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La biomasa espera contribuir de forma sustancial a cumplir con los objetivos de economía circular

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Disminuir la generación de residuos un quince por ciento; reducir el desperdicio de alimentos en toda la cadena alimentaria entre un veinte y un cincuenta por ciento; y reducir la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los diez millones de toneladas de CO2 equivalente. Son tres de los principales objetivos de la recién aprobada Estrategia Española de Economía Circular. Desde el sector de la biomasa afirman que pueden contribuir a cumplirlos de forma sustancial. La estrategia considera a las energías renovables dentro de los “mecanismos de creación de valor no vinculados al consumo de recursos finitos”.
La biomasa espera contribuir de forma sustancial a cumplir con los objetivos de economía circular
Portada de la Estrategia Española de Economía Circular aprobada por el Gobierno

Este martes el Consejo de Ministros aprobó la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC o España Circular 2030). Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto de Demográfico que la impulsa, “sienta las bases para superar la economía lineal e impulsar un nuevo modelo de producción y consumo en el que el valor de productos, materiales y recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible; en el que se minimice la generación de residuos y se aprovechen al máximo aquellos cuya generación no se haya podido evitar”.

Recuerda también el Miteco que “su ejecución se materializará a través de sucesivos planes de acción trienales, que recogerán las medidas concretas a desarrollar por la Administración General del Estado para implementar actuaciones en economía circular en España”. El primero de ellos se presentará a finales de 2020 y abarcará el período 2021-2023.

No es la primera estrategia al respecto ni plan de acción asociado que se pone sobre la mesa. La anterior, presentada a principios de 2018 y estancada en fase de borrador por la moción de censura a Mariano Rajoy, contaba con medidas específicas para la bioenergía, sobre todo para el biogás, la promoción del uso público de la biomasa forestal para usos térmicos y los biocarburantes de aceites vegetales usados.

Estrategia bien recibida
La actual EEEC, y a la espera del primer plan de acción con medidas concretas, sostiene desde sus primeros párrafos que “la economía circular proporciona múltiples mecanismos de creación de valor no vinculados al consumo de recursos finitos” y que “en el ciclo técnico, con el uso de energías renovables, se transforman los residuos en la medida de lo posible en los nuevos recursos”.

La estrategia ha sido bien recibida dentro del sector de la biomasa. “La celebramos; se ha hecho esperar, pero por fin se ha publicado”, avanza Margarita de Gregorio en representación de la sección de Biomasa de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) y de la Plataforma Tecnológica de la Biomasa (Bioplat). “Desde nuestro sector podemos contribuir a cumplir de forma sustancial a los objetivos de la misma”, añade De Gregorio.

Por su parte, desde la Asociación Española de la Biomasa (Avebiom) entienden que “la valorización energética de la biomasa es un paradigma del modelo de desarrollo que impulsa esta nueva estrategia”. Ponen varios ejemplos de aprovechamiento energético a partir de la simbiosis con la industria forestal, las plantas de productos derivados de la madera (aserraderos, bobinas, palets, etc.) y la agricultura y la ganadería a partir de la generación de residuos.

Contribuir a reducir la generación de residuos
Margarita de Gregorio cita tres de los objetivos de la estrategia en los que más se implicaría la biomasa: disminuir la generación de residuos un quince por ciento respecto de lo generado en 2010; reducir a partir de 2020 la generación de residuos de alimentos en toda la cadena alimentaria (a la mitad a nivel de hogar y consumo minorista y un veinte por ciento en las cadenas de producción y suministro); y reducir la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los diez millones de toneladas de CO2 equivalente.

La directora de APPA Biomasa afirma que “la valorización de residuos de base biológica (biomasas) para generar bioenergía y/o bioproductos será determinante para reducir la generación de residuos que llegan a los vertederos, o que se abandonan o queman indiscriminadamente en el peor de los casos”.

“Cerrar el círculo de sistemas productivos en los que se generen subproductos y residuos biomásicos (de naturaleza agrícola, forestal, agroganadera, industrial) debe ser prioritario en esta década que acabamos de comenzar y las tecnologías de valorización de las biomasas tienen mucho que aportar al respecto”, explica De Gregorio.

Menos desperdicios alimentarios
En lo que respecta a la biomasa y los bioproductos, la estrategia española recuerda que la europea de bioeconomía, vigente desde 2012, contribuye a la economía circular, al cuantificar la infrautilización que afecta a las materias primas de origen biológico e identificar las posibilidades de transformación y valorización económica de lo que ahora son residuos en nuevos productos y generación de energía.

En cuanto a la reducción de desperdicios de alimentos, De Gregorio sostiene que “al tratarse de residuos en su mayoría orgánicos su valorización para generar bioenergía, biocombustibles y/o bioproductos debe consolidarse como la alternativa prioritaria frente al desecho”. Como apunta Avebiom con otros sectores, aquí también se valoran las “sinergias estratégicas entre la industria alimentaria y el sector de la biomasa, que se deben consolidar en esta década”.

Menos emisiones con la generación de biocombustibles a partir de residuos no reciclables
Por último, en cuanto a la reducción de emisiones, la estrategia presentada por el Miteco las circunscribe principalmente a la “reducción de residuos orgánicos en vertederos, la generación de biocombustibles a partir de residuos no reciclables, la extracción de materias primas básicas que requieren de un alto uso de energía o la huella de carbono en la fabricación de productos con ciclos de vida cortos”.

Para el sector de la biomasa, desde el momento en el que se valorizan residuos de otros sectores, se evitan emisiones. “No solo por sustitución de combustibles fósiles al producir bioenergía y biocombustibles a partir de dichos residuos, sino por evitación de emisiones de los mismos, pues el simple hecho de mantener determinado tipo de residuos retenidos las genera”. Un ejemplo serían los purines de cerdo almacenados en balsas o no adecuadamente tratados.

Otros de los objetivos que se marca la EEEC son reducir en un treinta por ciento el consumo nacional de materiales en relación con el PIB, tomando como año de referencia el 2010; incrementar la reutilización y preparación para la reutilización hasta llegar al diez por ciento de los residuos municipales generados; y mejorar un diez por ciento la eficiencia en el uso del agua.

Plan de acción europeo
El antecedente más directo de la estrategia aprobada en España es el nuevo plan de acción europeo de economía circular, que se presentó en marzo sin las referencias explícitas a la biomasa que tenía el primero, de 2015. Realmente es más una declaración de principios de cómo debemos ir cambiando de paradigma en lo que respecta a la producción y el consumo, además de esbozar mecanismos de apoyo y objetivos.

“Y ahí, sin duda, entra la bioenergía, –apostilla De Gregorio–, con tecnologías tremendamente versátiles capaces de convertir residuos y subproductos en recursos, de integrarse en industrias (desde agroalimentarias hasta petroquímicas), de ser escalables y, por lo tanto, de adaptarse a todo tipo de entornos y de recursos para satisfacer los objetivos de la economía circular”.

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