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La casa del futuro permitirá calentar una estancia solo con el calor que emiten sus inquilinos

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Casi el 90% de la energía que consumimos procede todavía de combustibles fósiles, y un 40% de esta se usa para calentar edificios. ¿Qué ocurriría si nosotros mismos y las fuentes pasivas emisoras de calor que nos rodean (radiación solar directa, cocina, baño, velas, etc.) fuésemos capaces de calentar una estancia sin necesidad de encender la calefacción?

La casa del futuro permitirá calentar una estancia solo con el calor que emiten sus inquilinos

La respuesta está en un menor consumo de energía y una reducción en las emisiones CO2, aparte de un máximo confort y un clima acogedor sin caídas de temperatura. Según José Almagro, director general de Sto Ibérica (multinacional del sector de la edificación sostenible) “este tipo de construcción sostenible se traduce en un ahorro económico a medio y largo plazo, a pesar de que su aplicación supone un incremento de entre el 5% y el 8% en los costes de construcción”.

En comparación con los métodos convencionales, este tipo de construcción permite la conservación de recursos, uso activo y pasivo de energías renovables, incremento del valor de las propiedades y una mayor conservación de edificios. Razón por la cual la Unión Europea ha establecido la obligatoriedad de que todos los edificios públicos alcancen la calificación de “consumo casi nulo” antes del 31 de diciembre de 2018 y que, a partir de 2020, todos los nuevos edificios se construyan bajo esta directiva.


Y aquí es donde entra en juego el estándar Passivhaus. "A diferencia de los inmuebles de bajo consumo energético, este estándar evita pérdidas de calor gracias a una cubierta estanca, a un aislamiento óptimo, que previene la formación de puentes térmicos en puntos críticos como ventanas, y a una orientación que aprovecha la radiación solar", aseguran sus promotores.


Demanda calorífica mínima

Pero ¿qué caracteriza a una vivienda Passivhaus y cuáles son sus ventajas? Los expertos de Sto Ibérica destacan que una de sus ventajas es que estas viviendas tienen una demanda calorífica anual máxima de 15 kilovatios/hora por m².  A lo largo de un año, esto implica una demanda de energía calorífica máxima de 15 kilovatios/hora por m² (aprox. ¼ del consumo de un edificio nuevo estándar). Además, en una vivienda pasiva, el gasto en calefacción es diez veces menor. Por ejemplo, para un piso de 120 m² ascienden solo a 150 euros frente a los 1.500 euros en una casa convencional.


Esta reducción se logra gracias, entre otras actuaciones, a que cada habitante calienta 10 m2 por sí mismo. Para calentar 10 m² en una casa pasiva, sólo hacen falta tres velas de té o una persona. O lo que es lo mismo, si una familia de cuatro miembros se encuentra en un salón de 40 m², ellos mismos calentarían la estancia, sin necesidad de calefacción.
 
El estándar de la Passivhaus garantiza, asimismo, un uso óptimo del calor en invierno y una atmósfera fresca en verano, un aire fresco constante gracias a su sistema controlado de ventilación y una atmósfera interior sana, libre de polvo, suciedad, ácaros o polen. Todo ello siempre de acuerdo con la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP), que celebra del 16 al 18 de noviembre su novena conferencia anual en Sevilla.

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