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Santiago Ochoa de Eribe, director de la cooperativa Goiener

“Lo de las distribuidoras está siendo un absoluto desastre”

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GoiEner se define como "un proyecto cooperativo de generación y consumo de energía renovable con el que se quiere recuperar la soberanía energética". La cooperativa considera la energía y, en particular, la eléctrica, "un bien básico de nuestra sociedad, casi tan básico como la comida o el agua", y, habida cuenta de ello, GoiEner "quiere que la ciudadanía recupere el control sobre este tipo de bien básico y se conciencie sobre su importancia, promoviendo un consumo responsable y sostenible de la energía".
“Lo de las distribuidoras está siendo un absoluto desastre”

Acaba de cumplir 10 años, tiene ya 15.649 socios y, como comercializadora que es (pero no solo, ni mucho menos), ha superado los 20.000 contratos. GoiEner es una cooperativa sin ánimo de lucro, que entiende las cooperativas como "entes locales y que impulsan economía cercana a su entorno". Es por ello -dicen- que, aunque puede comercializar a nivel peninsular, ha decidido centrarse preferentemente en Euskadi y Navarra, "aunque ayudaremos a impulsar cooperativas de ámbito local en todo el estado". Todos los beneficios que consigue mediante la comercialización de la electricidad (energía exclusivamente verde) los revierte de nuevo en la cooperativa, y las propias personas socias de la misma deciden en asamblea a qué destinar esos beneficios. Entrevistamos a su director general, Santiago Ochoa de Eribe.

Goiener es un proyecto ciudadano, cooperativo, energético, que nació en 2012 y que, entre otras cosas, comercializa electricidad de origen renovable, promueve proyectos de generación, de autoconsumo... Bien, ¿qué está haciendo Goiener en materia de comunidades energéticas?
Pues llevamos al menos dos años trabajando en la difusión de las comunidades energéticas, pero en 2021 todo se ha disparado. Hemos tenido alrededor de 100 - 120 encuentros con ayuntamientos, interesados en este tema, en este concepto, en las posibilidades que entraña. Estamos dando charlas en todas partes. Estamos elaborando una guía propia sobre cómo -desde nuestra perspectiva, desde la perspectiva de la participación ciudadana- se debería facilitar un proceso de creación de comunidad energética. El ayuntamiento de Vitoria nos ha contratado para dar, durante estos seis meses, hasta 18 charlas en la ciudad, en distintos barrios, con el objeto de hacer concienciación. Y ya hemos constituido una pequeña comunidad, en un municipio de Gipuzkoa, en Orexa; estamos trabajando en dos proyectos en Hernani (probablemente alguno más), que son un poco los siguientes, tras el de Orexa, y que no solo será generación, sino que es más amplio, incluye prestación de servicios, asesoramiento en materia de eficiencia energética, medidas para paliar pobreza energética...; y tenemos en total trece proyectos que están en diferentes etapas: fase de definición, de diseño, de cocreación de la comunidad energética.

Empecemos por Orexa.
Se trata de una instalación solar fotovoltaica que se encuentra sobre la cubierta del frontón. Hay unas 50 familias asociadas a ese proyecto. Casi todo el pueblo: es un pueblo pequeñito, y básicamente están asociados todos los puntos de suministro... salvo alguno que quede más alejado físicamente, pero yo diría que el 98% entra en el proyecto. Esta iniciativa ha venido en buena parte impulsada, financiada, por el propio ayuntamiento, y a través de diferentes líneas de ayudas. De la Diputación de Gipuzkoa, por ejemplo. Las personas asociadas la comunidad no han tenido que poner nada de su bolsillo en este caso, que ha sido un poco peculiar, porque ha recibido, como digo, mucho apoyo. La figura jurídica que ha adoptado esa comunidad es la de cooperativa.

Pero, ¿qué hace exactamente Goiener?
Acompañamos en todo el proceso de creación de la comunidad. Asistimos técnica, jurídica, económica, financieramente. Y uno de los aspectos que se toca es precisamente la necesidad, o la conveniencia, de la autofinanciación... Que sean las personas socias de la futura cooperativa, o comunidad energética, las que autofinancien. Insisto en esto porque el caso de Orexa es bastante singular, porque ha venido muy financiado. Lo que nosotros hacemos en todo caso es dar herramientas para que la comunidad tome sus propias decisiones: ¿quieres autofinanciar? ¿En qué cuantía? ¿Financiación externa o ayudas? Y, así, cada comunidad va haciendo su propio camino. Y unos ponen un dinero, y a lo mejor otros ponen más... o menos... o buscan la financiación fuera. Un poco a medida.

