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Ángel Villacampa, Jefe del Departamento de Energía y Agua del Instituto de FP Pirámide de Huesca

“Prácticamente el 50% de los alumnos termina el ciclo con trabajo bajo el brazo”

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El Centro público integrado de formación profesional Pirámide de Huesca lleva ya cinco años impartiendo un cierto Ciclo Formativo de Formación Profesional de Grado Superior: el de Energías Renovables. Y Ángel Villacampa (Binéfar, 1970) es profesor en ese centro y de esa materia. Villacampa es maestro inquieto en uno de los 27 institutos de España que imparten esa enseñanza (Pirámide es el único en Aragón). Es ingeniero industrial y es maestro inquieto y es piloto de drones y…
“Prácticamente el 50% de los alumnos termina el ciclo con trabajo bajo el brazo”

Primer premio en el Concurso de Ideas Empresariales que convocó el pasado mes de octubre el Salón de Innovación y Emprendimiento de Huesca. ¿Cómo fue?
Pues los alumnos del ciclo presentaron un proyecto a ese concurso y lo ganaron. Además, hemos tenido la enorme fortuna de que ese proyecto –una electrolinera para bicicletas eléctricas– se ha desarrollado. Lo ha financiado el Ayuntamiento de Huesca, que, hace solo unos días, ha inaugurado la que es la primera electrolinera de la ciudad para bicicletas eléctricas. Para los chavales… plasmar su proyecto, lo que están aprendiendo, convertirlo en algo real… ha sido muy motivante. Y han aprendido mucho. Además, hemos montado otra electrolinera en el centro (véase foto a pie de página), con su soporte para las bicis, su gestor energético –que permite echar mano de un grupo de almacenamiento de energía o de la conexión a red–, su media docena de tomas.

¿Cuáles son las características principales de este Ciclo?
Dos cursos, dos mil horas –más de la mitad de ellas en el taller, porque son prácticas– y muchas energías renovables: tratamos la solar térmica, la eólica, la fotovoltaica, tenemos una estrecha relación con la Fundación Hidrógeno Aragón, que está a poco más de un kilómetro del instituto y con la que tenemos suscrito un acuerdo de colaboración. Y, en fin, como grado superior que es, hay que estudiar y es sacrificado. De los 18 ó 20 alumnos que solemos tener cada año en el primer curso solo diez o doce pasan al segundo, y acaban más o menos la mitad de los que empezaron, quizá algo menos de la mitad: siete u ocho. Cada año, tres o cuatro alumnos de los que terminan viajan a hacer prácticas a Europa. Este año, por ejemplo, se han ido dos a Holanda y otro a Suecia. Y prácticamente el 50% de los alumnos termina el ciclo con trabajo bajo el brazo.

Dos mil horas son muchas horas.
Es un grado superior, dos años. El primero nos centramos sobre todo en proporcionarle a los alumnos una buena base en materia de electricidad y conocimientos generales sobre las energías renovables. En el primer curso tenemos una asignatura, de casi 200 horas, que proporciona una visión general de todas las tecnologías renovables pero hacemos especial hincapié en la solar térmica, ya que tenemos otros ciclos, como Eficiencia energética, donde también se estudia y tenemos recursos. Otro módulo que cobra importancia en el primer curso es la fotovoltaica: los alumnos acaban el ciclo con la competencia profesional de diseño de instalaciones fotovoltaicas. Y, así como en la parte eólica la cualificación profesional se centra sobre todo en el montaje y el mantenimiento, en la parte fotovoltaica, por la sencillez de la tecnología, adquieren esa cualificación que les capacita para diseñar pequeñas instalaciones . Abordamos, durante el primer curso, el diseño, y, en segundo, el montaje.

¿Y en eólica?
En eólica tenemos dos módulos bastante amplios. Uno se centra sobre todo en el mantenimiento y otro en el montaje y gestión del parque. Lo que queremos es que los alumnos sepan cuáles son las fases de montaje de un parque, cómo se controla, qué es un Scada [sistema de Control de Supervisión y Adquisición de Datos] y cómo se utiliza para controlar un parque eólico. Y el otro módulo abordaría el conocimiento de la máquina y sus mantenimientos, intentando potenciar la detección y reparación de averías. Ahora mismo está surgiendo la figura del técnico de averías, que es un técnico que está mejor formado, un técnico capaz de buscar soluciones, porque tiene una comprensión amplia del funcionamiento de la máquina. Ese perfil está apareciendo, o ya está presente en algunas empresas del sector, y es el que queremos que tengan nuestros alumnos.

