sergio de otto

La épica y la ética

2

Justo hace dos años escribía en esta misma columna la crónica imaginada de una soñada “marcha blanca” sobre Madrid protagonizada por miles de trabajadores del sector de las renovables para denunciar la moratoria al desarrollo de las tecnologías limpias en nuestro país que el Gobierno había aprobado meses antes y cuyos efectos ya se empezaban a notar en términos de destrucción de empleo. En aquella crónica (http://www.energiasrenovables.com/articulo/la-marcha-blanca-sobre-madrid) de una marcha que no se había producido, pero que yo creía necesaria, había muchas alusiones, directas o indirectas, a la acción que sí protagonizaron quinientos mineros que en los primeros días de julio de 2012 llegaron a Madrid en diversas columnas después de varios días de marcha desde sus lugares de origen.

En aquella crónica había una doble denuncia. Por una parte lamentaba la inacción de un sector, de sus representantes, de sus empresarios, de sus trabajadores, que permanecían casi de brazos cruzados mientras lo estaban desmantelado (desgraciadamente hoy lo está prácticamente del todo después de un rosario de normativas que ha seguido a aquel maldito RDL 1 /2012). Por otra, desde el sarcasmo de la ficción, comparaba el tratamiento recibido por los mineros y los trabajadores de las energías limpias.

Pues bien, la ficción se ha hecho realidad…., en parte. No han sido cien mil los acampados en el Paseo de la Castellana como describía mi fabulada crónica pero si que el pasado sábado 21 de junio, ¡por fin! ocho mil personas se manifestaron –nos manifestamos–ante el Ministerio de Industria, Energía y Turismo convocados por ANPIER y otras entidades para denunciar la inseguridad jurídica del sector y reivindicar un modelo energético sostenible como figuraba en la pancarta que abría la “marcha amarilla” y no blanca como lo había imaginado yo.

Desde todos los puntos de España y no solo desde dos o tres comarcas mineras –es lo que tienen las renovables en general y la fotovoltaica en particular: que están repartidas por todo el territorio– llegaron decenas de autobuses con gente de toda condición que en su mayor parte tenían un denominador común: un día fiándose del boletín oficial de un estado –se supone que de derecho– pusieron sus ahorros al servicio de algo que sonaba muy bien como era utilizar la energía del sol en lugar de quemar el petróleo y el gas que tanto nos cuesta traer de fuera. Otros, pocos lamentablemente, que no hemos tenido la oportunidad de hacer esas inversiones pero que consideramos que son la vía adecuada para construir un modelo energético más respetuoso con el medio ambiente, más justo económicamente y más democrático, les apoyamos con nuestra presencia.

En la crónica de hace dos años hacía un paralelismo entre la repercusión de la marcha minera y la acampada de los cien mil afectados directamente por la moratoria renovable para imaginar una repercusión similar en medios de comunicación, suscitar la simpatía de columnistas, tertulianos y editorialistas y recabar el apoyo de la sociedad. Obviamente la realidad ha sido muy distinta. Los ocho mil manifestantes han podido comprobar que su acción ha pasado casi desapercibida en los grandes medios de comunicación, los voceros han hecho oídos sordos y en consecuencia la sociedad ni se ha enterado, pese al elogiable esfuerzo de los convocantes.

¿Qué ha pasado? Está claro que no es la legitimidad de las causas lo que conlleva un determinado grado de repercusión y respaldo social. Con todo el respeto para los trabajadores del sector minero –cuyo futuro socioeconómico debe ser resuelto– la extracción y combustión del carbón no es el futuro de la energía y están destinadas a ser actividades marginales. Nadie duda que ese futuro sí pasa por las renovables y especialmente por la fotovoltaica.

Pero no basta con la legitimidad de la causa y la legalidad con la que se ha llevado a cabo, legalidad que ha sido pisoteada por una indecente retroactividad en el caso de las renovables. No, para salir en el telediario o encontrar un hueco en la columna de una firma distinguida o en el comentario de un popular tertuliano no es suficiente con la ética de tu planteamiento. Al parecer es necesaria e imprescindible la épica para que los focos te iluminen y la sociedad tome conciencia de tu causa. ¡Malditos autobuses! ¡Si hubierais venido andando!

Añadir un comentario
Luis
Pues conmigo sí podéis contar. El carbón es la fuente de energía más contaminante y las minas de carbón se han de cerrar cuanto antes. Compensaciones, las que haga falta, pero sólo se ha de subvencionar lo que es socialmente útil. Lo que es perjudicial para la humanidad no se puede sostener sólo por salvar puestos de trabajo. Un puesto de trabajo sólo lo es cuando produce algo que sus consumidores consideran valioso.
@CarlosAFL
Error de libro si vamos a contraponer las protestas por la "reforma" eléctrica a las marchas de los mineros, porque no hay ninguna necesidad. Si tiráis por ahí, no contéis conmigo.