¿En función de qué criterio se reparte la electricidad?
Lo que hacemos en Goiener es un proceso de optimización entre la producción y los perfiles de consumo. Buscamos el máximo ahorro para cada uno de los puntos, maximizando la cantidad de energía que se autoconsume directamente. Así que va a depender de cuánto consumes, cómo consumes... Por ejemplo, en Hernani, donde hemos hecho los cálculos, no es lo mismo el nivel de autoconsumo que percibirá un pequeño comercio que abre en el horario solar, que el autoconsumo de un doméstico, que en horario solar apenas consume. Así que lo que hacemos es que, aparte de los coeficientes de reparto que van a impactar a ahorros, proponemos utilizar también esos coeficientes como una referencia de cómo sería el nivel de contribución (en el caso de realizar aportaciones a capital). Quiero decir: si tengo que poner un dinero para financiar la instalación, pues que sea proporcional a mi capacidad de ahorro, al ahorro que me va a generar el participar.

El gobierno vasco ha creado una sociedad (Ekiola) para impulsar la formación de cooperativas ciudadanas de generación renovable. Ekiola es fruto de la colaboración público privada entre, concretamente, el Ente Vasco de la Energía (EVE) y la ingeniería promotora Krean, integrada en la Corporación Mondragon. ¿Cómo lo ve Goiener?
Vamos a ver. Estás creando una sociedad donde tienes alguien que tiene un interés directo en participar en la construcción de instalaciones, que es el que está promoviendo todo el negocio, y al que le está respaldando el ente público. Nosotros no hacemos instalaciones. Nosotros lo que estamos haciendo es un acompañamiento en la creación de la comunidad, y luego es la propia comunidad la que va identificando y decidiendo cómo se hacen los proyectos, con quién se hacen, etcétera. Nos gusta que Ekiola esté promoviendo el cooperativismo. Lo que ocurre es que es un cooperativismo un poco vertical. No hay un proceso participativo en la creación de la cooperativa, sino que ya viene todo predefinido. Es un modelo verticalista, un top-down: viene de arriba a abajo, predefinido, paquetizado. Ciertamente esa también es una fortaleza: lo tengo todo atado y no tengo más que replicarlo. Y... si tienes colectivos que quieren justo eso... pues puede encajar y puede ser efectivamente un éxito. Pero, para nuestra forma de entender y de vivir el cooperativismo en la energía, y en los procesos de participación... pues se queda cojo. Nosotros evidentemente progresaremos más lentamente, pero lo que estás queriendo es construir comunidad. Y eso supone unas dinámicas de fortalecimiento de las comunidades existentes, procesos inclusivos, procesos participativos, que no son fáciles, pero que permiten integrar diferentes miradas, visiones, intereses, sinergias, con otras iniciativas de carácter comunitario que existen a nivel de municipio. Eso es lo que nos parece importante. Construir comunidad. La verdad es que con Ekiola todo se ha disparado.

¿Cómo que se ha disparado?
Sí, lo que comentaba al principio... Hemos cerrado 2021 con cien, ciento veinte encuentros con entidades locales, y ahora mismo te diría que tenemos por delante entre ochenta y cien más en el ámbito de País Vasco y Navarra. Y muchas de las iniciativas, muchas de las entidades que nos llaman, lo hacen por reacción a este modelo de Ekiola, que es un modelo que la propia institución pública ha forzado.

¿Forzado?
Vamos a ver, ha habido muchos sitios donde se han forzado reuniones con las entidades locales, planteando que hay que juntarse tal día porque vamos a hacer una presentación de esto. Y, después de la presentación, el discurso ha sido: “bueno, ¿quién se apunta? Tenéis quince días”. ¿Y qué ha pasado? Pues que ha habido una reacción bastante potente de mucha gente, de muchas entidades locales que ya nos tenían un poco eferenciados, o que ya nos conocían, que nos han buscado para preguntarnos: “oye, ¿no tenéis nada que decir al respecto?”. Gente que ha venido a decirnos... “pero, ¿y esto qué es? ¿A cuento de qué vienen estas prisas?”. Y es que... al final... todo ese modelo conlleva un compromiso de presupuesto público, de mil cosas... El asunto del autoconsumo y las comunidades energéticas se ha puesto de moda... y ese ponerse de moda... en algunos casos... ha venido también con esta especie de marcha forzada que ha establecido la administración a nivel regional, el Gobierno vasco, y en algún caso también las diputaciones forales. Y claro, la reacción, sin nosotros hacer nada, ha sido la de “oye, ¿qué opináis vosotros sobre esto?”. Porque nosotros antes de esto ya teníamos un discurso, una propuesta. Yo creo que la diferencia principal es que nosotros no ofrecemos un paquete-producto. Estamos ofreciendo un proceso: nosotros te ayudamos a buscar soluciones, te presentamos diferentes posibilidades. Goiener no va a venderte un servicio. Los otros formatos son más paquetizados, te estoy vendiendo algo en el que hay un agente que tiene interés en colocar... Y... bueno, la gente lo ve y hay gente que le gusta, lo coge, y ya está.

