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Energías renovables, el eje vertebrador para la descarbonización de las ciudades

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Las ciudades albergan actualmente a más del 55% de la población mundial y esto se traduce en unas necesidades y un consumo ingentes de energía, buena parte de la cual sigue procediendo de los combustibles fósiles. Como consecuencia de ello, las ciudades son responsables de más del 70% de las emisiones totales de CO2 vinculadas a la energía. Pero la situación está cambiando y más de mil millones de personas –alrededor del 25% de la población urbana– vive ya en una ciudad con objetivos o políticas de energías renovables, como pone de manifiesto el informe Renewables in Cities Global Status Report (REC), de REN21.
 

Energías renovables, el eje vertebrador para la descarbonización de las ciudades
Instalación solar en Amsterdam

Gobiernos de todo el mundo están tomando medidas para acelerar la adopción de las energías renovables. Y buena parte del empujón lo están dando los ayuntamientos. A lo largo de 2020 –año en el que se centra el Global Status Report de REN21– las actuaciones de los gobiernos locales siguió en ascenso  impulsada por las preocupaciones por la contaminación del aire, la presión pública y la necesidad de crear comunidades limpias, habitables y equitativas, entre otros factores. En algunos casos, estas acciones se vieron claramente reforzadas por la crisis económica y sanitaria mundial desencadenada por la Covid-19. Los esfuerzos para reducir las emisiones de dióxido de carbono y la electrificación del transporte público, están también detrás del impulso que las corporaciones locales están dando a las energías limpias.


Los autores de este exhaustivo estudio califican de "muy relevante"  la ambición de los ayuntamientos en relación a las renovables, sobre todo porque el uso de la energía ha aumentado de manera drástica en  el ámbito urbano en las últimas décadas. En 1990, las ciudades representaban menos de la mitad (45%) del uso global de energía final; en 2018, esta proporción representaba ya casi las tres cuartas partes. Las ciudades albergan ahora a más del 55% de la población mundial, y los urbanitas de todo el globo se ven afectados negativamente por la quema de combustibles fósiles.



El aumento de la demanda de energía se produce en todos los sectores:  transporte, industria,  edificios… El crecimiento de la población mundial, la urbanización y la actividad económica en las ciudades son determinantes en ellos, con la mayor parte de la energía destinada a proporcionar electricidad, calefacción y refrigeración (para edificios residenciales y comerciales y actividades industriales) y transporte privado. Las ciudades son, además, responsables del uso global de energía más allá de sus límites. Contribuyen indirectamente, y a las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas, a través de sus cadenas de suministro, que incluyen materiales de construcción (hormigón, acero, etc.), bienes de uso diario (alimentos, ropa, electrónica, etc.) y otros productos consumidos en las urbes pero producidas más allá de sus fronteras. 



De esta manera, las ciudades tienen un enorme potencial para ayudar a descarbonizar el sistema energético, mejorar su resiliencia y acelerar el desarrollo de las energías renovables, todo lo cual contribuye de manera determinante al objetivo de no sobrepasar la temperatura global por encima de los 1,5ºC, como aconseja la comunidad científica mundial y recoge el Acuerdo de París de 2015. 



Hay que tener en cuenta, además, que en ciudades con asentamientos informales y barrios marginales de rápido crecimiento, muchos de sus habitantes carecen de acceso a servicios básicos, incluidos fuentes de energía modernas e infraestructura urbana, como saneamiento y transporte público. REN21 estima que 176 millones de personas residentes en áreas urbanas aún no tenían acceso a la electricidad en 2019, y una cifra aún mayor, 2.600 millones de personas, carecían de acceso a una cocina limpia.  Los gobiernos municipales pueden desempeñar un papel clave para corregir esta situación, acelerando el acceso a la energía sostenible para todos estos ciudadanos y reduciendo la pobreza energética.



