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La bioenergía de la UE evita el equivalente a las emisiones de CO2 de España

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La asociación europea de la bioenergía, Bioenergy Europe, concluye el año con su séptimo informe de situación del sector, en este caso analizado en su conjunto, con cifras de consumo, producción, empleo, participación en el mix renovable y contabilización de emisiones. Los datos corresponden a 2017, año en el que aseguran que la bioenergía ahorró el siete por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE28, unos 303 millones de toneladas de CO2 equivalentes, que equiparan a las de España.
La bioenergía de la UE evita el equivalente a las emisiones de CO2 de España
Parte de la portada del último informe estadístico publicado por Bioenergy Europe

El registro de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del Ministerio para la Transición Ecológica de España correspondientes al año 2017 cifró las emisiones brutas en 340 millones de toneladas de CO2 equivalente (MtCO2eq). Cifra que se acerca a los 303 MtCO2eq que estima Bioenergy Europe que ahorró la bioenergía durante ese año y que queda reflejado en el séptimo y último informe estadístico de 2019: Bioenergy Landscape.

Otros datos, principalmente obtenidos de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) y en general concordantes con otros ya aportados por EurObserv’ER y la Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena), hablan de que la bioenergía representa casi el sesenta por ciento del consumo total de energía renovable de la Unión Europea (UE), debido principalmente a su uso para producir calor y agua caliente sanitaria.

Este uso concentra el 74 por ciento del consumo final de energía bruta de bioenergía, con los hogares y las industrias como principales consumidores. La electricidad y los biocarburantes para el transporte representan el trece y el doce por ciento, respectivamente.

Importación de bioenergía: 593.000 tep; de gas: 26,7 millones de tep
El informe refleja también que “las importaciones de biomasa aumentaron en casi la misma proporción relativa que el gas natural; sin embargo, solo representó una adición de 593.000 toneladas equivalentes de petróleo (tep), frente a las 26,7 millones del gas”. “Del mismo modo –prosiguen–, las importaciones netas representan solo el 4,6 por ciento del consumo interior bruto total de biomasa”.

En este último caso no tienen en cuenta la materia prima en bruto. Es decir, para el caso del biodiésel español cuenta el biocarburante que sale de las plantas de nuestro país, no el aceite de soja o de palma con el que principalmente se produce y que procede de Argentina y de Indonesia y Malasia respectivamente.

Hay un país que sí sobresale en cuanto a la cuantía e incremento de las importaciones: Reino Unido. En 2017 tuvo un 23 por ciento de dependencia del exterior, que llega al 36 por ciento en el caso de la biomasa sólida debido a las importaciones de pélets desde Norteamérica esencialmente destinada la magacentral de Drax. Por el contrario, países como España presentan una dependencia negativa, del -8 por ciento.

España, abonada al séptimo puesto
Como se avanza en otros informes ya mencionados, España se sitúa en torno al séptimo en la mayoría de las clasificaciones dentro la UE28. Ocupa este lugar en el consumo interior bruto por combustible, que domina ampliamente Alemania. La biomasa sólida es el biocombustible más consumido, ya que representa el setenta por ciento del total. El resto se lo reparten el biogás (doce por ciento), los biocarburantes (once) y los residuos municipales (siete).

También aparece España séptima en la producción de energía primaria con biomasa, que encabeza igualmente ampliamente Alemania. España es novena en biogás, séptima en biomasa sólida y tercera en biocarburantes. Sube puestos en cuanto empleos, con 50.100, quedando en este caso tercera.

Disparidad en los empleos
Pero de nuevo en los empleos surgen dudas debido a la disparidad según la fuente. Según los datos de Bioenergy Europe, que en este caso remiten a EurObserv’ER, de esos 50.100, 26.600 corresponde a empleos directos e indirectos dentro del sector de los biocarburantes. Para el mismo año, el Estudio del impacto macroeconómico de las energías renovables en España 2017 de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) los cifró en 4.325.

Por el contrario, APPA cifra en 32.833 los empleos directos e indirectos que suman la biomasa sólida y el biogás en 2017 y Bioenergy Europe los rebaja a 22.400. Esta última afirma que en sus estadísticas suman el empleo generado a partir de inversiones renovables, actividades de operación y mantenimiento y producción y comercialización de equipos y materia prima. Para la UE28 estiman unos 703.200 empleos entre biomasa sólida, biocarburantes, biogás y residuos municipales renovables.

“Que entre la climatización y el transporte en el sistema de comercio de emisiones”
Bioenergy Europe aprovecha también la publicación de su séptimo informe para recordar que “si la UE está dispuesta a alcanzar la neutralidad climática en 2050, se necesitan mayores esfuerzos para desplegar más energías renovables, especialmente en los sectores de la calefacción y el transporte, que están rezagados en términos de descarbonización”.

“La bioenergía puede proporcionar calor renovable seguro y asequible a los sectores residencial e industrial”, afirman, pero “se necesita apoyo político y condiciones de mercado justas para apoyar su desarrollo”. Y piden medidas, como introducir “un precio al carbono de los sectores de climatización y del transporte, que se encuentran fuera del sistema de comercio de emisiones de la UE”.

Otras dos cuestiones que destaca Bioenergy Europe es que se tienen que eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles, alineándolos con los objetivos climáticos; y que los únicos combustibles que tienen que cumplir con requisitos obligatorios de sostenibilidad por ley son los bioenergéticos (biogás, biomasa y biocarburantes), por lo que “son una solución verdaderamente sostenible para un sistema energético descarbonizado en 2050”.

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