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El MAPA publica una orden sobre seguros que afecta a cultivos y residuos agrícolas energéticos

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España no produce casi energía con biocombustibles sólidos procedentes de cultivos energéticos. La regulación que afecta a las renovables y la escasa confluencia de criterios agrarios y energéticos ha impedido el desarrollo de unos cultivos sobre los que sí se ha investigado mucho. Pero la orden sobre seguros del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), además de afectar a “cultivos agroenergéticos lignocelulósicos”, habla de “las producciones de paja resultante de las cosechas de cereales”.

El MAPA publica una orden sobre seguros que afecta a cultivos y residuos agrícolas energéticos

Las centrales eléctricas de biomasa construidas y por construir en España queman cada vez más residuos agrícolas. Al menos hay tres de Acciona que así lo hacen, Forestalia anuncia que la suya de Guardo (Palencia) quemará paja de cereal entre otros residuos y Ence, la principal productora de electricidad con biomasa, ya anunció que solo utilizará biomasa residual agrícola y forestal.

Ence ha pasado de quemar en 2015 un 14 por ciento de subproductos agrícolas a alcanzar el 56 por ciento en 2017. Entre el mix de estos últimos que entran en las calderas hay paja de cereales. Precisamente estos productos quedan dentro de la orden recién publicada por el MAPA en el Boletín Oficial del Estado sobre el seguro de explotaciones de cultivos agroenergéticos”.

En dicha orden “se definen los bienes y los rendimientos asegurables, las condiciones técnicas mínimas de cultivo, el ámbito de aplicación, los periodos de garantía, las fechas de suscripción y los precios unitarios” del mencionado seguro.

Producciones de paja resultante de las cosechas de cereales de invierno, maíz, sorgo, arroz y camelina
Aunque en la definición de “cultivos agroenergéticos lignocelulósicos” se menciona a las “producciones de cultivos anuales o plurianuales destinados únicamente a la producción de biocombustibles sólidos lignocelulósicos para la generación de energía”, se incluyen también “las producciones de paja resultante de las cosechas de cereales de invierno (trigo, cebada, triticale, avena, centeno y sus mezclas), maíz, sorgo, arroz y camelina”.

La orden especifica que son asegurables las producciones de cultivos, tanto de secano como de regadío, “susceptibles de ser retirados de las parcelas de cultivo dentro del periodo de garantía y ubicadas en el ámbito de aplicación establecido, contra los daños en cantidad ocasionados por los riesgos cubiertos especificados en el anexo I”. En dicho anexo aparecen los daños ocasionados por pedrisco, incendio, riesgos excepcionales, resto de adversidades climáticas…

No son asegurables los cultivos vinculados a investigaciones
Por otro lado, no son  asegurables “las de parcelas destinadas a experimentación o ensayo, tanto de material vegetal como de técnicas o prácticas culturales; las situadas en huertos familiares; las de parcelas que se encuentren en estado de abandono; y las correspondientes a plantaciones no regulares, ni las correspondientes a árboles aislados”.

En España se investiga mucho con cultivos energéticos, principalmente a través de proyectos financiados por instituciones públicas. Rokwood, un proyecto asociado al VII Programa Marco de la Unión Europea trabajó con cultivos leñosos que crecen en plantaciones de rotación corta, la Universidad Politécnica de Madrid con caña, la de Oviedo con miscanto y las de Málaga y Pública de Navarra con álamos.

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