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La organización no gubernamental Ecologistas en Acción se ha sumado hoy a la iniciativa multinacional lanzada por Corporate Europe Observatory (CEO) que denuncia el uso de dinero público en proyectos de financiación de grandes empresas fósiles, "lo cual va en contra -denuncia Ecologistas- de los acuerdos alcanzados en materia climática". Setenta organizaciones del Viejo Continente se han sumado a la iniciativa de CEO.
Dinero público que se convierte en dinero negro

"Las constantes declaraciones de las instituciones europeas sobre su compromiso con el clima y las generaciones futuras -explican desde Ecologistas- son una hipocresía que no se corresponde con la realidad de que el Banco Central Europeo (foto) financie a los grandes oligopolios energéticos obviando la necesaria transición energética". La oenegé ecologista es especialmente dura con el Banco de España, "de nuevo, alumno aventajado al facilitar ese apoyo a las grandes empresas españolas, como Abertis, Enagás, Ferrovial, Gas Natural Fenosa, Iberdrola, Repsol o Telefónica". Por ello -explica hoy en un comunicado-, la organización ecologista "se suma a esta campaña y traslada a continuación el contenido íntegro de esta demanda".

Energías Renovables reproduce el manfiesto de Corporate Europe Observatory
«Desde junio de 2016, el Banco Central Europeo (BCE) ha inyectado más de 60.000 millones de euros en la economía de la eurozona para sufragar la compra de bonos corporativos. Esto forma parte de una estrategia de creación de dinero conocida como "expansión cuantitativa", que pretende estimular la economía de la eurozona a través de la compra de bonos. De este modo, en nombre del crecimiento económico, este programa contribuye al sostenimiento de compañías cuya actividad genera enormes emisiones de gases de efecto invernadero en plena crisis climática.

En la lista de las corporaciones favorecidas por este programa de compra de bonos se encuentran compañías dedicadas a algunas de las industrias más sucias del mundo.

El BCE no ha revelado las cantidades que se han dedicado a la compra de bonos de cada compañía concreta. Sin embargo, compañías petroleras y gasistas como Shell, Total y Repsol, así como fabricantes de automóviles y constructoras de autopistas, parecen haber recibido un apoyo particularmente importante. El BCE, por ejemplo, ha comprado bonos de Shell en 11 ocasiones. Además, mientras el volumen de bonos de la industria del carbón adquirido por los bancos centrales nacionales es muy grande (hasta el 68% del total en un caso), hay muy pocas inversiones en energías renovables en las listas de compra de bonos.

En otras palabras, solo seis meses después de que los países de la Unión Europea (UE) firmaran el Acuerdo de París, grandes cantidades de dinero barato comenzaron a fluir hacia las arcas de enormes compañías que ya disponían de fácil acceso a los mercados de capital y cuyas actividades son intrínsecamente dañinas para el clima, por lo que también lo son para la vida y el sustento de millones de personas en todo el mundo.

Independientemente de la lógica que pueda haber detrás de la selección de estos bonos por parte del BCE, un programa como este es injustificable en el contexto de emergencia climática que vivimos. Tanto las instituciones de la UE como los Estados miembros tienen su parte de responsabilidad en la lucha contra el cambio climático. No parece que la inversión de miles de millones de euros en industrias intensivas en carbono sea coherente con el objetivo de evitar un cambio climático desastroso.

Hay escasa evidencia de que las compras de bonos corporativos por parte del BCE estén consiguiendo otro objetivo más allá de suministrar dinero barato a las corporaciones. Parece que este dinero acaba redundando simplemente en un aumento de las ganancias de los accionistas, mientras que las empresas de mediano y pequeño tamaño, más intensivas en empleo, no son tenidas en cuenta.

Se podrían diseñar políticas económicas con un enfoque distinto, en las que la inversión se dirigiese principalmente hacia proyectos beneficiosos social y ambientalmente, en los que el sector bancario tradicional no suele estar dispuesto a invertir.

Por todas estas razones, es hora de cambiar el rumbo
Como un primer paso, exigimos transparencia. Es inaceptable que el BCE no haga públicas sus compras de bonos. La población tiene derecho a saber qué compañías son las beneficiarias y la cantidad de dinero destinado a la compra de bonos de cada una.

En segundo lugar, exigimos un cambio de rumbo: el fin del apoyo financiero a la industria de los combustibles fósiles. La estrategia de compra de bonos debe ser coherente con los objetivos sociales y ambientales de la UE, incluyendo los objetivos de la Cumbre de París sobre cambio climático.

En tercer lugar, reclamamos a las autoridades europeas la puesta en práctica de políticas alternativas y bajo control democrático. Necesitamos una estrategia que oriente la inversión hacia industrias intensivas en empleo y nos permita combatir la crisis climática». Fin del manifiesto de Corporate European Observatory.

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