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José Lozano Muñoz, presidente de la Sección Hidráulica de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA)

”La minihidráulica que hay instalada en este país nos ha evitado el tener otra nuclear”

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La Asamblea General de la Sección Hidráulica de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) eligió hace apenas unos meses a su nuevo presidente. Se trata de José Lozano Muñoz, director ejecutivo de la empresa RPI. Lozano Muñoz, que ha sido designado para el cargo por unanimidad y para los próximos cuatro años, es economista por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Business Administration por el IESE de Barcelona. Su llegada a la presidencia de la Sección Hidráulica de APPA se produce en un momento crítico para el sector, que, tras la reforma de la “rentabilidad razonable” ejecutada a principios de década por el primer Gobierno Rajoy, pasa por una coyuntura crucial (ahora explicaremos por qué). Esto es lo que nos ha contado Lozano Muñoz.
”La minihidráulica que hay instalada en este país nos ha evitado el tener otra nuclear”

José Lozano Muñoz ocupa la presidencia de la Sección Hidráulica de APPA desde hace solo unos meses. Ha llegado al cargo tras una amplia trayectoria profesional –más de 25 años– que le ha llevado a desarrollar, construir, financiar y operar proyectos de hidráulica, fotovoltaica y eólica en España, Portugal, Francia, Polonia, Chile o Croacia. Economista de formación, Lozano Muñoz es, desde el año 2011, consejero delegado de RPI (Renewable Power International), una empresa de energías renovables que tiene su sede en Madrid, e inversiones en España y Portugal. Madrileño del 65, este economista de mirada clara y ambiciosa señala entre los principales retos a los que le va a tocar enfrentarse (1) “la adecuación del marco regulatorio y retributivo a las características muy específicas de la minihidráulica, lo que incluye un desarrollo normativo claro para las concesiones administrativas de centrales minihidráulicas que han finalizado o van a finalizar en el corto plazo, y (2) la supresión de los impuestos específicos a la generación hidroeléctrica”.

Abramos la entrevista con un par de preguntas frescas (o tres), que tiempo habrá para ahondar. La minihidráulica, ¿es una solución energética de izquierdas o de derechas?
Ni lo uno ni lo otro. Lo primero que diría es que no es una solución para el sistema. Pero sí que forma parte de la solución, porque todo ayuda y todo apoya. La minihidráulica que hay instalada en este país nos ha evitado el tener otra nuclear más, así como la importación y consumo de más combustibles fósiles; nos hemos evitado, en los últimos veinte o veinticinco años, una nuclear operando y emitir más residuos.

Frente a la emergencia del cambio climático, ¿qué hace falta: una transición energética, o una revolución energética?
Una transición energética.

¿Está impactando ya el cambio climático en las explotaciones minihidráulicas?
Nosotros hacemos estudios, habitualmente, sobre el régimen de lluvias, sobre si llueve más o menos. Y no somos capaces de sacar unas conclusiones claras. Sí parece que llueve distinto, que hay más lluvias torrenciales, por ejemplo, lo cual puede deberse al cambio climático. En fin, que notamos más volatilidad, y que puede suceder que un año, por ejemplo, llueva más que otro... pero si llueve de forma torrencial, esa lluvia no se va a poder aprovechar, en general, y, en nuestro caso, no vamos a poder turbinarla toda, porque las máquinas no están dimensionadas para este tipo de avenidas, que además se producen de forma puntual.

Bien, vamos al meollo. ¿Qué tipo de empresas tiene la sección hidráulica, qué empleo generan, cuál es el tamaño de las mismas? En fin, radiografía del sector.
La Sección de Hidráulica de APPA fue precisamente la que impulsó la creación de esta asociación, hace ya más de treinta años, o sea, que venimos de muy lejos. De muy antiguo. Yo llevo en el sector casi treinta años. Y puedo decirle que casi todas las empresas de la minihidráulica son socias de APPA. Puedo decirle que son socias y que además llevan mucho tiempo siéndolo. Porque casi todas ellas son de antigua creación. Son históricas en la industria de la generación eléctrica. En España hay mil instalaciones de minihidráulica. El sector está muy atomizado. No hay una empresa que tenga un tercio del mercado, como sucede en otros sectores. En nuestro caso, estamos hablando de empresas pequeñas, y cuya actividad principal además no solía ser la minihidráulica. Todo lo contrario, de esas mil instalaciones, casi todas han sido impulsadas por empresarios individuales que, por alguna circunstancia, aparte de su negocio, decidieron en un momento dado montar una central hidráulica.

