entrevistas

Joan Fages, presidente de la Federación Europea de Energías Renovables (EREF)
“Hace falta un centenar de ‘síes’ para autorizar una instalación y un sólo ‘no’ para paralizarla”

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Entrevista publicada en el número 22 de Energías Renovables en papel, en noviembre de 2003 Menos burocracia contra las renovables, demasiado “trabadas” por la Administración, planes de primas sostenidas a largo plazo, críticas a los subsidios que recibe la nuclear y más información a la opinión pública. Son las líneas maestras del discurso de Joan Fages, presidente de la European Renewable Energies Federation y nombre clave de la historia del sector en Europa, miembro fundador de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) y asimismo promotor de la European Small Hydropower Association.

Andaban en Pirineos, vacaciones con la familia y unos amigos (Josep Maria Grau), cuando la vieron en un riachuelo: una especie de noria de juguete que algún crío, probablemente, había fabricado con un par de ramitas, trenzadas en cruz, y otra que hacía de eje, apoyada apenas entre dos piedras. “Lo cierto es que la imagen, aquella noria pequeña dando vueltas, nos pareció sugerente, a Grau y a mí, y como por aquel entonces (1980) estaba en el Congreso una ley que iba a favorecer la rehabilitación de las centrales minihidráulicas y yo, además, estaba planteándome cambiar de trabajo... pues comenzamos a pensar en lo que al final sería Hidrowatt”. Ocho años después, al primer producto de aquella noria le seguiría Generación de Energía, S. A. Hoy, ambas empresas se dedican a promover, instalar y operar minicentrales hidroeléctricas, depuradoras, parques eólicos y plantas de biomasa, mientras Fages (Barcelona, 1943) sigue dándole vueltas en todas partes a la promoción de las renovables. ¿Por ejemplo? Desde la presidencia de la European Renewable Energies Federation (EREF), una “asociación de asociaciones” de la que ya forman parte más de 17.000 promotores de energías renovables –10.000 megavatios instalados– y que está llamada a escribir las líneas maestras del futuro energético europeo.

– ¿Ha cambiado mucho la percepción de las renovables a lo largo del último cuarto de siglo?
La sociedad es ahora más consciente de los beneficios ambientales globales que suponen las renovables. Más consciente, por ejemplo, de las emisiones de CO2 que evitan. Pero al mismo tiempo es más crítica con los impactos locales. Digamos que los que promovemos energías renovables no tenemos más remedio que poner máquinas en medio de la naturaleza. Y está claro que esas máquinas, y las infraestructuras, producen un impacto local concreto. Sin embargo, yo creo que el balance es positivo: los impactos evidentemente son mucho menos graves que los ocasionados por los combustibles fósiles y además evitamos residuos, evitamos emisiones.

– Hace unas semanas, representantes de las agencias regionales de energía de toda Europa y representantes de EREF se reunieron a puerta cerrada para debatir sobre los problemas a los que se enfrentan las renovables hoy (entre otras cosas allí se habló de esos “impactos” en las opiniones públicas locales). En todo caso: ¿llegaron ustedes a alguna conclusión?
Sí, llegamos a la conclusión de que los problemas a que se enfrentan las renovables son en todas partes idénticos. Hablemos de las opiniones públicas. El impacto paisajístico de los aerogeneradores, por ejemplo, es uno de esos problemas recurrentes. Un problema... a priori. Porque luego resulta que casi todo el mundo coincide en que no era tan fiero el león como lo pintaban. Yo creo que el verdadero problema radica en la falta de información. Es más, lo que ocurre es que a veces sobra intoxicación. Hace falta diálogo, mucho diálogo y pedagogía. Y hay que hacer, en cada caso, un balance que tenga en cuenta los beneficios globales, los beneficios locales y, por supuesto, los eventuales perjuicios que pueda haber a escala local. Y digo que hay que hacer un balance riguroso porque en Europa, tras las energías renovables hay una potentísima industria, una industria que tiene posibilidades inmensas de ocupación de mano de obra y también de exportación de tecnología a todos los países en desarrollo. Pues bien, para que se produzca esto es necesario que haya una política clara en Europa.

