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La productiva relación de la caca con la bioenergía

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El Worldwatch Institute destaca un proyecto agrícola-energético en Senegal que favorece la soberanía alimentaria y la independencia energética a través de la relación entre desechos humanos (excrementos y orina) y la producción de arroz y carbón vegetal. En Vietnam, Tanzania y Brasil hay iniciativas que promueven la generación de energía a partir de estos residuos y la multinacional Suez lleva a cabo una investigación para aprovechar los contenidos en los pañales de bebés para producir biogás.
La productiva relación de la caca con la bioenergía
Image credit: Wikimedia Commons user Olivier Epron

“El manejo inadecuado de los desechos humanos es un problema grave en muchas partes del mundo en desarrollo”. Es algo que afirma Andrew Alesbury, asistente para relaciones con clientes del Worldwatch Institute, y que organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) tiene muy en cuenta a la hora de solucionar cuestiones de índole sanitaria (transmisión de enfermedades) en muchos países, principalmente de Asia y África. De la mano de Alesbury, el instituto al que pertenece muestra un ejemplo de eliminación de estos riesgos para la salud que se lleva a cabo en Senegal.

En lugar de que excrementos y orines acaben en campos y calles sin recibir ningún tipo de tratamiento, una pequeña compañía, AgriDjalo, los procesa para obtener un fertilizante de origen orgánico y ofrecerlo a los agricultores que cultivan arroz a un precio más barato y sin necesidad de importar otros sintéticos. Además, han comprobado que este tipo de fertilizantes puede salvar la cosecha cuando escasea el agua. AgriDjalo pretende que con estos nutrientes se fertilicen los cultivos de arroz que promueve en Senegal.

Carbón “verde” con residuos vegetales del cultivo de arroz
La parte energética viene a posteriori, ya que la intención de la empresa es que, en el mismo proceso, se aproveche la cáscara de arroz y otros residuos vegetales de la planta para producir carbón vegetal. “De esta manera –afirma Alesbury–, los subproductos del cultivo de arroz se emplean como alternativa al carbón de madera, a la leña y al gas butano tradicionalmente utilizado para generar energía”. Añade Alesbury que “en Senegal, donde la deforestación derivada de la recolección de leña es un problema y el 70% de la población urbana depende del gas importado, el carbón “verde” de arroz representa una fuente de combustible sostenible y asequible”.

Dependencia de energía importada y deforestación para producir calor es algo inherente a muchos países en desarrollo. Dentro del programa Bioenergy and Food Security (BEFS), que promueve la FAO, se intenta solucionar esta dependencia promoviendo y detectando buenas prácticas como la de AgriDjalo. O como la de Vietnamese Gardener’s Association, que favorece el tratamiento efectivo e higiénico de los residuos ganaderos y humanos en varias comunidades de Vietnam con su utilización como sustratos para producir biogás.

De vuelta a África, la Universidad Técnica de Berlín (Alemania) y las ONG Ingenieros sin Fronteras y Mavuno Project llevan también a cabo un proyecto de producción de abono para cultivos y de biogás a partir de orines y excrementos humanos. Otra iniciativa que vincula energía y aprovechamiento de estos desechos se puso en práctica en la última edición del carnaval de Río de Janeiro, donde uno de los vehículos que participó en el denominado carnaval da rúa funcionaba con la electricidad producida por un motor alimentado por el flujo continuo de orina que se producía durante la fiesta. Por último, la multinacional francesa Suez Environnement inició en 2011 una investigación para aprovechar los diferentes residuos contenidos en los millones de pañales que se desechan a diario en el mundo. Entre ellos están los restos orgánicos y su posible utilización para producir biogás.

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