¿Por?
Por causas muy diversas: porque tenían una concesión, porque tenían sus instalaciones cerca del río, porque tenían un ayuntamiento que les apoyaba y les facilitó lo que no era sino una diversificación de su negocio, porque estaban en un canal, porque buscaban alguna sinergia y ahorros en el consumo de energía de su negocio, antiguos molinos, etc. Nuestro origen, por ejemplo, está en una empresa familiar que venía del mundo de las concesiones, pero de las concesiones de aparcamientos y de autopistas.

¿Hasta qué potencia se considera que una central es minihidráulica?
Hablaré del concepto administrativo. Aquí, originalmente, era hasta 10 megavatios de capacidad instalada. ¿Qué ocurría? Que si tenías 10.000 kilovatios de potencia en tu minihidráulica tenías derecho a cobrar una ayuda determinada y, sin embargo, si tenías 10.001, no cobrabas absolutamente nada. Aquello era una aberración y, afortunadamente, la Administración lo comprendió y estableció –hace ya bastante tiempo [Real Decreto 2818 de 1998]– un escalado. Así, el empresario que tenía una instalación de 10 megavatios recibía una ayuda, y esa ayuda iba decreciendo hasta los 50 megavatios. Así que la minihidráulica, administrativamente, ha sido y es hasta 50 megavatios.

¿Cuánto empleo genera el sector?
Todas estas centrales están automatizadas. Aunque depende de las características específicas de cada minicentral, que, como he comentado, son muy diversas, casi exclusivas para cada instalación. La explotación normal de una minicentral no requiere generalmente personal trabajando in situ de forma continua. Por ejemplo, nosotros [Renewable Power International] tenemos 100 megavatios y unas cuarenta personas. Bueno, pues si partimos de que ahora mismo hay 2.000 megavatios de minihidráulica en España... imagínese la ratio. Nosotros, al ser un poquito más grandes y dedicarnos exclusivamente a este negocio, tratamos de operar las plantas de una forma cercana y en seguimiento continuo, teniendo personal preparado para ello. Pero lo normal es que un señor que tiene una central y si este no es su negocio... lo normal es que no tenga personal específico para esa central, y que alguien de su fábrica, alguien que se dedica a mantenimiento, sea el responsable de la operación y mantenimiento de su central, o incluso subcontrate a alguna contrata externa.

Bien, pasemos a la dimensión regulatoria. Desde su llegada al cargo de presidente, se ha marcado usted un objetivo: solicitar de la Administración la adecuación del marco regulatorio y retributivo a las características de la minihidráulica. Porque su sección, la Sección de Hidráulica de APPA, denuncia que la regulación no tiene en cuenta las muy singulares especificidades de esta tecnología. ¿Qué pasa con la regulación de la minihidráulica?
Pues eso, que no contempla de verdad las especificidades de la hidráulica, que ya hemos dicho es muy diversa. Porque es que de una minihidráulica a otra varía muchísimo el caudal concesional, el salto, el volumen de inversión por megavatio, la vida concesional, etcétera, etc. Las minihidráulicas son muy distintas entre sí y, por otro lado, el sector todo está muy singularmente afectado por algo que también es muy específico nuestro: la sequía. La sequía es recurrente. Sabes que te va a pasar. Que sucede cada cierto tiempo. Y eso es algo que está estadísticamente analizado. ¿Y qué pasa con la nueva reglamentación, la del año 2013 y 2014? Pues que no tiene en cuenta esa realidad. La nueva normativa requiere que generes energía durante un mínimo de horas al año para poder percibir la ayuda, y ese mínimo se establece como medias para todo el territorio español, es decir, sin tener en consideración la enorme diversidad climatológica y pluviométrica que existe en España. ¿Y qué ocurrió por ejemplo en 2017? Pues que hubo algunas zonas en las que algunas minihidráulicas no llegaron a esas horas. Y no llegaron a ese mínimo, al mínimo que había establecido la Administración, no porque el propietario de la minihidráulica decidiese parar las máquinas o gestionase la planta de forma ineficaz, sino por culpa de la sequía, fenómeno que –insisto– es recurrente en la Península Ibérica y, por supuesto, más que conocido. Así que reclamamos entonces al Ministerio de Industria. Porque está claro que nosotros no tenemos la culpa de que el año sea seco. Además... es que sabemos que pasa. Nosotros lo sabemos... y en el Ministerio deberían saberlo. Mire, el Ministerio le reconoce a la fotovoltaica cinco o seis zonas de sol en España. En hidráulica solo se define una para todo el territorio nacional. Y no es lo mismo, porque no llueve igual en Andalucía que en Galicia. Es una aberración. Y el ejemplo es el año 2017, que en realidad no fue un año seco, seco, seco, pero sí que es cierto que hubo zonas en las que la sequía fue muy dura. Así que lo que planteamos entonces al Ministerio de Industria fue –y lo que planteamos ahora es– que hay que bajar los umbrales de horas mínimas que te den acceso a la ayuda, al menos en épocas de sequía zonales. Afortunadamente no hubo que lamentar entonces ningún cierre, porque al final aguantas, pero el impacto fue muy, muy duro para algunas pequeñas explotaciones. Una central que te factura 50.000 euros y ese año cobra 25.000... pues la has matado. Si esa es la única central de un propietario, has matado su facturación.