La pandemia como disparadero

Las imágenes de cielos azules y aire más puro durante los primeros confinamientos a raíz de la pandemia ha servido para que, en todo el mundo, aumente la presión social para reducir la contaminación en las ciudades y se avance en la recuperación ecológica. Durante 2019 y 2020, los ciudadanos también ejercieron una presión creciente sobre los gobiernos de su ciudad (y nacional) para que actuaran sobre el cambio climático. En parte como respuesta a esta presión, un récord de 1.852 ciudades habían declarado emergencias climáticas a finales de 2020 (1.400 en 2019), lo que indica un cambio en las prioridades de los gobiernos municipales, algunos de los cuales han utilizado las declaraciones para planificar y apoyar financieramente el despliegue de energía renovable. 


Apoyar el desarrollo económico local atrayendo nuevas industrias y negocios y creando puestos de trabajo locales, son otros grandes impulsores en la adopción de energía renovable, junto con la necesidad de mitigar el cambio climático y abordar las vulnerabilidades urbanas a los impactos generados por el calentamiento global. Estos impactos, que incluyen tormentas más severas, incendios, sequías, inundaciones y aumento del nivel del mar, ejercen presión sobre los suministros urbanos de agua, los servicios de alcantarillado y la seguridad alimentaria y energética. La generación de energía descentralizada a partir de energías renovables puede ayudar a que los sistemas energéticos sean más resilientes,  al tiempo que se reducen los riesgos asociados con la dependencia de fuentes de energía externas. Las energías renovables garantizan un suministro de energía estable y seguro y contribuyen, asimismo, a reducir la pobreza energética.



Comprometidas con la transición energética
Otro elemento destacado en el informe es que la acción de los ayuntamientos a menudo es más rápida que los pasos que dan los políticos a nivel nacional. En los dos últimos años, los compromisos de las administraciones locales han tomado diferentes formas, que van desde objetivos vinculantes y políticas integrales hasta la participación en iniciativas y campañas.



Así, 2020 concluyó con 834 urbes de 72 países, que suman una población de 558 millones de personas, con objetivos de energía renovable en al menos un sector (energía, calefacción y refrigeración y / o transporte). Y ya hay 617 ciudades que se han marcado el objetivo de generar el 100% de la energía solo con renovables. Geográficamente, aunque estos objetivos han aumentado en todo el mundo, donde más hay es en América del Norte y Europa, y a continuación Asia.



Respecto al cumplimiento de los objetivos marcados, los autores de REC21 explican que el seguimiento de la evolución y el consumo de energía renovable en áreas urbanas es un desafío debido a diversos factores: la distribución geográfica de las propias urbes; sus diferentes contextos políticos, económicos, sociales y ambientales; y sus diversas capacidades institucionales. Como resultado de ello, los datos disponibles tienden muchas veces a estar desactualizados y rara vez se consolidan. De hecho, los datos consolidados sobre suministro/producción de energía y demanda/consumo de energía están disponibles solo para relativamente pocas ciudades del mundo.


En los objetivos relacionados con la reducción de emisiones ocurre algo similar. 2020 terminó con más de 10.500 ciudades con objetivos de reducción de CO2, 800 de ellas comprometidas a alcanzar objetivos de cero emisiones netas (100 ciudades a finales de 2019). Para lograrlo, las administraciones locales están elaborando planes de acción climáticos y / o energéticos y se han sumado a organizaciones como el Pacto Global de Alcaldes por el Clima y la Energía, cuyo trabajo está ayudando al avance de los objetivos climáticos en Asia, América Latina y África subsahariana. Pero también en este caso faltan informes y seguimiento. En general, los informes relacionados con objetivos en generación eléctrica limpia son más completos, mientras que la mayoría de las urbes carecen de informes claros sobre los usos de calefacción y aire acondicionado y en el transporte.




Autoconsumo y energía solar

Aún así, las corporaciones locales son cada vez más conscientes de los beneficios potenciales de las energías renovables. La llegada del autoconsumo y la generación distribuida, unido a la expansión de las tecnologías digitales, están reformando la dinámica entre los usuarios finales y el sistema energético tradicional, que históricamente ha sido operado principalmente por empresas de servicios públicos centralizados. Junto con los nuevos modelos comerciales, esto ha permitido a los gobiernos municipales, así como a los hogares, las empresas y las comunidades, ampliar y diversificar la producción local de energías renovables. 



