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Jesús Fernández, experto en biomasa y presidente de ADABE
“El negocio de la biomasa es del sector agrario”

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Entrevista publicada en el número 26 de Energías Renovables en papel, de abril de 2004. Jesús Fernández es Catedrático de Producción Vegetal en la Universidad Politécnica de Madrid y presidente de la Asociación para la Difusión del Aprovechamiento de la Biomasa en España (ADABE). “El sabio de la biomasa”, como denominan algunos, trabaja en un despacho rodeado de huertos e invernaderos experimentales. Una verdadera isla situada a muy pocos metros del Palacio de la Moncloa y de las dos principales vías de circunvalación de Madrid. ¿Sugieren bien los símbolos? ¿Será la biomasa un Robinson olvidado entre el poder y el progreso?

– Consumimos mucha leña pero pocas briquetas y pelets. ¿Nos resistimos a modernizar la hoguera?
El aprovechamiento tradicional de la biomasa ha sido la leña, pero España todavía no se ha desarrollado en el aspecto avanzado de su uso, mientras que en Europa es, no ya el presente, sino también el futuro. El problema es que para producir los pelets tiene que haber un mercado paralelo que aquí no se ha establecido y por eso la producción española se tiene que exportar, incluso la de combustibles sólidos tradicionales como el orujillo.

– Sin embargo, la tecnología para aprovechar estos productos ya existe...
Sí, pero no está suficientemente comercializada. Así como en Centroeuropa su uso está generalizado, en España lo que hay son adaptaciones de las antiguas calderas de carbón que lo queman todo. Pero no está desarrollada una tecnología a nivel doméstico que en Europa llevan utilizando 10 años. Nosotros estamos empezando ahora y podríamos utilizar las calderas europeas o desarrollar nuestra industria.

– Díganos tres buenas razones para instalar una de estas calderas.
La primera es económica: el precio de este combustible viene a suponer entre la mitad y la tercera parte del gasoil. Otra ventaja es que nos permite estar al margen de avatares tales como si hay o no gas natural, las subidas de precio, etc. Y la tercera es que ecológicamente es mucho mejor porque no se incrementan los gases de efecto invernadero, ya que el CO2 emitido en la combustión ha sido ya absorbido por las plantas durante su crecimiento.

– ¿No existe el peligro de que al aumentar la demanda aumente también el precio, como le está pasando a las plantas de producción eléctrica?
Creo que no. Este peligro quedará siempre equilibrado con el precio del combustible sustitutivo. Hablando en términos energéticos, en el gasóleo de calefacción, la termia tiene un coste de unos 3,6 o 4,2 céntimos, mientras que para los pelets un precio razonable estaría entre 1,2 y 1,8 céntimos, como máximo. La ventaja de la biomasa es que dispone de un marco económico muy amplio hasta llegar al límite.

– Reina en los hogares pero no en las plantas de producción eléctrica, pese a su potencial. ¿Cuál es el problema?
Hay varios motivos, pero el principal es la escala. En los hogares la cantidad de biomasa que se requiere es pequeña, pero la potencia óptima de una planta con ciclos de combustión y vapor está en torno a los 10 o 15 MW. Esto supone unas necesidades del orden de las 70.000 a 100.000 Tm. al año y esas cantidades sólo se pueden producir en unas cuantas miles de hectáreas. Esto trae complicaciones, pues las compañías eléctricas no están acostumbradas a tratar con los agricultores y éstos tampoco están organizados.
También hay una razón económica. Producir electricidad a partir de carbón, cuesta entre 0,6 y 0,9 céntimos la termia, mientras que para obtenerla a partir de biomasa, hoy por hoy, se necesitaría subvención.

– ¿Qué subvenciones hay ya y cuáles serían necesarias?
La PAC subvenciona los cultivos energéticos con 45 euros por ha., siempre que se justifique su destino energético final. Esa es la situación actual, pero si se pudiera pagar el kilo de biomasa a 3,6 céntimos, para el agricultor sería muy rentable y la empresa estaría en el límite de su rentabilidad. El umbral que contemplan las empresas dentro de sus márgenes de beneficios está entre los 2,4 y los 3 céntimos. Si la empresa pagara esta última cantidad por cada kilo y hubiera una subvención de 0,6 céntimos estaría garantizado el negocio de ambos.

– ¿Podrían los cultivos energéticos ser la solución?
Suponen garantizar una producción a un precio calculado. Algo muy importante, que no ocurre cuando hablamos de residuos que aparentemente son gratis y muy abundantes, pero que luego en la práctica no son tan gratis; unas veces hay y otras no; unos años te los regalan y otros te los quieren cobrar... La cosa se dispara y es incontrolable salvo que el utilizador sea el mismo que los produce, como ocurre en las industrias papeleras.