De acuerdo, pero eso pasó en 2017. Y luego hubo una moción de censura, y luego hubo un cambio de gobierno, y luego llegaron las elecciones generales... ¿Ha cambiado algo o sigue todo igual?
Sigue todo igual. Nosotros estuvimos hablando con el Ministerio [del último Gobierno Rajoy] hasta el último día. Y, dependiendo de con quién hablases, recibías comprensión, o bastante comprensión, porque es que es de cajón. Pero, en la medida en que íbamos llegando arriba... Vamos a ver: es que incluso con la administración anterior ya nos dijeron que esto no tenía sentido y ya reconocieron que había que bajar los umbrales. Incluso en los tiempos de Rajoy. Pero cuando el asunto llegó a Nadal... se paró. 

¿Y con su sucesora en el cargo, la hoy en funciones ministra Teresa Ribera?
Pues hemos recibido cierta simpatía, pero la provisionalidad de este gobierno no le ha permitido hacer nada. Cuando haya nuevo gobierno este será uno de los primeros asuntos que pondremos sobre la mesa.

Otra de las especificidades de la minihidráulica es su régimen concesionario. La Administración concede un derecho de uso a una empresa durante un periodo determinado y, una vez expirado el plazo, queda extinguido el derecho concesional y la explotación revierte a la Administración. El artículo 134 del Texto Refundido de la Ley de Aguas, que es la norma máxima en esa materia –el agua–, dice que “el plazo de la concesión para la construcción y explotación o solamente la explotación de las obras hidráulicas” no puede exceder, “en ningún caso”, de 75 años. Y ya hay concesiones que han cumplido esa edad. Esa edad y más allá. ¿Cómo está el asunto?
Bueno, para empezar, hay concesiones históricas, con leyes distintas. O sea, que hay una casuística bastante diversa: de diez o quince tipos de cosas que pueden pasar. Aquí, el verdadero drama es que, desde que vence un contrato hasta que se saca el contrato nuevo, pasa un tiempo durante el que la explotación se para, o se puede parar. Y no es lo mismo cambiar de concesionario, o cambiar de explotador, al día siguiente, a que la central pare y te pongas a arrancarla cinco años después.

¿Y eso está pasando?
Eso está pasando, sí. Hay minihidráulicas paradas, porque resulta que se acabó la concesión. Se han sacado a concurso y llevan años paradas, mientras se continúa con los trámites. Porque el procedimiento administrativo que lleva de uno a otro concesionario mediante concurrencia competitiva tarda mucho tiempo. Y ese es un problema gravísimo: el procedimiento de concesiones no está adaptado para evitar estas cosas. En Portugal, por ejemplo, esto no pasa. Porque no se va un concesionario hasta que entra otro. Y el que se queda, aunque ya no tenga contrato, se queda con unos derechos de explotación, provisionales, y no se va hasta que llega el siguiente.

Bien, de acuerdo, a la extinción de una concesión puede seguir un procedimiento concursal, un procedimiento que parece evidente que debería ser más ágil. Pero, ¿y si el final de la concesión deriva en la reversión al estado, a lo público?
Lo que pasa es que el estado en nuestra opinión no puede convertirse en sector eléctrico. Tiene que sacar un concurso de explotación o hacer una nueva concesión.

