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Sixto Malato: “No hay una legislación estricta que obligue a limpiar compuestos no biodegradables"

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Sixto Malato ha sido galardonado con el Premio Jaime I en la categoría de Protección del Medio Ambiente. Este doctor en Ciencias Químicas e investigador titular del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) ha desarrollado la tecnología necesaria para la descontaminación de aguas con compuestos no biodegradables, y lo ha logrado utilizando el sol.
Sixto Malato: “No hay una legislación estricta que obligue a limpiar compuestos no biodegradables"

Lo han llamado detoxificación solar. ¿De qué estamos hablando?
La palabra detoxificación procede de un anglicismo (detoxification) que ha quedado ahí. En castellano digamos descontaminación por energía solar y terminamos antes. Es un proceso que se conoce desde principios de los años 70. Lo describió un investigador japonés que descubrió que cuando se iluminan con una luz de una longitud de onda determinada ciertos semiconductores se produce una reacción que libera radicales. A mediados de los 80 otros investigadores intentaron hacer eso mismo echando esa sustancia en el agua y se dieron cuenta de que los radicales que se producen tienen la capacidad de destruir las moléculas orgánicas que hay en el agua. Además empezaron a mostrar que si se usa el semiconductor adecuado la longitud de onda que se necesita está en el sol.

Y en los 90 usted llega a la Plataforma Solar de Almería
Llego a la PSA con Julián Blanco y se nos encarga hacer unas instalaciones desde un punto de vista industrial en las que usemos el sol aprovechando el know how que había en ese momento, con el asesoramiento de los científicos que lo habían descubierto a nivel de laboratorio. Construimos los primeros fotorreactores y lo que en el laboratorio se hacía a nivel de mililitros, nosotros lo hicimos a nivel de cientos de litros. Ese fue el comienzo que nos ha llevado hasta aquí siguiendo la filosofía de la PSA, desarrollo tecnológico de plantas piloto a escala preindustrial.

¿Cómo hacen la descontaminación de aguas con compuestos no biodegradables?
Al agua le añadimos un semiconductor sólido. El que más se usa es óxido de titanio. Es un sólido de color blanco, parecido al talco, que encontramos en la pasta de dientes, en las cremas solares... Es un compuesto muy barato que se añade al agua. A partir de ese momento se ilumina y ocurre el proceso de descontaminación. Después ese sólido lo recoges por filtración o por sedimentación y a partir de ese momento el agua está en condiciones de verter al medio ambiente sin que se produzca la sedimentación de los elementos no biodegradables que son peligrosos cuando se acumulan. Es así de sencillo, lo que ocurre es que alrededor tiene todo un proceso de optimización, los fotorreactores, la cantidad de catalizador, el tiempo de iluminación…

¿Por qué con compuestos no biodegradables?
Porque no está resuelto. Son compuestos muy tóxicos que se generan en aguas residuales de muchas industrias que no tienen caudales muy altos, los plaguicidas es un ejemplo, y que además no son biodegradables. Las plantas de las depuradoras no las puedan tratar. Cuando alguien tira agua de ese tipo en la depuradora te puedes encontrar dos efectos. Que pase por la depuradora y termine en el mar porque no se trata, o puede producir el efecto pernicioso que sea tóxico para la depuradora y mate la fauna microbiana que hay en la depuradora y te la pare. Nuestra tecnología se focaliza en ese tipo de compuestos.

¿Qué puede tirar cualquier persona que produzca ese efecto?
Un antibiótico si lo tiramos por el sumidero de nuestra casa llegaría a la depuradora. Si se echaran muchos se podría matar a la fauna microbiana que hay en una depuradora. Generalmente echamos poca cantidad, entonces lo que sucedería es que saldría de la depuradora y llegaría al mar.

¿Y a nivel industrial?
Nuestro trabajo está pensado para aplicaciones en, por ejemplo, la industria textil. Entre los contaminantes menos biodegradables que hay están los colorantes, los que utilizamos para teñir. Son compuestos muy resistentes, están diseñados, los sintetiza la industria, para que sean muy resistentes, para que los colores no desparezcan. Entonces automáticamente la gran mayoría de ellos son no biodegradables. Otro caso típico son las avionetas que irrigan plaguicidas. Hay que limpiar los depósitos de esas avionetas, esa agua sería muy tóxica, no podrías tirarla en ningún sitio.

