ernesto macías

Ni nos preocupa ni nos interesa

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Como continuación de mi columna del mes pasado, he intentado profundizar en el análisis del porqué de la falta de interés hacia los temas relacionados con las energías renovables en nuestra sociedad. He intentado, muy modestamente, obtener una visión lo más objetiva posible y analizar las causas de este manifiesto desdén.

Como punto de partida, aunque es obvio, está claro que los que estamos vinculados de una u otra forma al mundo de la energía y el medio ambiente no tenemos la capacidad de ser objetivos, por mucho que lo intentemos. Para muchos de nosotros es más que un trabajo, tenemos en muchos casos una actitud un tanto pasional, quizás precisamente, porque nadamos contra corriente y, además, sentimos que estamos cargados de razón frente a una incomprensión generalizada.

Por otra parte, y con mucha frecuencia, nos llegan noticias en medios generalistas, no a través de restringidos canales cerrados, que reafirman la constancia de que los problemas que nosotros sentimos son tan importantes o más de lo que pensamos. En radio, prensa y televisión hay noticias casi a diario que advierten del cambio climático y sus consecuencias actuales y futuras. Sin ir más lejos, este pasado mes de abril, muchos medios se hicieron eco de la noticia de un estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente, en el que situaba a España en quinto lugar en cuanto a pérdidas generadas por efecto del cambio del clima: más de 34.400 millones de euros desde 1980. Luego no es un problema de que la información no exista: es que no nos interesa.

El barómetro del CIS es una buena herramienta para indagar en este asunto. Cada mes nos dice qué es lo que más nos preocupa a los españoles y cuáles son los principales problemas de nuestro país, según el punto de vista de los ciudadanos.

Pues bien, en el último barómetro, el de marzo, los “temas medioambientales” son el número 24 de nuestras preocupaciones y el 26, si nos referimos a los temas que nos pueden afectar directamente. La subida de las tarifas energéticas está a un nivel igual o inferior. Estos son los hechos y son bien conocidos por los políticos que los sitúan en sus agendas y programas de forma consecuente, es decir, de forma irrelevante.

Es una realidad que me deja bastante desarmado, como me desarma la tendencia a la trivialización y el creciente desinterés de gran parte de la sociedad hacia la cultura. Somos el segundo país del mundo en horas frente al televisor: Casi 4 horas en las que los programas líderes en audiencia no son precisamente “muy educativos”. Pero es lo que a la gente le gusta.

Los que leemos esta revista pertenecemos a un grupo heterogéneo pero que tiene en común un rasgo innegable: somos una minoría que pretende trasladar a la sociedad un problema que es de todo menos minoritario, porque afecta a toda la sociedad y cuyo impacto, además, es ya muy grande y lo va a ser cada vez mayor. ¿Qué podemos hacer?

Hoy es 30 de abril (día de cierre de la edición del número de mayo en papel), en Madrid estamos a 9 grados y un amigo me acaba de llamar para decirme muy simpáticamente: ¡Vaya con el calentamiento global! Pues eso, que ni nos preocupa ni nos interesa.

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