sergio de otto

Ahorro, eficiencia y renovables, medicina para la crisis (ER 70)

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Sergio de Otto
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La crisis está aquí y casi todos —bueno, algunos están tardando un poco más en asimilarlo—  sabemos cómo ha sido. Para empezar un par de ingredientes globales: por un lado los problemas financieros derivados de esos juegos peligrosos de las “subprime”; y, por otra parte, la archi anunciada escalada del precio del petróleo. Para agravar la situación, en nuestro país disponemos de un ingrediente más, tan importante como los otros dos, como lo es el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Pero ¿alguien pensaba que podíamos seguir construyendo cada año más viviendas que Francia, Gran Bretaña (supongo que querrá decir Alemania) y Reino Unidos juntos?

Pues así estamos, que no hay un dato, una cifra, una estadística que no confirme la gravedad de la situación económica. Una vez diagnosticada la enfermedad vamos a volcarnos en lograr recetar al enfermo el tratamiento adecuado. Desde esta columna, desde estas páginas, no vamos a ocuparnos del tratamiento global (aunque nos permitamos calificar de tibio, como poco, el plan de choque anunciado por el Gobierno en pleno mes de agosto), pero sí podemos insistir en la oportunidad que representan el ahorro y la eficiencia energética junto a este sector de las energías renovables, no sólo por ser inmunes a la mayor parte de los virus de las infección que padecen nuestras economías, sino porque son mucho mejores que cualquier antibiótico o receta del pasado.

En línea con lo que escribían este verano en las páginas de Público los maestros Domingo Jiménez Beltrán, Joaquín Nieto y Carlos Hernández Pezzi en un artículo titulado “Frente a la crisis, rehabilitar”, con la sensatez y contundencia que les caracteriza, reiteramos desde estas líneas un tratamiento intensivo en política energética que no sólo aliviará los síntomas de la pulmonía sino que nos fortalecerá para evitarla en el futuro. Proponen los sabios un Plan de Rehabilitación 2009-2012 que afectaría al 10 por ciento del parque de viviendas y locales para “convertir las dificultades en oportunidades, haciendo de la necesidad virtud” con el triple desafío de mejorar la habitabilidad y acceso a la vivienda, inducir a la eficiencia energética y crear empleo. Pues eso, pero …….. elevado al cubo con políticas más decididas de ahorro energético, eficiencia y promoción de las tecnologías renovables.

El paciente —la economía española— está en una situación privilegiada para asumir el tratamiento. En ahorro energético el margen de maniobra es más que amplio, está casi todo por hacer y frente a la tarea pendiente se antoja ridícula la cifra de 240 millones de euros anunciada este verano para animar a los españoles a cambiar de costumbres. Podemos rebajar ampliamente los consumos de energía sin afectar para nada a nuestros hábitos de confort y desarrollo. Eso sí, no descartemos que pasado mañana la realidad nos imponga cambios culturales (en el más amplio sentido) que serán memos traumáticos si hemos avanzado en ese camino desde el despilfarro energético actual hasta el consumo responsable.

En eficiencia el margen también es importante, tanto en el sector residencial en la línea apuntada por Nieto, Jiménez Beltrán y Hernández Pezzi, que incluye como pilar fundamental la aplicación estricta del Código Técnico de la Edificación, como en el transporte donde debe producirse un giro de 180 grados para dejar de privilegiar e incentivar, por ejemplo, el transporte por carretera frente al ferrocarril o acelerar las exigencias medioambientales al sector de la automoción.

Por último, en el campo de la generación de energía, el trayecto recorrido —muy importante en energía eólica— no debe ser motivo para la complacencia sino el primer argumento, por su demostrada eficacia y eficiencia, para renovar con creces las políticas de apoyo a todas las tecnologías renovables con un especial esfuerzo para los biocombustibles de segunda generación. No se trata de que el Estado abra el grifo de las subvenciones a fondo perdido, como caricaturizan los escépticos el sistema actual, sino de adecuar la política de primas a la producción a cada tecnología siempre con un discurso positivo con la vista puesta en el medio y largo plazo. Los síntomas de la recuperación serán inmediatos en creación de empleo, actividad económica, creación de tejido industrial y, especialmente, en nuestra balanza comercial. Como la eólica lo ha demostrado, también el resto de las energías renovables son la mejor medicina para la crisis. ¡Que haberla, hayla!.

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