¿Técnico de averías?
Sí. Vamos a ver, cuando lanzamos en Pirámide este ciclo, hace ya cinco años, nos encontramos con que el profesorado tenía experiencia en el sector fotovoltaico –yo mismo he trabajado en ese sector–, pero no en el eólico. Así que buscamos gente que tuviera esa experiencia, y empezamos a contratar a profesionales especialistas para que impartieran clase aquí, técnicos de mantenimiento que llevaban y llevan muchísimos años trabajando en diferentes máquinas, de Gamesa, de Vestas... Durante tres años –durante tres cursos–, nos hemos estado alimentando de todo lo que saben ellos, y nos hemos ido formando, nosotros mismos, como profesores. Gracias a esos técnicos, hemos conocido con precisión cuáles son las funciones reales de un operario de mantenimiento. Y este año, así, hemos podido impartir nosotros mismos esas clases. Eso sí, al mismo tiempo, hemos seguido contratando una serie de horas a estos técnicos supervisores de mantenimiento para seguir actualizándonos.

¿Y han sido ellos los que han señalado esa nueva demanda, la de técnico de averías?
Sí, lo que nos han transmitido es que ahora mismo se le está pagando muy mal al técnico de mantenimiento preventivo. Estamos hablando de 800 euros, o sea, de salarios muy bajos. Muy poco dinero por muchas horas de trabajo duro. Al final lo que está sucediendo es que esos puestos los están ocupando personas con escasa formación, gente que aprende los procedimientos y los ejecuta de manera rutinaria año tras año, pero que no cuenta con la formación precisa como para abordar averías. ¿Y qué ocurre? Pues lo que nos cuentan los técnicos supervisores de mantenimiento que nos ayudan a impartir el ciclo es que, al final, en muchas ocasiones, tienen que emplear ellos su propio tiempo en explicar a esa gente cómo funciona la máquina, por qué pasa esto o por qué pasa lo otro, o sea, cosas que los alumnos de este ciclo saben ahora perfectamente. Y lo saben porque nos estamos centrando precisamente ahí. Es el problema que tenemos en España, lo que llaman la Curva del Diábolo: gente con una cualificación altísima y gente que sabe muy poco. Y la figura del técnico medio, que requiere de una buena formación, es escasa. Bueno, pues nosotros nos estamos centrando ahí. En formar profesionales que a lo mejor cobran más, pero que van a generar ahorro.

¿Ahorro?
Sin duda. Si hay parón o se tarda más de lo estrictamente necesario en resolver una avería, pues está claro que estás perdiendo dinero. Sí, los salarios son más bajos, y, en ese sentido, hay ahorro de costes, pero es que no estás viendo la otra parte: el tiempo que estamos perdiendo. Tiempo que es dinero. Vamos, que igual esto merece un análisis: un análisis de costes. Nuestros alumnos reciben en torno a trescientas horas de formación de lo que es la máquina. O sea, muchas horas. Y en ese tiempo no solo ven la parte eólica, sino también telecontrol, sistemas eléctricos, parte mecánica. Tratamos de tomarle el pulso, constantemente, a lo que demanda el mundo laboral. Y, a partir de ahí, reforzamos la formación práctica. Desde el año pasado, por ejemplo, estamos trabajando con drones.

¿Con drones?
Sí. El Centro de Innovación para la Formación Profesional de Aragón nos invitó, a diez profesores de diferentes centros de Aragón, a hacer un curso de piloto de drones, con la idea de potenciar la aplicación de estos aparatos, que son una herramienta, en diferentes disciplinas relacionadas con la formación técnica: desde la agricultura, a los análisis químicos o las energías renovables. Así que el año pasado hice ese curso y obtuve la titulación de piloto.

¿Y para qué sirven los drones en este campo?
Para supervisar instalaciones fotovoltaicas con cámaras termográficas. El dron sobrevuela la instalación con la cámara y saca imágenes termográficas que detectan los puntos calientes de los paneles. Me explico: en un parque muy grande, si tú haces un muestreo en una línea donde hay 25 paneles en serie, puedes detectar que dos paneles por ejemplo fallan. O el muestreo puede no detectarlo, y esa no detección te va a condicionar toda la cadena de paneles. Bueno, pues con un dron haces una pasada con una cámara termográfica y detectas cuantos puntos calientes haya. Lo que intentamos, siempre, es abrir la mente a nuestros alumnos, para que vean que en el campo de las energías renovables hay muchas facetas, y muchos nuevos nichos de negocio que se van a ir creando. Yo creo que lo que tenemos que hacer –lo que estamos haciendo– es pensar en lo que va a llegar. Porque una cosa está muy clara, aunque ahora la legislación lo esté frenando todo, esto va a cambiar sí o sí.

Electrolinera Pirámide

La electrolinera: proyecto elaborado por los alumnos de primer curso de Energías Renovables de Centro Público Integrado de Formación Profesional Pirámide y los profesores Blas Montávez y Tamara Alonso

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