– ¿Y la hay? Porque se quejan ustedes con frecuencia, por ejemplo, de que los procedimientos de autorización de las instalaciones generadoras de electricidad renovable son farragosos y lentos.
Y lo son. Un ejemplo: nuestro representante de la asociación griega, en la reunión de hace unas semanas, ha presentado una lista con todos los trámites que son allí necesarios. Pues bien, estamos hablando de 43 trámites emitidos por 21 organismos distintos a nivel local, regional y nacional griego. Mire, yo le voy a resumir el problema de las autorizaciones en una frase muy gráfica: hace falta un centenar de “síes” para autorizar una instalación y un sólo “no” para paralizarla. Eso es un problema. Y en España estamos igual. Aquí lo que sucede es que la autorización de las renovables depende, en cada autonomía, de ciertas áreas departamentales: energía e industria, medio ambiente, planificación del territorio. ¿Y qué ocurre? Que la sensibilidad no es la misma. Y a veces te encuentras con que un departamento te dice que hay que soterrar una línea de alta tensión y otro te dice que no, que no hay que soterrarla, que son más seguras las aéreas. En fin, que hace falta una gran voluntad política, una voluntad que obligue a que haya coordinación.

– Declaraba usted recientemente que a los productores de energías renovables españoles no se les concede acceso prioritario a la red, como sucede en otros países europeos. ¿No es cierto que la directiva europea señala que las renovables tienen prioridad?
Sí, la directiva europea dice muy claramente que las energías renovables tienen acceso prioritario a las redes siempre y cuando ello sea técnicamente posible. Y nuestra teoría es la siguiente: no vale eso de que no se puede hacer tal planta de producción de energía renovable porque la red no la va a aguantar. Lo que nosotros decimos es lo siguiente: hay que invertir lo que sea necesario en redes para hacer posible esa conexión, porque esa conexión, al fin y al cabo, es el objetivo prioritario. ¿Qué ocurre, es insuficiente la red...? Bueno, pues hagamos redes suficientes. Es como si me dicen: “oiga, no se puede llamar por teléfono a Coruña porque no disponemos de tendido telefónico hasta allí”. ¿Cómo que no se puede llamar por teléfono a Coruña? Pongan ustedes un tendido telefónico hasta allí porque el objetivo es que toda España esté bien comunicada, ¿o no? En fin, que hay que invertir la carga de la prueba. O sea, refuercen la red para que sea posible lo prioritario, que es la conexión, el verter energía renovable a la red. Eso es lo prioritario.

– La opinión pública tiene muy arraigada la creencia de que las renovables son unas energías muy subvencionadas...
Los que reciben enormes subsidios son los combustibles fósiles y la nuclear. El Informe Mundial sobre Desastres 2002 de la Cruz Roja afirma que tales subvenciones alcanzan los 80.000 millones de euros anuales en el conjunto de los países de la OCDE. En España tenemos los subsidios al carbón, por ejemplo. O los enormes subsidios para investigación y desarrollo que se le dan a la nuclear, para seguridad o para desarrollar la fusión. El problema es que, además de esos subsidios –que es dinero que sí pagamos todos los contribuyentes–, están los costes ambientales asociados, las emisiones de gases de efecto invernadero o los vertidos de crudo al mar. Y están los planes de seguridad, las carreteras que hay que construir para evacuación en caso de emergencia nuclear. O los gastos extraordinarios que podrían ser precisos, si esto del terrorismo se extiende, para proteger las instalaciones. Lo que nosotros pedimos es que, si no se castiga a los malos... que se compense a los buenos. ¿Cómo? Vía prima. Por lo demás, y vuelvo al tópico de la subvención, la Dirección General de la Competencia de la Comisión Europea ya ha emitido su veredicto: las primas no implican transferencia alguna de fondos estatales.

