Portugal. Aparte de los dos citados, de España también participan Citoliva, la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), la Asociación para la Investigación y Desarrollo de la Industria Agroalimentaria (AIDIA) y la Universidad de Lleida.

Identificar necesidades energéticas y buscar modelos de negocio colaborativos
FIAB participa igualmente en otro proyecto europeo que cuenta con el aprovechamiento energético, y más concreto la generación de biogás, para mejorar la gestión de los residuos de la industria alimentaria. En este caso la presentación tuvo lugar en el encuentro EnviFood Meeting Point, que se celebró en Ifema (Madrid) del 11 al 13 de junio. Como ya adelantó Energías Renovables tras la reunión de puesta en marcha de Bogas3, nombre del proyecto en cuestión, su objetivo primordial es que “las instalaciones productivas de las pequeñas y medianas empresas que componen la industria agroalimentaria europea reduzcan la factura energética gracias a la implantación de pequeñas plantas de producción de biogás agroindustrial”.

El coordinador del proyecto, el centro tecnológico Ainia, expuso en Envifood que “el proyecto está identificando las necesidades energéticas del sector agroalimentario y las dificultades que pueden surgir a la hora de instalar una planta de biogás agroindustrial propia”. En esta primera etapa se buscan “modelos de negocio colaborativos, de cooperación y diseños de producción a pequeña escala adaptados a las características de cada región europea, así como al desarrollo de modelos de gestión de la demanda de energía”.

Desde Ainia recuerdan que las empresas que participen contarán con la herramienta informática smallBiogas, que “permitirá evaluar la viabilidad técnica, económica y ambiental de la instalación de plantas de producción de biogás a pequeña escala”. Esta herramienta estará disponible próximamente en la web del proyecto, apuntan en Ainia. Biogas3 cuenta con financiación de la Comisión Europea dentro del programa Intelligent Energy.

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