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Cuando el problema no es extender la vida útil sino completar la vida laboral

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En un escenario de transición energética, cambio climático, reducción de gases de efecto invernadero e incluso, creciente presencia de fondos de tan elegantes nombres como desconocida estrategia (al menos de compra), hay un debate más terrenal en el sector renovable: alargo la vida de la instalación sobre lo inicialmente previsto o cambio los equipos. Es un artículo de Alberto Ceña, director general Bepte y secretario general de la Asociación de Empresas de Mantenimiento de Energías Renovables (Aemer).
Cuando el problema no es extender la vida útil sino completar la vida laboral

La decisión final dependerá del estado de los componentes, lo cual evidentemente estará ligado al mantenimiento y la dedicación por parte de la propiedad de los activos, aunque la tendencia más general es extender la vida de los mismos con cambios de algunos componentes, lo que implicará también un mayor empeño mantenedor.

Aunque esta es la tendencia del mercado, hay un tema del que apenas se habla: los riesgos de no poder completar la vida útil laboral por parte de algunos trabajadores que empezaron hace 20 años en el mantenimiento de los parques eólicos, en condiciones climatológicas y de trabajo cuando menos complicadas.

El sector eólico tiene un bajo nivel de accidentabilidad comparado con la construcción o la industria pero posiblemente no pueda decirse lo mismo de los Trastornos Musculo-Esqueléticos (TME), derivados de las posiciones forzadas para realizar las tareas de mantenimiento, pues el espacio disponible en la góndola y el buje de los aerogeneradores antiguos era reducido, además de no disponer de elevadores para acceder a la plataforma superior.

Es importante indicar que los TME son, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los problemas de salud del aparato locomotor, es decir, de músculos, tendones, esqueleto óseo, cartílagos, ligamentos y nervios. Esto abarca todo tipo de dolencias, desde las molestias leves y pasajeras hasta las lesiones irreversibles e incapacitantes. Los TME de origen laboral son las alteraciones anteriores más las que afectan al sistema circulatorio, según la Occupational Safety and Health Administration (OSHA), causadas o agravadas fundamentalmente por el trabajo y los efectos del entorno en el que éste se desarrolla.

Es bien conocido que en el sector eólico este tipo de trastornos afectan fundamentalmente a la espalda, cuello, miembro superior y piernas, siendo la más habitual la correspondiente a la espalda en las labores de mantenimiento, tal y como se observa en la tabla siguiente, así como a rodillas por el acceso continuado a la góndola por la escalera, en aerogeneradores sin elevador.

Alberto Ceña. Vida Laboral. Tabla 1
Esos trastornos se producen por sobreesfuerzos como coger con la mano, agarrar, asir y sujetar en un plano horizontal (25,5%); andar, correr, subir y bajar (16,2%) y transportar verticalmente (13,8%). Todas estas actividades son típicas en el mantenimiento eólico y su impacto se agrava con la edad. Por ejemplo, y en otro orden de cosas, a partir de los 40 años no es recomendable hacer deportes muy forzados (como jugar al paddle), siendo, sin embargo, conveniente hacer ejercicio.

Evidentemente el impacto dependerá de las características físicas de cada persona, además de su edad, y también del ejercicio complementario que pueda hacer fuera de la jornada laboral, así como de los hábitos o factores antropométricos como por ejemplo el tipo de comida y sobre todo, la condición de fumador.
 

Alberto Ceña. Vida Laboral. Ilustración 1

Cuantificar la población que puede estar afectada por TMEs que comprometan su vida laboral hasta alcanzar la edad de jubilación, habida cuenta además de que en muchos casos pueden seguir realizando tareas similares en los más cómodos y holgados aerogeneradores actuales. Tal y como se observa en la Figura siguiente, en el año 2019 habrá unos 8.500 MW con más de 15 años de antigüedad, lo que supone unos 12.000 aerogeneradores y unos 1.500 MW, más de 2.000 aerogeneradores, más de 20 años. Habida cuenta de los ratios de mantenimiento que maneja la AEE, esto nos daría alrededor de 200 personas que pueden llevar trabajando en el sector desde sus orígenes y cuya edad está en el entorno de los 50 años o un poco por encima.

Se trata por lo tanto de un tema de importancia creciente pues a medida que pase el tiempo los trabajadores van a seguir envejeciendo y además las máquinas van a extender su vida útil por lo que va a seguir siendo necesario mantenerlas adecuadamente, sin que ello suponga que se aumente el espacio de trabajo ni las condiciones para acceder a la góndola.
 

Alberto Ceña. Vida Laboral. Figura 1

Uno de los retos actuales que nos planteamos en Aemer es precisamente estar atentos a este tema en su doble vertiente: por un lado, aprovechar el conocimiento y experiencia de estos trabajadores, lo que puede permitir extender su vida laboral en tareas de formación o gestión. Sin embargo, su cambio de posición dentro de la empresa supone su sustitución por trabajadores más jóvenes con el consiguiente incremento de gastos generales que no son remunerados por el mercado.

Por otro lado y dadas las circunstancias mencionadas, sería conveniente buscar alguna solución que de forma similar a por ejemplo la minería (e incluso el del personal de muchas empresas clientes), les permita hacer una transición suave a la jubilación.

En conclusión, es importante empezar a trabajar desde ya en este tema que puede afectar a un substancial contingente laboral en el próximo futuro, del que apenas se habla cuando nos estamos refiriendo a la transición energética, porque la salud no solo depende de las emisiones de gases de efecto invernadero y del cambio climático.

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