sergio de otto

Un paso al frente (ER 88)

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Sergio de Otto
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Podría dedicar estas líneas una vez más a relatar el parte de la ofensiva anti-renovable, a denunciar las incoherencias y mensajes contradictorios que desde el Gobierno han surgido en las cuatro últimas semanas en un suma y sigue inacabable, a comentar las barbaridades que tres “expertos” son capaces de escribir para acabar diciendo que España necesita ocho centrales nucleares cuando tenemos a la mayor parte del parque de generación ocioso, podría dedicarlo al revolcón que le han dado en Bruselas al infumable proyecto de incentivar la quema de carbón. Sí, la actualidad ha dado mucho de sí este mes pero vamos a mirar en esta ocasión hacia casa, hacia el mundo renovable.

En efecto, podría escribir cada mes no una columna sino una revista entera comentando los pasos en falso que se dan desde las administraciones, la defensa de intereses particulares descaradamente disfrazados de apelaciones a la seguridad estratégica argumentados en fantasiosas contabilidades o a las simplificaciones absurdas del debate energético en muchos medios. Pero en esta ocasión me voy a referir a lo que sucede a este lado, a esta orilla en la que estamos los que creemos y trabajamos (aunque no siempre coinciden las dos circunstancias) en las energías renovables porque, reconozcámoslo, vamos perdiendo la batalla en la opinión pública o, para ser más exactos, en la “opinión publicada” (que no es lo mismo) según el acertado juego de palabras de Felipe González cuando era presidente y no se había convertido en profeta del pasado.

La primera constatación de lo que ocurre a este lado es la división absoluta no sólo en la atomización de la representación del sector renovable sino también en los planteamientos de partida en los que la defensa de cada tecnología ahonda en las diferencias y diluye la supuesta existencia de un sector renovable.

¿Existen unos intereses comunes de las energías renovables? ¿Es posible todavía la defensa conjunta de las renovables? ¿Es necesario? Respondiendo a la primera y la última diría que sí, para la segunda tendría mis dudas pero también me inclinaría hacia la respuesta positiva. Podría poner el ejemplo de UNESA que durante tantos años defendió (podría decir ordenó) perfectamente los intereses de las eléctricas que empleaban distintas tecnologías convencionales. Sí, es cierto, eran cuatro repartiéndose la tarta y no existía la ebullición actual en el mundo energético.

Nosotros somos miles de actores, centenares de empresas, incluidas las que tienen intereses en la otra orilla (seguiremos con esta terminología) y ese es el segundo factor determinante que explica lo que sucede de este lado, del que no surgen suficientes voces claras, altas y rotundas. La bajada de la demanda y los errores estratégicos en sus inversiones, como apuntaba en el número anterior, han dejado al descubierto que ciertas apuestas renovables, eso sí muy bien publicitadas, estaban supeditadas a otros intereses de las tecnologías convencionales que no son los del conjunto de la sociedad pero que tienen mucha más fuerza para hacerse oír en esta batalla.

En este escenario y desde este lado no hay un discurso, ni único, ni con la fuerza suficiente para imponerse, al menos, como interlocutor de los adversarios. Hay tímidas iniciativas, entidades que de forma inconexa con el resto dan pasos en la buena dirección pero que desgraciadamente pasan desapercibidas.

Desde el sector de las renovables tenemos que dar un paso al frente: separar el trigo de la paja, hacer autocrítica de lo que se ha hecho mal para medirlo en su justo término y que no salpique y comprometa el futuro de todo el sector; debemos ser los primeros en hacer un planteamiento global de futuro que racionalice los costes y maximice su eficiencia; tenemos la obligación de crear los canales capaces de intervenir con toda la fuerza necesaria en este apasionante debate del modelo energético.

Hace unos años elogiaba la iniciativa de Greenpeace cuando publicaba su “Renovables 100 por cien” como un documento de partida sobre el que teníamos la obligación de profundizar y denunciaba que nos hubiera correspondido a nosotros, al sector, la iniciativa y la financiación de la misma. La organización ecologista ha seguido enriqueciendo el debate con nuevos documentos mientras el resto seguimos formando parte de un coro desafinado. Tenemos que dar un paso al frente, estamos perdiendo la guerra, aunque tengamos la razón y la Historia vaya a nuestro favor.

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