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Artículo de Daniel Carralero, fundador del Observatorio Crítico de la Energía

¿Cuánto producen realmente las energías renovables?

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Integrado por un grupo de jóvenes físicos, ingenieros, arquitectos y ecólogos, el Observatorio Crítico de la Energía (OCE) se forjó a principios de 2007 con el objetivo de "comenzar una actividad pública orientada a contribuir a la transformación y regeneración del sistema democrático". Según explican en su portal, "los principios fundamentales sobre los que se organiza dicha actividad, principios recogidos en nuestro Manifiesto Constitutivo, tienen su origen en una crítica a la insostenibilidad ecológica y económica de nuestra sociedad y a la degradación de la cultura democrática". El OCE se define, así, como "un foro de discusión y análisis en el que se intenta generar un discurso riguroso e informado para abordar estas cuestiones desde una postura que combine la solvencia del método científico con la conciencia política y social". Daniel Carralero, que es uno de los fundadores del OCE y el autor de este artículo, reflexiona aquí sobre "la creciente relevancia de las renovables en nuestro mix y cómo este hecho, sin embargo, no encuentra eco en el mensaje oficial".
¿Cuánto producen realmente las energías renovables?

De acuerdo con el discurso que se escucha desde muchos medios de comunicación, se diría que las renovables son una especie de lujo bienintencionado que mantuvimos mientras éramos un país rico pero al que quizá ahora tenemos que renunciar, unas tecnologías un tanto quiméricas que se sostienen solo a base de subvenciones públicas y que nunca serán capaces de producir por sí solas cantidades decisivas de electricidad. Ese tipo de generación, continúa el relato, sólo puede existir porque a la hora de la verdad tenemos fuentes de generación "serias" y "confiables" a las que recurrir. Principalmente, fuentes como las grandes centrales nucleares y las termoeléctricas (de gas y carbón). Al fin y al cabo, el sol se pone por la noche, y el viento solo sopla a veces, mientras que nuestra necesidad de electricidad no puede depender de tales cosas.

Este relato es evidente e interesadamente caricaturesco, pero, a pesar de ello, goza de bastante aceptación social: para una buena parte de la opinión pública, las energías renovables siguen en un estado de inmadurez tecnológica que las hace prácticamente irrelevantes. Se ha llegado a crear un a modo de "sentido común" según el cual los paneles y los molinos están muy bien, pero, cuando tienes una fábrica o una ciudad grande, necesitas energía "de la buena", de la de toda la vida. También es cierto que mucha otra gente es más o menos consciente de que las energías renovables han experimentado un fuerte desarrollo en la última década y, afortunadamente, a una clara mayoría social esto le parece algo positivo en sí mismo. Sin embargo, incluso entre este otro segmento social existe finalmente la percepción generalizada de que la generación renovable sigue siendo algo en el mejor de los casos relativamente excepcional, que solo supone cantidades significativas de energía durante transitorios cortos (en los que hay mucho viento o mucho sol) y que todavía estamos muy lejos de poder plantearnos un mix (combinación de las diferentes fuentes de energía que cubren el suministro eléctrico de un país) basado únicamente en fuentes de energía limpias. Si es que tal cosa algún día es posible.

Frente al discurso oficial, los datos
Sin embargo, mirando los datos de generación que ofrece Red Electrica de España, vemos que todas estas ideas -si bien podían ser más o menos correctas hace algún tiempo- tienen muy poco que ver con lo que sucede en realidad: las renovables, lejos de ser minoritarias, han pasado a ocupar un puesto decisivo en el mix energético español. Tomando las cifras del primer semestre de este año, vemos que prácticamente la mitad de la electricidad procedió de fuentes renovables. En particular, los aerogeneradores han producido más energía que todas las centrales nucleares o que todas las centrales térmicas juntas. Promediando durante seis meses, no en un pico de unas pocas horas de viento huracanado.

Ciertamente este está siendo un año en el que, por diversos motivos, los embalses están aportando más de lo que resulta habitual, lo que hincha un poco las cifras. Sin embargo, incluso sin tener en cuenta la generación hidráulica, la capacidad de generación que han demostrado las otras renovables sigue superando el 25% del mix, independientemente de las precipitaciones de este año. Durante el mes de abril de este año, las renovables generaron más de la mitad de la energía eléctrica, con la solar (térmica más fotovoltaica) produciendo más que el carbón o el ciclo combinado. Por el contrario, en ese mes la suma de térmicas convencionales más nuclear supuso menos de la tercera parte del mix. El que se pueda alcanzar unas cifras como estas durante un periodo tan largo como un mes no sólo pone de relieve el potencial de generación de estas tecnologías, sino que también supone una demostración práctica de que nuestra red eléctrica es capaz de integrar de manera sostenida un mix en el que más de la mitad de la generación es renovable (incluso con picos, como el de abril de 2012, en el que solo la eólica cubrió más del 60% de la demanda).