– ¿Estos cultivos serán atractivos económicamente para los agricultores?
Existen muchos juicios preconcebidos sobre esto, se dice que se necesita mucha agua y muchos fertilizantes, pero todas estas consideraciones se hacen en base a cultivos tradicionales que están seleccionados para producir alimentos. Lo que hay que hacer es buscar nuevos cultivos para estas finalidades. Igual que en el neolítico se empezó con el trigo, ahora estamos en el neolítico de la agroenergética. En cualquier caso, ya son atractivos con la nueva legislación y las nuevas ayudas. El problema es que con los cultivos sólo no se hace nada. Tienen que existir las dos cosas: el cultivo y la planta eléctrica. Hay varias posibilidades. Podrían montarse cooperativas agroenergéticas que produjeran electricidad: si tienen sus cultivos y tienen su planta, podrían conectarse directamente a la red. Esto sería lo mejor, pero otra alternativa sería que se asociasen con una compañía eléctrica.

– ¿Como podría ayudar la nueva metodología de las tarifas renovables?
Creo que desde el punto de vista eléctrico va a ser positiva. A la biomasa le va a beneficiar el poder complementarse con otro combustible. Esto va a ayudar a tener una energía con más potencia y por tanto la eficiencia energética va a ser mayor.

– Pronto se cumplirán 5 años desde la aprobación del Plan de Fomento de las Energías Renovables. ¿Podemos ser optimistas con respecto al cumplimiento del papel propuesto para la biomasa?
Este plan se ha cumplido para la eólica. Para el biogás se puede cumplir, pero en la biomasa va extraordinariamente retrasado porque el énfasis principal estaba puesto en los cultivos energéticos, con 800.000 a 1.000.000 de ha destinadas a la producción de electricidad. También se establecía la necesidad de unas ayudas de 60 céntimos de peseta a la termia, pero esa ayuda no se ha materializado y tampoco se han incentivado los cultivos energéticos. El agricultor no puede cultivar si no hay una central que le compre la biomasa producida y la central no se establece si no tiene asegurado el suministro. Como es imposible que surjan los dos por generación espontánea, debería de haber una voluntad del Gobierno para ponerlo en marcha. Yo creo que la pelota está en el lado de Agricultura y no de Energía, que bastante ha hecho sacando adelante la propuesta contenida en el plan. El Ministerio de Agricultura ahora mismo está más preocupado por las subvenciones que vienen de Bruselas para la agricultura no productiva que por el desarrollo de la agricultura energética. Pero tampoco le vamos a echar toda la carga al Ministerio: los agricultores están viviendo estupendamente con la PAC y no tienen la preocupación por producir.

– ADABE es miembro de la Asociación Europea de Biomasa (AEBIOM). ¿Qué ideas, iniciativas y proyectos de países punteros serían aplicables en España?
Creo que de los países nórdicos las dos experiencias mejores son el biodiesel y el desarrollo de la calefacción de biomasa. Lo que es mucho más difícil de extrapolar son los cultivos, porque en cada región hay que buscar los más apropiados. Ser miembro de AEBIOM nos permite estar al tanto del desarrollo de la biomasa a nivel europeo y participar en las iniciativas que esta asociación manda al Parlamento Europeo.

– La biomasa es la energía renovable más utilizada en España, pero también la que menos actividad económica genera. ¿Es el patito feo?
No es que no mueva dinero, ahorra mucho a los utilizadores. Lo que pasa es que ese ahorro no aparece en las cifras de negocio de las grandes compañías. La biomasa tiene esa importancia porque es rentable naturalmente, pero como no hay un negocio organizado, ni puede ser controlado por unas pocas empresas, es la que tiene peor marketing. Cuando se nos habla de renovables lo primero que pensamos es en los molinos. O en los paneles solares. Casi nadie se da cuenta de que la biomasa es la energía que más contribuye actualmente dentro de las renovables y esta falta de información se debe a que no tiene valedores. El negocio de la biomasa es del sector agrario; pero como no se han dado cuenta, o no lo necesitan, no tiene ninguna publicidad. De hecho, cuando se habla del famoso Plan de Fomento de las Energías Renovables; del Libro Blanco, o de cubrir con renovables el 12% de la demanda de energía, se habla de un porcentaje destinado a todas las renovables, del que la biomasa ocupa el 70%. Pero a la hora de subvencionar, si se compara con otras energías, la inversión en proyectos de biomasa ha sido proporcionalmente muy pequeña (prácticamente la relación puede ser de 1 a 100). Con esto no quiero decir que las grandes compañías energéticas vayan en contra de la biomasa, simplemente la ignoran porque no es su negocio.

– ¿Cuándo se romperá el círculo vicioso?
Creo que todo esto va a cambiar. Hay varios indicios. Por ejemplo, en el Plan de Investigación Energética ya vienen los cultivos energéticos como un apartado específico de la biomasa. Lo ha hecho el Ministerio de Ciencia y Tecnología, pero por lo menos es un paso. También está la transposición de la directiva de los 45 euros por ha. para los cultivos energéticos en la nueva PAC. Y luego está el miedo a que en 2007 se acaben todas las subvenciones y no haya ninguna alternativa. Cuando se acaben estas ayudas imagino que habrá que pensar en vivir de la producción, al margen de las subvenciones, y a lo mejor se pone todo esto en marcha.

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