Estamos hablando de una aplicación clara, concreta y factible. ¿Por qué no se utiliza de forma generalizada?
Falta un detalle. No hay legislación lo suficientemente restrictiva con ese tipo de cosas ni en España, ni en Europa ni en el mundo en general. Son contaminantes muy tóxicos pero en cantidades muy pequeñas. No hay una legislación estricta que obligue a una aplicación comercial y rutinaria. Ni la legislación, ni los controles. Se vierten cosas de todo tipo, son pequeñas cantidades, se van diluyendo, llegan a la naturaleza. Se están acumulando y terminaremos encontrándonos el problema a no muy largo plazo.

¿Puede cuantificar que cantidad de agua con compuestos no biodegradables se vierte?
Sin demasiado error sería un factor de 1.000 veces inferior al vertido de agua normal. Por ejemplo, una ciudad como Almería vierte alrededor de 50.000 ó 60.000 metros cúbicos por día de agua biodegradable. Esto significa 50 ó 60 metros cúbicos de agua no biodegradable por día.

¿Y qué sucede con ella?
Los contaminantes están ahí y cuando se encuentran con el otro agua se diluyen y al final se acumulan en la naturaleza, ese es el problema. Y se acumularán hasta que nos los encontremos en el agua potable.

¿Hay algún caso?
Yo conozco un caso paradigmático que he estado investigando. En Martinica y Guadalupe, en el Caribe, se dedicaron durante los años 60, 70 y 80 a aplicar sistemáticamente un pesticida a los cultivos de banana. Ese pesticida se prohibió a principios de los 90. En 2009, veinte años después, se produjo una alerta sanitaria porque ese pesticida apareció en el agua potable. Se hizo un estudio y se dieron cuenta de que el plaguicida que se aplicó como es no biodegradable y muy persistente está retenido en el suelo y con el agua de lluvia se fue transfiriendo a los sedimentos llegando a los pozos de agua potable y a los sedimentos marinos. Lo llegaron a encontrar en las gambas. Estaba por todos sitios. Nos llevaron a un grupo de 25 expertos de todo el mundo para buscar una solución. La acumulación de los componentes no biodegradables es un problema muy serio.

Existe el problema pero también la solución.
El proceso que nosotros hemos hecho con solar se puede hacer con otras tecnologías. Por ejemplo con lámparas de luz artificial o con ozono. Todas se enfrentan al mismo problema, pero la aplicación práctica está viéndose coartada por la falta de necesidad, porque la legislación no es fuerte.

Supongamos que existiera una legislación y unos controles rigurosos como para que fuera obligatorio el tratamiento de descontaminación. ¿Sería asumible económicamente?
Sí. No es un coste muy alto. Influiría muy poco en la cuenta de resultados de las empresas. El tratamiento de agua no es caro.

Por ejemplo en la industria textil. ¿Cuánto incrementaría sus gastos?
Un 1 ó 1,5%. En muchos casos sería irrelevante. Pero el motivo de que no se implanten cosas como éstas no es por una cuestión de costes, sino porque como no me obligan para qué me voy a molestar. Ese es el matiz, que no le ven la necesidad.

¿Han ido más allá de una planta piloto en la PSA?
Tenemos muchas instalaciones que se han ido desarrollando con el paso del tiempo en el contexto nacional y europeo. Hay plantas demostración puestas en algunos lugares, hay plantas piloto en algunas industrias. El proceso no se ha restringido a hacer una planta piloto en la PSA. Por ejemplo en Almería hay una planta comercial muy específica para un problema muy concreto. En la zona de los invernaderos se utiliza una gran cantidad de plaguicidas. A principios del año 2000 se vio la necesidad de hacer un plan de saneamiento de la zona de los invernaderos y surgió el tema de los envases de plaguicidas usados, que estaban tirados y mezclados con la basura normal. Se puso en marcha un plan de reciclado. Se colocaron contenedores específicos para recibir esos envases vacíos, semivacíos o caducados. Mediante un proyecto Life apoyado por la Unión Europea se instaló una planta para recibir todos esos envases de plaguicidas, triturarlos, lavarlos, reciclar el plástico y el agua que procedía del lavado se está limpiando con nuestra tecnología. En total unos 3 millones de envases. El coste del envase de plaguicida se ha incrementado un 1% para financiar el tratamiento. Con una planta de captadores de 150 m2 se tratan las 30.000 hectáreas de invernaderos que hay en Almería.

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