¿Cuáles son las barreras principales a las que se enfrenta la construcción de una comunidad energética?
En nuestro caso, como lo nuestro es un proceso con un fuerte componente social, la barrera principal es la de identificar un grupo promotor que quiera empujar el proyecto. Nosotros ayudamos, acompañamos, pero ese grupo propio es fundamental. Es lo que llamaríamos el proceso puente: primero hay gente que dice “oye, a mí esto me interesa, quiero poner esto en marcha”; a continuación esa gente comienza a trabajar, y lo hace normalmente con una vocación de tiempo libre, más voluntaria; pero hay un momento en el que suele ser necesaria una cierta profesionalización de esa comunidad energética, y lo que hay que hacer es intentar reducir el plazo entre ese voluntarismo inicial y la necesaria profesionalización, que haya gente que se pueda ir dedicando al tema. Ese es uno de los elementos clave.

¿Y eso cómo se consigue?
Se consigue con líneas de financiación, con ayudas de diferente naturaleza. Esta ha sido una reivindicación que le hemos hecho en su momento al IDAE. Y creemos que las líneas de ayuda CE Aprende y CE Planifica del IDAE van a ir por ahí. Mira, si queremos que la gente tome el control, y que sea ella la que de verdad decida, pues hay que darle un apoyo. Y ese apoyo muchas veces lo que precisa es un pequeño impulso económico... para poder liberarte, tener tiempo, aprender, formarte... Porque vas a tener que dedicarle un tiempo a esto. Esa es una barrera: una barrera de carácter económico, una barrera que nosotros, con nuestra actividad, intentamos derribar, y una barrera que también de alguna manera algunos municipios están enfrentando con sus propios presupuestos participativos, o de promoción de participación ciudadana, con los que están consiguiendo dar un primer impulso al tema. Porque nos hemos encontrado con muchos municipios que, por su cuenta y riesgo, están destinando ayudas a esto a fondo perdido, y han hecho por ejemplo una contratación de un servicio externo para el proceso de acompañamiento. Estoy hablando de municipios que tienen claro que esto no es un proyecto del Ayuntamiento; es un proyecto que el Ayuntamiento impulsa, apoya, soporta, patrocina, pero no protagoniza: hago un proceso, ayudo y, si hay gente dispuesta a mover esto, la apoyo. Si no hay eso, es muy difícil llevar proyectos adelante. Afortunadamente, insisto, hay gente que se está animando, se lo está creyendo, y ya le están dedicando unos fondos.

¿Alguna otra? Barrera, me refiero.
Las distribuidoras están poniendo ahora mismo un montón de trabas, mientras la CNMC está mirando un poco para otro lado. Ahí hay una traba bastante potente. Porque las distribuidoras no están respondiendo. No están respondiendo ni en la forma, ni en el fondo, ni en los plazos, ni en nada. Está siendo un absoluto desastre. Y se está retrasando mucho la puesta en marcha de los proyectos colectivos. Y, ¿por qué se retrasa? ¿Por qué el regulador no exige responsabilidades a las distribuidoras, una actividad -la distribución- que es regulada? Pues... Mira, estos retrasos benefician al final a las empresas del grupo que no están en la distribución. [Las grandes distribuidoras forman parte de grupos que también producen -son productoras de electricidad- y también comercializan -venden- electricidad]. La no trasposición de las directivas relativas a las comunidades energéticas también perjudica y demora, por la incertidumbre jurídica en la que nos encontramos. Muchos municipios nos lo demandan casi a nosotros, cuando vamos a defender la promoción de las comunidades energéticas desde una perspectiva cooperativa y asociativa, y nos dicen “sí, ya, pero... si aún no hay trasposición...¿me puedo mojar, no voy a tener luego algún tipo de problema, una vez llegue esa trasposición? Claro, te hacen esas preguntas y qué les puedes decir... pues que no sabes, porque yo no soy el legislador.

El IDAE ha publicado un documento de preguntas frecuentes sobre comunidades energéticas. Es este

• Contenido incluido en la edición de febrero de la revista de papel Energías Renovables (ER 208), que incluye un Especial Comunidades Energéticas

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