En 2019, los hogares y las pequeñas y medianas empresas que instalaron energía solar fotovoltaica en sus edificios y cerca de ellos representaron una quinta parte de toda la capacidad renovable desplegada a nivel mundial. En 2020, las medidas de confinamiento relacionadas con la Covid provocaron una desaceleración de esta tendencia, pero todo apunta que se trata de una situación coyuntural. 



En algunas urbes, los gobiernos municipales y otros actores también han aprovechado los recursos eólicos, de biomasa e hidroeléctricos locales, ya sea para electricidad, producción de calor térmico directo y cogeneración y trigeneración de energía y calor, o para apoyar la integración de energías renovables en los distritos (a través de sistemas de calefacción, por ejemplo). Algunos gobiernos municipales también han agrupado la demanda de energía con las ciudades vecinas, aprovechando las economías de escala para desarrollar sus propios proyectos de energía renovable o para adquirir energías renovables "a granel". En otros casos, han optado por importar energías renovables generada fuera de las áreas urbanas a través de adquisiciones y asociaciones estratégicas con proveedores externos, incluidas las comunidades vecinales. Esto está permitiendo utilizar prácticamente cualquier fuente de energía renovable disponible, incluida la bioenergía, la hidroeléctrica, solar, eólica, geotérmica y oceánica.


Redes globales y regionales

Más de un centenar de urbes se sustentan ya con un 100 % de electricidad limpia. Entre otras, Vermont (EEUU), Reikiavik (Islandia) o Basilea (Suiza).   El trabajo en conjunto, a través de redes globales o regionales, está demostrando ser un elemento dinamizador de este avance.  Una de estas redes en ICLEI- Gobiernos Locales para la Sostenibilidad–, de la que en 2020 formaban parte más de 1.750 ciudades del globo. Junto con CDP,  esta asociación, que representa a los gobiernos locales en las conferencia de la ONU, lanzó en 2019 el Sistema Unificado de Informes CDP-ICLEI, en un esfuerzo por facilitar y agilizar los informes de clima y energía de las urbes. El año pasado, 812 gobiernos locales de 93 países reportaron sus datos a este sistema.



Otras 97 ciudades están integradas en la red de Ciudades C40. Suman una población de 700 millones de personas y una cuarta parte de la economía mundial. Esta alianza reúne a muchas de las grandes ciudades del mundo comprometidas en la lucha contra el cambio climático, conectando a alcaldes y profesionales para llevar a cabo una acción colectiva, implicando también al sector privado y a la sociedad civil. 88 de las ciudades deL C40 se han comprometido ya a desarrollar un plan de acción climática compatible con el Acuerdo de París. Otras 28 tienen objetivos cero carbono en edificios para 2050. Respecto al transporte, 35 de ellas trabajan para que a partir de 2025 una zona importante de la ciudad tenga cero emisiones para 2030.



La mayor coalición mundial es, no obstante, el Pacto Mundial de Alcaldes por el Clima y la Energía, cuyos signatarios se han comprometido a a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a escala comunitaria, adaptarse al cambio climático y mejorar el acceso a la energía sostenible (es decir, renovables y eficiencia energética). A mediados de 2020 habían sellado este compromiso más de 10.500 ciudades en 142 países, la mayoría de ellas (más de 9,600) en Europa, seguidas por urbes de América Latina y el Caribe y América del Norte. 



La campaña mundial Race to Zero, es otra iniciativa, en este caso en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que reúne a empresas, ciudades, regiones e inversores para facilitar el cambio hacia una economía descarbonizada. A finales de 2020, contaba con 454 ayuntamientos participantes, con el objetivo de movilizar a un millar para la celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Glasgow (COP21) a finales del presente año. Hay muchas más iniciativas, las nombradas son solo una muestra de ellas.



