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El biodiésel de aceite de palma emite más CO2 que la gasolina

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La filtración de un informe de la Comisión Europea (CE) sobre las emisiones achacables a los biocarburantes tras añadirles las procedentes del cambio indirecto del uso de tierras ha ocasionado una avalancha de reacciones. Hasta tres tipos de biodiésel elaborados con materias primas como el aceite de palma, la soja y la colza presentan más emisiones de CO2 que la gasolina convencional. Productores de biocarburantes y los agricultores europeos no dan credibilidad al informe y la CE se niega a hacer declaraciones por tratarse de una filtración.
El biodiésel de aceite de palma emite más CO2 que la gasolina

El retraso de la CE en dar a conocer una postura definitiva sobre la inclusión o no del cambio indirecto del uso de tierras (ILUC, en sus siglas en inglés) en el cómputo de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) achacables a los biocarburantes provoca situaciones como la actual. El pasado mes de enero se filtró un informe de la CE basado en algunos de los numerosos estudios que ha recibido de organismos científicos, ONG, gobiernos y empresas para tomar una postura sobre el ILUC. En él se establece una media de emisiones por carburante, calculadas en gramos de CO2 equivalentes por megajulio, en el que se tienen en cuenta los efectos del ILUC. Con este baremo, el biodiésel procedente del aceite de palma emitiría 105 g CO2e/MJ, una cifra sustancialmente superior a los 87 g CO2e/MJ de la gasolina convencional.

Aunque el informe parte de un valor de 107 g CO2e/MJ, que corresponde con el carburante más contaminante (el procedente del petróleo de arenas bituminosas), la comparación de referencia es con la gasolina. Así, también se encuentran por encima de este combustible fósil el biodiésel procedente de aceites de soja (103 g CO2e/mj) y de colza (95 g CO2e/MJj) y, por debajo, pero con valores parejos, el de girasol (86 g CO2e/MJ) y el biodiésel producido a partir de aceite de palma con captura de metano (83 g CO2e/MJ).

Los etanoles de caña de azúcar y de remolacha azucarera, los que menos emiten
Es a partir del etanol convencional cuando los valores empiezan a caer por debajo de las reducciones de CO2 a las que obliga la directiva de energías renovables. Aún así, se queda casi fuera del corte el procedente de algunos procesos de conversión del trigo en etanol, con 64 g CO2e/MJ. Los procesos con el mismo cereal que emplean cogeneración con gas natural emiten 47g CO2e/MJ, el de maíz  43 g, la caña de azúcar 36 g, la remolacha azucarera 34 g y el de paja de trigo 35 g. El descenso más notable se aprecia en los biocarburantes de segunda generación, en especial para aquellos que no utilicen tierras (9 g CO2e/MJ para biodiésel y etanol), frente a los que sí las precisan (32 g para el etanol y 21 g para el biodiésel).

Ningún portavoz de la CE ha querido validar ni comentar estos datos porque afirman que proceden de un informe filtrado, no de una comunicación oficial. Sí han entrado a valorarlo el resto de organismos y sectores implicados. El último ha sido la agrupación europea de agricultores y cooperativas agrícolas (Copa-Cogeca). En un comunicado hecho público ayer señalan el origen de los datos: sendos informes encargados por la CE al International Food Policy Research Institute (IFPRI) de Estados Unidos y al Joint Research Centre (JRC) de la propia CE. En el primero de ellos, presentado en octubre de 2011 como informe final,  se afirma que el CO2 directamente achacable al ILUC de los biocarburantes representa una media de 38.8 g CO2e/MJ, con la soja (56,3 g), la colza (54,9 g), el aceite de palma (54 g) y el girasol (53,5 g) en la parte alta y la remolacha azucarera (7,2 g), el maíz (10,1 g), el trigo (13,8 g) y el azúcar de caña (15,4 g) en la baja.

Incertidumbres ante la comparación de producciones europeas y estadounidenses
Desde Copa-Cogeca han enviado una carta a los comisarios Connie Hedegaard, Günther Oettinger y Dacian Cioloş en la que su secretario general, Pekka Pesonen, les comunica que “el modelo del IFPRI que utiliza el estudio y el método del JRC se basan en datos inciertos. El análisis de los efectos del ILUC sigue siendo imposible de realizar debido a la ausencia de modelos y de datos apropiados”. Pesonen concluye que “estos informes siguen siendo insuficientes para que pueda realizarse una evaluación de impacto de las opciones políticas de cara a la adopción de una propuesta legislativa de la UE en 2012”. En similares términos se expresaron con anterioridad Isabelle Maurizi, portavoz de la European Biodiesel Board, y Rob Vierhout, secretario general de ePure, la patronal europea del etanol. Este último cuestiona que se hayan tomado como modelo producciones en Estados Unidos que no son comparables a las de Europa.

El portal Euractiv recoge estas y otras valoraciones, como las de Nusa Urbancic, experto en biocarburantes de la ONG Transport & Environment, quien reconoce que es difícil cuantificar hasta ahora las emisiones de GEI debidas al bioetanol y el biodiésel, pero entiende que los datos filtrados “dan una idea de lo que sucederá en el futuro si no actuamos”. Amigos de la Tierra, una de las ONG más activas contra los biocarburantes, además de aprobar los resultados de los informes, ha dado a conocer otro, realizado conjuntamente con ActionAid, en el que afirman que dichos carburantes les costarán a los consumidores de la UE cerca de 126.000 millones de euros hasta 2020, debido, sobre todo, al coste de la certificación de sostenibilidad. Tanto ePure como analistas de F.O. Litch resaltan que es imposible calcular estas cifras con los datos disponibles, y recuerdan que hay otros informes que demuestran que gracias al incremento del uso de biocarburantes el precio del petróleo no ha subido más.

Más información:
www.euractiv.com
http://trade.ec.europa.eu/


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