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El Trineo de Viento cruza el círculo Polar Ártico

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Los expedicionarios del Trineo de Viento, liderados por el explorador polar Ramón Larramendi, están a punto de entrar en la recta final del reto geográfico que supone circunvalar Groenlandia por el interior helado a bordo de un vehículo eólico. Esta semana, acaban de superar uno de los hitos de la expedición: cruzar el Círculo Polar Ártico, impulsados por un viento que en las últimas jornadas ha bajado por una elevada e inesperada subida drástica de las temperaturas.
El Trineo de Viento cruza el círculo Polar Ártico

El Trineo de Viento ya ha recorrido unos 3.300 kilómetros de los cerca de 4.500 previstos y esperan culminar la aventura a finales del mes de junio, saliendo del hielo por el mismo punto por el que el equipo –formado por Manuel Olivera, Eusebio Beamonte, Karin Moe Bojsen, Hugo Svenson y el propio Larramendi– entró en el hielo el pasado 6 de mayo, cerca de la localidad de Kangerlussuaq.

En estos últimos días, los expedicionarios han tenido etapas en las que han superado los 200 kilómetros y otras de ritmo bajo, que se acentúa a medida que se acercan al extremo sur de Groenlandia.  Y es que en sólo 15 días, han pasado de tener temperaturas de hasta 25ºC bajo cero a otras de 3ºC, casi 30º de diferencia. “En todos los años que llevo viajando por esta isla, es la primera vez que tengo tanto calor en el interior del hielo; la subida ha sido prácticamente de un día para otro y provoca que durante las horas de más sol disminuya la intensidad del viento”, afirma Larramendi vía satélite.

Este ‘calor’ ha provocado, además, la descongelación del hielo que había entre los muchos travesaños del trineo. Es entonces cuando han comprobado que algunos de ellos habían sufrido daños al atravesar una dura zona de sastrugis, olas de hielo que se suceden y pueden superar los 70 centímetros de altura. También la nieve, más blanda, dificulta que puedan ir a gran velocidad sin sufrir daños.

“Afortunadamente, aunque nos lleva horas arreglar el trineo, es relativamente sencillo. Es una de las ventajas de no viajar con un vehículo motorizado que requiere piezas sofisticadas. Todo lo podemos solucionar con los materiales que llevamos a bordo sin poner en riesgo que podamos culminar la ruta por culpa de una rotura”, asegura el líder de la expedición, financiada por la agencia de viajes Tierras Polares.

Comida de astronautas
Con alimentos suficientes para aguantar hasta el final, tan sólo les empiezan a escasear el pan y las galletas, y aseguran que la dieta, basada en comida liofilizada, como la de los astronautas, no les está provocando ningún problema. De hecho, afirman que su salud es buena y su estado de ánimo también, aunque inevitablemente sube y baja con la intensidad del viento.

“Lo más importante es no desesperar, tener paciencia y estar siempre vigilantes para aprovechar el momento en el que suba de intensidad e iniciar la marcha”, señala Manuel Olivera, responsable de tomar datos científicos para el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC).

El pasado miércoles, el equipo llegó a la antigua base militar norteamerica Dye-3,  ‘congelada’ en el tiempo hace 25 años. “El interior era como el escenario de una película de ciencia-ficción, con las paredes congeladas, la mesa puesta, las camas sin hacer, y todo en la más completa oscuridad”, relata Larramendi.

Dye-3 formó parte del programa ‘Cadena de Alerta Temprana’, una línea de radares que cruzaba el sur de Groenlandia y que estuvo  en activo hasta los años 60. Después, durante dos décadas (hasta 1989) se utilizó como base científica para realizar estudios internacionales: fue allí donde se encontró, a dos kilómetros de profundidad, hielo fósil con restos de ADN de lo que fue un bosque hace más de medio millón de años. Pero ahora es un lugar ‘fantasma’. enterrado 20 metros bajo la nieve.

Apoyo de científicos
En los últimos días, científicos españoles que trabajan en la Antártida y el Ártico han manifestado su apoyo a este vehículo. Andrés Barbosa, investigador experto en poblaciones de pingüinos y vicedirector de Investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) considera que "el empleo del Trineo de Viento como plataforma de apoyo a la investigación polar puede ser de gran utilidad en cualquier tipo de investigación que se tenga que desarrollar en la meseta antártica". Entre otros, la investigación sobre la presencia de microorganismos, de contaminantes, investigaciones atmosféricas y geológicas o la recolección de testigos de hielo para estudios del pasado".

Leopoldo García Sancho, catedrático de Botánica en la Universidad Complutense de Madrid y premio Príncipe de Asturias de Cooperación, como miembro del Comité de Investigación Científica en la Antártida, asegura que "los científicos debemos tomar nota de este nuevo vehículo que nos permite penetrar en lo más profundo de la Antártida y cubrir distancias enormes con un mínimo apoyo logístico y 0.0 emisiones. Las posibilidades que se abren a los estudiosos de la física, la glaciología y la atmósfera antárticas son evidentes. También el estudio de las perturbaciones químicas en la atmósfera polar provocadas por la actividad industrial en otras zonas del planeta, puede beneficiarse del muestreo desde una plataforma limpia y capaz de desplazarse grandes distancias".

Juan Ignacio López, del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), quien analizará los datos recogidos por el trineo ha comentado, y Ana Cabrerizo, investigadora en el Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Comisión Europea, creen, igualmente, que el Trineo de Viento puede constituir una auténtica revolución en los estudios de estas regiones, permitiendo desplazamientos rápidos y sin apenas impacto ambiental por amplias zonas de hielo.

Más información: Energías Renovables nº 131 (mayo 2014)



 

Tags: Renovables , IRENA , Europe
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