Estos datos no hacen más que confirmar lo que es una realidad técnica: la energía eólica alcanzó su madurez tecnológica hace ya diez años, y hoy -a pesar de que los precios de los hidrocarburos todavía no han subido dramáticamente- compite casi en pie de igualdad con las formas tradicionales de generación. En el caso de la solar, justo en la actualidad se está viviendo un verdadero momento de eclosión en el que los rendimientos energéticos y económicos de los paneles fotovoltaicos se duplican cada pocos años, mientras la cantidad de metros cuadrados instalados crece exponencialmente en todo el mundo. La importancia estratégica que esta tecnología va tener en los próximos años se hace evidente por ejemplo cuando vemos que la Unión Europea, cuya escasa capacidad para tomar iniciativas comunes en política exterior es bien conocida, abandonó recientemente su habitual doctrina librecambista neoliberal para negociar con China (véase ER 123) un acuerdo de precios mínimos en el panel solar que garantice la supervivencia de la industria fotovoltaica europea (principalmente alemana). Está por ver si no es demasiado tarde ya para este tipo de medidas, pero, en todo caso, supone toda una declaración de intenciones (véase también El País Economía).

¿Un sueño-país o una pesadilla para Unesa?
En nuestro país, la evolución de la generación solar y eólica en los últimos quince años es sencillamente espectacular: como se puede ver en el gráfico de abajo, desde 1998 hasta la actualidad, han pasado de la completa irrelevancia (menos del 1% de la generación) a superar el 20% el año pasado, y de ahí a las cifras mencionadas antes en este año. 

No obstante todo lo apuntado, seguimos escuchando tanto al gobierno como a los directivos de las grandes eléctricas decirnos todos los días que las energías renovables son un sueño imposible, cuando no un despilfarro peligroso, y vemos como cada pocos meses se toman medidas legales que obstaculizan su desarrollo o que incluso castigan retroactivamente las instalaciones ya existentes. Con ello, la gran patronal eléctrica, Unesa, trata de salvaguardar los ingentes beneficios del oligopolio eléctrico de nuestro país, amenazados por una tecnología que permitirá descentralizar la generación eléctrica y hacerla más democrática, al reducir, en gran medida, la dependencia de la ciudadanía de las grandes centrales que solo las corporaciones como Iberdrola, Endesa o Gas Natural pueden mantener.

Sin embargo, es un empeño inútil: si, en España, a pesar de toda la presión ejercida contra las renovables desde que comenzó la crisis hemos logrado alcanzar en década y media las cifras de este año, ¿qué pasará la próxima vez que los precios del petróleo o el gas se dupliquen? ¿Qué pasará dentro de diez años más, cuando el precio de los paneles fotovoltaicos sea todavía inferior? Las renovables no sólo son una obligación moral por las emisiones de gases de efecto invernadero que evitan, sino que son probablemente la mayor revolución tecnológica industrial de las últimas décadas. No obstante, como sucede con todas las tecnologías emergentes, las renovables no se desarrollan por sí solas excepto en aquellos lugares en los que se realiza una inversión adecuada, en los que se les garantiza una estabilidad económica suficiente para desarrollar una economía de escala que abarate suficientemente los costes. España fue uno de esos lugares hasta hace poco, y hoy podemos enorgullecernos de haber producido más de la mitad de nuestra electricidad durante seis meses sin emitir ni un gramo de CO2 y sin comprar ni un barril de petróleo.

No hay ninguna duda de que la generación renovable acabará imponiéndose a medio plazo. Sin embargo, todavía está por ver si, por defender durante unos pocos años los intereses de un puñado de empresas e individuos privilegiados, no acabaremos perdiendo esta posición de liderazgo y -como tantas veces en la triste historia de nuestro país- llegaremos a esta revolución tecnológica tarde, mal y a remolque de otros que sí habrán tenido la valentía y la visión suficientes para apostar por ella.

 

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