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Minieólica, una tecnología con las alas cortadas

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Aunque la tecnología minieólica experimentó un leve crecimiento, tanto en volumen de negocio como en empleos durante el año 2019, el sector no termina de alcanzar el potencial que tiene en nuestro país. Los datos recogidos por APPA en su informe macroeconómico correspondiente al año 2019 así lo certifican y dejan clara la necesidad de que esta tecnología disfrute de un marco regulatorio específico, como demanda el sector desde hace años.
Minieólica, una tecnología con las alas cortadas

A pesar de que en España fuimos pioneros en minieólica, con compañías dedicadas a esta tecnología desde los años setenta, el sector se mantiene en niveles muy similares a los alcanzados en 2017.  Según el último estudio del impacto Macroeconómico  de las Renovables en España, la aportación al PIB del sector minieólico fue de 24,28 millones de euros en 2019, un 2,8% superior a 2018. UN valor muy alejado del registrado en 2012, el mejor año de la minieólica, cuando su aportación al PIB alcanzó los 54,66 millones de euros.



A escala nternacional, el informe Small Wind World Report Update 2017, publicado por la Asociación Mundial de la Energía Eólica (WWEA), señalaba que en el año 2015 la minieólica con-taba con casi un millón de aerogeneradores instalados, con una potencia de 945 MW en todo el mundo. Desde ese año, el crecimiento anual ha sido cercano al 14%, con países como China, Estados Unidos y Reino Unido a la cabeza.



En España, la hermana pequeña de la gran eólica carece de un marco regulatorio específico que empuje estas instalaciones y permita, de forma definitiva, su desarrollo. El sector coincide en que sin esa regulación a medida es muy complicado conseguir un desarrollo suficiente del mercado doméstico que permita alcanzar el volumen de negocio necesario para el despertar del sector. Y, sin embargo, su potencial es enorme. Con un tejido industrial, tecnológico y empresarial de alta calidad, podría ser un gran generador de riqueza y empleo de forma distribuida por todo el territorio.



Ese marco regulatorio permitiría a la minieólica alcanzar un volumen suficiente para llevar a cabo el proceso de industrialización completo, reducir sus costes de fabricación y alcanzar la definitiva maduración tecnológica y la mejora de la rentabilidad (y competitividad) de las instalaciones. "La minieólica ya ha demostrado su viabilidad tecnológica y espera que el Gobierno reconsidere el enorme potencial de esta tecnología, estableciendo unas condiciones favorables específicas que permitan simplificar los trámites y los tiempos de instalación", señalan desde APPA.



"Solo con una regulación específica podremos aprovechar las fortalezas de esta tecnología que puede ser uno de los pilares del autoconsumo y la generación distribuida, tanto por separado como en instalaciones híbridas con fotovoltaica, ya que ambas combinan muy bien porque se aprovecha las 24 horas del día en todas las estaciones del año", añaden.


El sector alerta de que, actualmente, estamos en un escenario de estancamiento. En 2019, había 309 personas trabajando en minieólica (302 empleos en 2018), cifra muy alejada de los 829 puestos de trabajo registrados en 2012. "Esta situación no permite el desarrollo de la tecnología y su evolución solo podría acelerarse si existiese una mayor voluntad política de explotar el granpotencial minieólico con el que cuenta España", concluyen desde APPA.

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