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El parche

Sergio de Otto Miércoles, 07 de noviembre de 2012


No sé de qué estaban hechas aquellas cámaras de la bicicleta de mi juventud que constantemente requerían un parche; un día sí y otro también me tenía que bajar para reparar los pinchazos, con tanta frecuencia que me convertí en todo un especialista en aplicarlos. Un día, un amigo aburrido de tener que esperarme por muy rápida que fuera la maniobra me dijo: “¿no has pensado en cambiar la cámara y dejar de poner parches? Que te están costando más que una nueva”.

Pues bien, alguien debería decirle a nuestra clase política, a este Gobierno y a los partidos de la oposición que dejen de poner parches a un sistema energético caduco y obsoleto. Alguien, no estaría de más que fuéramos los ciudadanos, tiene que convencerles de que es imprescindible que lo reformen de arriba a abajo para adaptarlo a los retos que hoy tiene planteados nuestra sociedad: para hacer frente al cambio climático, para reducir nuestra dependencia energética, para adaptarlo al desarrollo de las nuevas tecnologías, para dar prioridad a las políticas de ahorro y eficiencia y no a las estrategias de las grandes corporaciones basadas en el incremento constante del consumo.

Llevamos demasiados años en los que cada nueva norma destinada a regular la energía no acaba de tener el efecto deseado porque lo que más ha tenido en cuenta el legislador es acomodarla a un marco normativo concebido en otro tiempo, para otras necesidades, con otros actores, con otras prioridades y en otro escenario, en definitiva: un parche. Toda nuestra normativa referida a las renovables, al ahorro o a la eficiencia arrastra ese pecado original de tener que hacerse un hueco en un “tinglado” que no estaba concebido para acogerla. Por eso tantas veces la exposición de motivos que
acompaña a las nuevas reglas del juego es totalmente contradictoria con estas, y esa reglas no tienen nada que ver con la necesidad original, con las posibilidades reales de la tecnología a la que se abre la puerta, porque al final lo que ha imperado no son sus cualidades intrínsecas sino la necesidad de adaptarlas al statu quo.

Son muchos los ejemplos que podríamos traer a colación pero el que me ha inspirado este argumento es la nonata regulación del autoconsumo con balance neto. La espectacular caída de precios de las placas fotovoltaicas (con un precio por kW instalado que ha superado de largo la paridad de red), las ventanas que se abren para la autogeneración con otras tecnologías, la interminable relación de ventajas para el conjunto de la sociedad (ahorro de emisiones y de importaciones), las posibilidades de generación de empleo y reactivación de una industria maltratada, la democratización de la energía que supone convertir a los ciudadanos en productores, gestores y usuarios de la energía para dejar de ser consumidores cautivos, todo quedará relegado para que el nuevo decreto apenas tenga incidencia en nuestro sistema eléctrico no vaya a ser que toquemos –aunque sea de refilón–, los intereses de los que ya estaban ahí y cuya medida se hacen todos los trajes.

Será un parche como lo han sido los más de diez decretos para las renovables, como lo ha sido el reciente incremento de los pagos por interrumpibilidad, el cargar a última hora en los presupuestos parte de las primas, y tantos, y tantos parches. Y como no debería ser un parche más es hora de cambiar la cámara de la bicicleta, es hora de cambiar el modelo energético. De verdad, nos va a salir más barato.

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Pablo Ruiz
Magnífico artículo. Se puede decir más alto pero no más claro.

I.Maule
Diagnóstico perfecto. Sólo con una pega: los 'parches', nunca han pretendido defender a las renovables, sino a las eléctricas de siempre. En todo caso, coincido en que el modelo tiene que cambiar de arriba a abajo, y que la lista de beneficios es innumerable, como muy bien se señala. todosobreenergia.com

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