Hay voces sin embargo que reclaman la reversión a lo público –esgrimiendo la famosa Ley de Aguas– y que pueda ser la administración –el estado o incluso un ayuntamiento– el que explote esa instalación...
Es que el estado –insisto– no se puede convertir en sector eléctrico. La generación eléctrica es en nuestra opinión una industria de interés general, pero no es un servicio público. Y el estado solo se podría dedicar a ello si con ello favorece la competencia, algo que no parece particularmente necesario en generación, donde competencia hay toda la que quieras y más. Además, en el caso de la hidráulica quien explotaría sería la confederación hidrográfica correspondiente, que es juez y parte, pues ellas son las que regulan cómo se usa el agua, cobran los cánones, controlan que se cumplan los caudales ecológicos (y otros condicionantes ambientales, exigiendo reparaciones en el azud y escalas de peces, entre otros), y reciben energía gratuita en ocasiones, otorgan las concesiones y ponen sus condicionantes, reciben el impuesto de utilización de aguas continentales, etc.. Por lo tanto, no parece probable que eso sea factible. Independientemente de que haya alguna confederación que lleve alguna central… Pero eso es competencia desleal. Hay centrales que no pagan determinados impuestos solo por el hecho de que son explotadas por la confederación. Y claro, yo tengo que competir con ellas. Insisto: eso es competencia desleal, que no tiene ni pies ni cabeza.

La minihidráulica también se queja de otra competencia desleal, la de los generadores europeos –franceses o portugueses, por ejemplo–, que no tienen que pagar ciertos impuestos que sí que pagan sin embargo los generadores españoles, como el Impuesto sobre el Valor de la Producción de Energía Eléctrica o el canon hidráulico, nacidos ambos de la Ley 15/2012, aprobada en diciembre de ese año por el primer Gobierno Rajoy. ¿Es así?
Así es, por supuesto. Ahora mismo, la industria eléctrica española está compitiendo con una industria eléctrica, extranjera, que paga menos impuestos. Y esos impuestos que nosotros pagamos desde hace años, impuestos que ellos no pagan, nos impiden competir con nuestros vecinos europeos en igualdad de condiciones. Por eso consideramos que el canon hidráulico debería ser suprimido y por eso creemos que también debería ser eliminado el impuesto a la generación eléctrica. Porque son injustos para las empresas españolas y porque –insisto– nos impiden competir en igualdad con los generadores extranjeros.

¿Qué objetivo minihidráulico se plantea el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021–2030?
En teoría no va a haber un crecimiento de minihidráulica; en teoría el Plan prevé el mantenimiento de lo que hay [los 2.000 megavatios actuales]. Pero, para que mantengamos ese parque de generación, creemos que tienen que pasar dos cosas: una, que se prolonguen las concesiones, ya sea vía concurso, ya sea el formato que sea, pero sin que se paren las centrales, porque, si se paran, luego va a costar mucho arrancarlas. Y, sobre todo, un matiz: no es lo mismo una central de 5 ó 10 megavatios que centrales de 500 kilovatios, y de esas hay unas cuantas. Lo que creemos es que habría que hacer algún tipo de plan renove para automatizarlas, para modernizarlas, y para que puedan durar otros 20 o 25 años más. En ese sentido, consideramos que, por debajo de los 2 megavatios, las más pequeñas, van a necesitar cierto apoyo, un régimen económico que permita mantenerlas vivas (aparte de la prórroga de las concesiones, quiero decir). Porque entendemos que si Transición Ecológica prevé que nuestras centrales aguanten hasta el año 2050 y las concesiones se acaban antes, entendemos –digo– que habrá que buscar un sistema para que eso pueda ser, porque nosotros no podemos operar sin concesión. Así que entendemos que la Administración está trabajando en ello.

¿Hay futuro para la minihidráulica?
Claro, para empezar, debemos administrar adecuadamente nuestro parque de generación, al que le quedan muchos años de vida por delante. Y, si el objetivo es crecer, lo que hay que hacer es apostar por la hibridación y el almacenamiento, por ejemplo. Tenemos que empezar a trabajar con las baterías, y debemos empezar, así mismo, a estudiar cómo utilizar los puntos de conexión de que disponemos para aprovechar ahí otro tipo de instalaciones. Se están abriendo campos muy interesantes en lo que se refiere al asunto de la hibridación de plantas: instalaciones con varias tecnologías que nos van a permitir además defendernos mejor en el mercado mayorista.

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