javier garcía breva

La COP25 no era Hollywood

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El acuerdo de la cumbre del clima “Chile-Madrid Tiempo de Actuar” desvela los desacuerdos que han impedido avanzar en los objetivos que la ONU propuso en septiembre en Nueva York: elevar la reducción de emisiones al 45% en 2030, no construir ninguna central de carbón a partir de 2020, eliminar las subvenciones a los combustibles fósiles y establecer la neutralidad de carbono en 2050.

La principal ausencia no ha sido la de los países más contaminadores sino la de un liderazgo político relevante en la lucha contra el cambio climático. Que ese liderazgo haya pasado a las jóvenes generaciones es un signo de esperanza, pero también un síntoma de que algo no va bien cuando los líderes políticos eluden una responsabilidad tan acuciante. Es coherente con la constatación de que el ritmo de la descarbonización en el mundo se ha ralentizado y se ha impuesto el paso lento en la lucha contra el cambio climático.

Fracaso de la ONU
El Secretario General de la ONU pidió hablar menos y actuar más. Si la ONU advirtió a los países que deberían multiplicar por cinco sus planes de recorte de emisiones, de los 200 participantes solo 80 han anunciado que presentarán en 2020 compromisos más ambiciosos y 73 se han comprometido a ser neutros en carbono en 2050. Durante la COP25 la concentración de emisiones ha alcanzado su récord histórico, por encima de 411 partes por millón. El planeta avanza hacia los 3,2ºC.

Cuando Fridays for Future afirma que “esta COP nos ha fallado” confirma que la brecha entre la sociedad y sus gobiernos se agranda y obliga a cuestionarnos por qué la COP no pudo romper el bloqueo de los países petroleros de la misma manera que en los mismos días el Consejo Europeo superó el bloqueo de Polonia para aprobar el Pacto Verde de la Unión Europea y proporcionar la mejor noticia de la cumbre.

Doble espectáculo en la COP25
El primer espectáculo de la COP25 lo proporcionó la presencia de actores de Hollywood, cantantes, millonarios, políticos y expolíticos de EEUU, que han convertido la mitad de la cumbre en una pasarela mediática, trivializando lo que de verdad estaba en juego. El resultado final deja a todos en evidencia.

El segundo espectáculo lo dieron las petroleras y eléctricas españolas, utilizando su patrocinio para desarrollar una campaña de publicidad con un giro verde que oculta que cerca del 80% de las emisiones se deben a los usos de la energía que ellos venden.

Hace siete años los mismos patrocinadores estaban inmersos en una campaña contra las energías renovables y la eficiencia energética que condujo a su paralización hasta 2018. El anuncio de Repsol de depreciar sus activos para llegar a cero emisiones en 2050, a la vez que anuncia su alianza con Gazprom para proyectos de gas y petróleo en Siberia, es el mejor ejemplo de “greenwashing”; como la autorización del gobierno a la exploración de fracking en Vitoria.

El modelo de renovables de eléctricas y petroleras es el de grandes plantas eólicas y fotovoltaicas, sin relación con centros de consumo. Es el modelo de renovables vinculado a un sistema eléctrico centralizado, opuesto al modelo de generación distribuida que proponen las directivas europeas y que, por su proximidad a los centros de consumo, garantiza una energía más barata, más eficiente y mayores cuotas de reducción de emisiones.

El error de depender del gas hasta 2050
Las renovables a gran escala atraen un alto grado de especulación a través de operaciones de compra venta de instalaciones y necesitan mantener fuentes contaminantes, como centrales de gas y nucleares. El PNIEC 2021-2030 es ejemplo de ello al proponer un mix con más renovables pero cargado de carbón, gas, nuclear y petróleo.


El estudio de Acciona y Bloomberg NEF “Flexibility solutions for high-renewable energy sistems”, presentado en la COP25, confirma la confusión. Se propone un modelo 88% renovable para 2050, con capacidad flexible a través de baterías y carga inteligente de vehículos eléctricos; pero sin flexibilidad se requerirán 25 GW nuevos de gas para cubrir las puntas de demanda.

El Pacto Verde aprobado por el Consejo Europeo aumenta la confusión al defender el gas y la nuclear como fuentes compatibles con la transición hacia la descarbonización, lo que les permitirá seguir percibiendo ayudas europeas y nacionales, en detrimento de las renovables, para seguir contaminando; pero ahora con etiqueta verde.
  

Los análisis de 2019 del Rocky Mountain Institute, de Wood Mackenzie, del Massachusetts Institute of Technology y de Bloomberg NEF pronostican otro escenario: el futuro energético estará dominado por la combinación de energías renovables con baterías. El almacenamiento convertirá las nuevas plantas de gas en activos varados, mientras las plantas de gas existentes dejarán de ser competitivas en 2021.

La energía renovable con almacenamiento y generación distribuida proporcionan los mismos servicios que las centrales de gas a un coste mucho menor. La capacidad de energía flexible se va a obtener a partir del autoconsumo con almacenamiento en los tejados de los edificios y del vehículo eléctrico. Ni el gas ni la nuclear permiten esa flexibilidad; por el contrario, garantizan una energía más cara y contaminante. El empeño por mantenerlas como energías de transición es erróneo y contrario a la protección del medio ambiente.

La transición no será justa si no es eficiente y renovable
Cuando se comprueba el retraso de España en movilidad eléctrica, almacenamiento, autoconsumo o generación distribuida, edificios de consumo casi nulo o rehabilitación y que una economía baja en carbono, según la OIT, puede crear 24 millones de empleos y, según la ONU, 65 millones de nuevos empleos en 2030 en todo el mundo o 364.000 empleos en España, según el PNIEC, lo que hay que preguntarse es a qué se dedican los 6.000 millones de euros que cada año el presupuesto del Estado destina a políticas activas de empleo.

Cada vez que se habla en la UE y en España de transición justa se habla exclusivamente de extender hasta después de 2030 las ayudas que reciben desde hace más de veinte años las regiones mineras. La transición justa no debe convertirse por los gobiernos en una trampa electoralista sino en la transformación del empleo y la economía a través de las nuevas especializaciones productivas que requiere la transición energética con el uso masivo de la eficiencia energética, la gestión de la demanda y las renovables.

Los que pensaban que el espectáculo garantizaba el resultado de la cumbre, habrán comprobado que el petróleo, el gas y la nuclear, presentes en la COP, se acercan cada vez más al delito de ecocidio, al que apeló el Papa Francisco ante la Asociación Internacional de Derecho Penal.

La ONU exigió acciones más drásticas y en menos tiempo contra el cambio climático, pero también es hora de denunciar a sus responsables.  

Este artículo se publicó originalmente en La Oficina de JGB

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