– ¿De dónde sale pues el dinero de las primas?
Es una compensación entre consumidores de energía. La cantidad total de la prima a las renovables es costeada a escote entre todos los consumidores de kilovatios. De alguna forma es como si pagaran un pequeño impuesto. Todos esos pequeños impuestos sumados se reparten sólo entre los productores de renovables. O sea, que no paga el Estado. Lo pagan los consumidores de energía. Sin embargo, las ayudas al carbón, por ejemplo, sí salen del Estado.

– A lo largo de los últimos años han sido dos las estrategias regulatorias puestas en marcha en Europa para promover las renovables. Una de ellas es las de los sistemas de cuota y certificados verdes, y consiste en imponer a las distribuidoras de electricidad la obligación de que un determinado porcentaje de sus suministros, generalmente creciente en el tiempo, provenga de fuentes de energía renovable certificada. El otro sistema es el de las Tarifas de Introducción de Energía Renovable a la Red Eléctrica, o sea, el nuestro, el de las primas. Según EREF, ¿cuál es el mejor?
Lo que tenemos en España es una prima fija sobre un precio variable de mercado diario. Pues bien, yo le digo a usted que se ha demostrado palpablemente que, si la prima es atractiva, el sistema que mejor funciona es el nuestro, el de tarifas: ahí están los resultados de la eólica. Es más, en Holanda, donde no lo tenían, lo implantan a partir del uno de enero. En Irlanda lo van a aplicar. Y en Dinamarca, donde lo quitaron, resulta que se paró la nueva inversión. No hay duda: el sistema que funciona es este. Pero digo más, el mejor sistema es un sistema en el que el inversor sepa que esa prima no va a variar durante un periodo largo. En la mayoría de los países donde se aplica este sistema, se garantiza la prima durante un período de entre diez y veinte años a contar desde la puesta en marcha de la instalación.

– La esperada Directiva de Eficiencia Energética de Edificios fue publicada al fin en el Diario Oficial de las Comunidades Europeas el pasado 16 de diciembre y, aunque aún no ha sido traspuesta, ya ha empezado a generar magníficas expectativas en el sector. ¿Tanta trascendencia va a tener esa directiva para las energías renovables?
Sí, su trascendencia va a ser brutal. Esa directiva es importantísima. Y aquí debemos empezar a concienciar de ello a todos los arquitectos y promotores, a los constructores y a los consumidores también. Porque de la misma forma que en la publicidad de un adosado o de un apartamento se dice “puertas de nogal”, o “suelo de madera”, ya se debería empezar a decir “arquitectura bioclimática”, y que ese concepto se convierta ya en un elemento más de la publicidad. En fin, que la repercusión va a ser importantísima para el sector. Y para el consumidor también, que va a notar en seguida el ahorro energético, por ejemplo, con los colectores solares térmicos.

– Más directivas. La relativa al fomento del uso de biocarburantes, también muy reciente (mayo de 2003), establece dos objetivos “indicativos” (no vinculantes) de cuota de mercado. Primero: el 2% de los carburantes debería ser “bio” en 2005. Y segundo: esa cuota debería elevarse hasta el 5,75 en 2010. ¿Qué trascendencia tiene esa directiva para un continente que, como el nuestro, suma tres millones de vehículos cada año al atasco nuestro de cada día?
La encontramos un poco vaga. Pero sí que entendemos que puede ser un elemento de promoción de los biocarburantes, un elemento que se combina con la Política Agrícola Común. Porque la PAC acaba de aprobar una ayuda de 49 euros por hectárea para los cultivos energéticos, la verdad es que estimamos escasa esa ayuda pero algo es algo. Además, a ambas medidas hay que añadir que, en España, la última Ley de Acompañamiento de los Presupuestos ha eximido a los biocarburantes del Impuesto Especial de Hidrocarburos. Ya sabe: el gasoil que usted consume cuesta la mitad, la otra mitad son impuestos. Pues bien, el biodiesel no va a tener que pagar ese impuesto. Esos tres factores –directiva, tasa cero impositiva y PAC– pueden impulsar a los biocarburantes. Yo creo que se va a ver en España un auge de plantas de este tipo, lo que además puede suponer un relanzamiento de ciertas áreas agrarias, ahora deprimidas con sus actuales cultivos.
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