Repaso geográfico

En general, más del 80% de los objetivos de energía renovable a nivel mundial se encuentran en regiones que tienen mayores ingresos per cápita y se encuentran predominantemente en países con climas más fríos. La mayoría de los objetivos están en América del Norte y Europa (un 81% combinado) seguido de Asia (8%). Dentro de Europa, los objetivos son especialmente frecuentes en Alemania e Italia, facilitados por una mayor conciencia de la influencia de las ciudades dentro de la UE, así como por las estructuras de gobernanza que permiten la participación local en cuestiones energéticas. En América del Norte, los objetivos son más comunes en los Estados Unidos, que alberga 419 objetivos (39% del total mundial). Otro dato interesante puesto de relieve por el informe es que las ciudades pequeñas y medianas, en el rango de población de hasta 500.000 habitantes, han emergido como pioneras en el establecimiento de metas, albergando el 74% de todas las metas. Sin embargo, algunas ciudades y megaciudades más grandes, como Beijing (China), Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Copenhague (Dinamarca) y Frankfurt (Alemania), también tienen objetivos



• Europa: A finales de año, más de 10.000 ciudades de 43 países europeos habían firmado el Pacto de los Alcaldes por la Energía y el Clima, y más de 6.700 de ellas habían presentado planes de acción. Las ciudades del Viejo Continente también se han comprometido con los objetivos de cero emisiones y han desarrollado estrategias más holísticas y soluciones integradas para descarbonizar sus actividades.



América del Norte. La acción de energía renovable a nivel local ganó impulso precisamente a raíz de la decisión del expresidente Trump de abandonar el Acuerdo de París.  A finales de 2020, al menos 350 gobiernos municipales en EEUU  y Canadá tenían objetivos de energía renovable, y varias ciudades habían hecho progresos significativos hacia sus metas de electricidad 100% renovable.



• Asia. La creciente preocupación por la contaminación del aire y el smog ha impulsado la demanda pública de tecnologías de energía renovable y vehículos eléctricos para mejorar la salud pública en Asia, y el compromiso municipal ha ido en aumento. A fines de 2020, al menos 51 gobiernos municipales de este continente habían establecido objetivos de energía limpia.

África subsahariana. Los gobiernos locales desempeñan un papel clave en la configuración del panorama energético del África subsahariana. Pero en la mayoría de los casos se enfrentan a obstáculos para poder hacerlo, como limitaciones para ejecutar las propias funciones municipales. Aún así, al menos 19 ciudades, incluidas Ciudad del Cabo y Durban (ambas en Sudáfrica) y Kampala (Uganda), han establecido objetivos de energía renovable y otras 34 tienen políticas para impulsar el avance de estas tecnologías.  

Latinoamérica y El Caribe. Las preocupaciones sobre el tráfico y la congestión, la infraestructura inadecuada, la contaminación del aire y los efectos del cambio climático han acelerado la inversión en energías renovables y la electrificación del transporte público. A finales de 2020, varios gobiernos municipales tenían objetivos de energía renovable y varias urbes del subcontinente ya tienen una alta proporción de electricidad renovable en sus combinaciones de energía, caso de Bogotá (Colombia), Curitiba (Brasil) y Quito (Ecuador).

Oceanía. El avance es dispar. Diversas naciones insulares del Pacífico han recurrido a las energías renovables para disminuir su dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, reducir los costos de la energía y aumentar la seguridad energética y la resiliencia, si bien el liderazgo municipal se centra en Australia y Nueva Zelanda. En ambos países, a finales de 2020, 114 gobiernos locales habían declarado una emergencia climática y 16 ciudades tenían objetivos de energía renovable.



Oriente Medio y África del Norte. En esta zona del globo, en general, los desarrollos de energía renovable liderados por los municipios han progresado lentamente, debido a la falta de recursos financieros y humanos y a una fuerte centralización del sistema energético.


Este reportaje se publicó originalmente en ER201 (mayo 2021)

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