javier garcía breva

Las contradicciones de la Unión de la Energía

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La Comisión Europea publicó el 25 de febrero de 2015 la Comunicación sobre el marco estratégico para la Unión de la Energía. Más que una “política clarividente en materia de cambio climático”, como indica su título, es una expresión de las contradicciones en el seno de la UE para avanzar hacia una economía descarbonizada y orientada a reducir las importaciones energéticas.

Se confirmó el acuerdo del Consejo Europeo que rebajó los objetivos de energía y clima para 2030, lejos de la Hoja de ruta para 2050, aprobada en 2011, que incluía objetivos más ambiciosos y dejó libertad a los Estados miembros para que cada cual elija el mix energético que quiera.

A la vez que preocupa la elevada dependencia energética de Europa, un 53% que sigue creciendo y 400.000 millones de coste anual, la principal medida de seguridad energética es reforzar el gas en el mix energético europeo diversificando las fuentes de aprovisionamiento a través del corredor sureste para importar gas de los países de Asia Central, Azerbaiyán y Turkmenistán. Se va a elaborar una estrategia para aprovechar el potencial de GNL, incluso para importarlo desde EEUU, y se tendrán en cuenta los recursos de gas esquisto. La Comisión quiere poder de veto sobre los contratos comerciales de suministro.

Se reformula la relación con Rusia, mientras se confirma que seguirá siendo un gran suministrador de Europa y que el gas sigue excluido del marco de sanciones por el conflicto de Ucrania. El Foro Económico de San Petersburgo, en junio de 2016, lo ha confirmado plenamente. No se establece ningún objetivo para reducir la dependencia energética y las renovables se contemplan como complemento para descarbonizar el mix energético. Se pretende que Europa sea líder mundial en renovables y, a la vez, el primer importador mundial de gas.

Se recupera el objetivo del 10% de capacidad de interconexión para 2020, aprobado en 2002, para el que se estima una inversión de 200.000 millones de euros en diez años que deberán asumirse en su mayor parte por el sector privado ya que la Comisión solo dispone de 5.850 millones. Se espera la ayuda del fondo Juncker que invertirá 315.000 millones en los próximos tres años, pero el 90% deberá ser también inversión privada. Nadie sabe aún cómo se va a atraer esa inversión.

A la hora de señalar las principales vulnerabilidades en la integración de los mercados energéticos, la Comisión las concreta en la región del Báltico y la Europa central con el sureste. En coherencia, los únicos proyectos que han tenido cierto avance han sido el refuerzo de la interconexión báltica desde Rusia a Alemania, Nord Stream 2, y la primera piedra en Salónica del gasoducto Transadriático (TAP) para traer el gas de Azerbaiyán hasta Italia. La Comisión Reguladora de la energía de Francia sigue cuestionando las interconexiones con España y se ha iniciado la importación de gas no convencional desde EEUU.

La Comisión propone un nuevo perfil de consumidor que participe en el sistema eléctrico a través del autoconsumo, el balance neto, el contador y redes inteligentes y que pueda generar la energía que necesite consumir. El acceso a los servicios energéticos y a las tecnologías inteligentes se considera como la mejor protección al consumidor. La eficiencia energética se declara como una fuente más de energía que debe competir en igualdad de condiciones con las demás fuentes de generación y se valora su impacto en el crecimiento económico y el empleo.

La eficiencia energética es el único instrumento de Bruselas para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y así se ha destacado tanto en el paquete de medidas del verano de 2015 como en la Estrategia de Calor y frio de 2016. Frente al diseño de nuevas infraestructuras centralizadas para asegurar el suministro y transporte de gas a Europa se plantea sustituir el consumo de gas y petróleo por renovables en los edificios y el transporte a través de la generación distribuida, el autoconsumo y el vehículo eléctrico.

Europa pretende avanzar en la descarbonización de su economía y para ello propone convertirse en líder mundial en renovables, pero sin revisar sus objetivos ni establecer cuotas obligatorias para los gobiernos. A pesar de que la Comisión Europea dispone de informes que afirman que las renovables podrían suministrar hasta el 60% de la electricidad de Europa en 2030, se conforma con un mediocre objetivo del 27% y sin olvidarse de “los combustibles fósiles menos contaminantes”, el gas esquisto, la captura y almacenamiento de CO2 y las nucleares.

La única propuesta realmente europeísta de la Comunicación de Bruselas es el impulso a la inexistente política exterior energética de la UE, sin analizar que es consecuencia de la falta de una política energética común. La propuesta de la Comisión, al mantener la libertad de cada Estado miembro para hacer su propia política energética, tiene poco de Unión de la Energía y más de respuesta precipitada y ambigua ante los movimientos del presidente ruso después de los acontecimientos en Ucrania.

La Cumbre del clima de París, en diciembre de 2015, y el compromiso de reducir un 40% las emisiones en 2030, ha vuelto a dejar constancia de las contradicciones de la estrategia europea de clima y energía al utilizar la renta per cápita como factor para repartir el esfuerzo. Europa lideró la transición energética en la pasada década gracias a los objetivos 20 20 20 en 2020. Ese liderazgo ya se ha perdido a favor de competidores, como EEUU y China.

Es preciso volver a los objetivos de renovables, eficiencia energética y CO2 de la Hoja de ruta para 2050 y que sea el Acuerdo de París sobre el clima el que determine la política energética común y no la geopolítica de los combustibles fósiles.

Este artículo ha sido publicado originalmente en tendenciasenenergia.es

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