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La cuadratura del círculo de una planta de biodiésel: se fabrica con aceites usados y produce su propia energía

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San Martín del Rey Aurelio, en Asturias, ha vivido esta mañana una experiencia novedosa, en la que el biodiésel muestra su cara más sostenible. En la planta que Bionorte tiene en esta localidad se ha presentado una instalación piloto que aprovecha la glicerina resultante de fabricar el biocarburante para producir biogás y cubrir las necesidades energéticas del proceso. Ainia Centro Tecnológico lidera el proyecto, subvencionado por la Comisión Europea. Los integrantes del proyecto Integral-b (Ainia Centro Tecnológico, Bionorte, Biogas Fuel Cell y Cidaut) han explicado uno a uno todos los pasos que permitirán confirmar que cada litro de biodiésel que salga de la planta de San Martín del Rey Aurelio sea plenamente sostenible. En la actualidad produce biocarburante a partir de aceites vegetales usados, pero gracias a la instalación piloto ya en funcionamiento consumirá energía eléctrica y térmica generada dentro de un proceso de obtención de biogás alimentado con los propios subproductos de la planta, glicerina principalmente, y otros residuos orgánicos procedentes del canal Horeca (hostelería, restauración y catering).

Hasta la fecha, al menos en España, ambos procesos (generar biodiésel con aceites usados y biogás con glicerina y desechos orgánicos) se desarrollan por separado, pero no en un sistema integrado dentro de una misma instalación, de ahí la importancia del proyecto y de su eficiencia energética. Desde Ainia Centro Tecnológico, coordinador de Integral-b, confirman que “el biogás se utilizará como combustible en un motor de cogeneración que producirá electricidad y calor que, a su vez, puede utilizarse bien para el propio proceso o bien para su comercialización”. 

Con 9.000 toneladas de residuos orgánicos basta
La planta piloto de demostración funcionará a escala semi industrial y está formada por dos módulos: el sistema de digestión anaerobia, que convertirá los restos orgánicos en biogás, y el motor adaptado para producir electricidad y calor. Pero Integral-b tiene ya la vista puesta en su proyección comercial. En Ainia estiman que “una instalación media de tipo industrial podría gestionar unas 9.000 toneladas de residuos orgánicos al año procedentes del canal Horeca e industria agroalimentaria, así como glicerina bruta y restos de filtración del aceite vegetal del proceso de fabricación de biodiésel”.

Los efectos energéticos de la recuperación de esas 9.000 toneladas es la obtención de “hasta 107 m3 de metano por tonelada de residuo, lo que generaría una producción neta de electricidad de 3.063 MWh, equivalente al consumo anual de de 768 hogares, y evitaría la emisión a la atmósfera de 1.167 t CO2/año”. En cuanto a la producción neta de energía térmica, Ainia concluye que “este tipo de instalaciones pueden generar 3.317 MWh, lo que equivale al consumo anual de 408 familias”.

El presupuesto del proyecto es de 1,4 millones de euros y está cofinanciado al 50% por el programa Life+ de la Comisión Europea. Ainia Centro Tecnológico es el coordinador y responsable del desarrollo de las investigaciones relacionadas con la digestión anaerobia de residuos. El resto de socios son Bionorte, perteneciente al Grupo Isastur; Biogás Fuel Cell, que ha construido el digestor anaerobio piloto que se integra en la planta de biodiésel; y Cidaut (Fundación para la Investigación y Desarrollo en Transporte y Energía), encargado de desarrollar el tratamiento de glicerina y su uso directo en el motor de cogeneración.

Más información:
www.integral-b.com         

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