
Hasta la Revolución Industrial, que supuso la introducción del carbón como fuente de energía, el hombre utilizaba, fundamentalmente, la biomasa para cubrir sus necesidades de calor e iluminación. En otras palabras, aprovechaba los residuos agrícolas, forestales y domésticos y los transformaba en combustible. En los países en desarrollo, millones de personas siguen dependiendo de esta transformación directa de la biomasa para atender sus necesidades más básicas, como cocinar o calentarse. Sin embargo, la tecnología actual permite otras aplicaciones de la biomasa que van mucho más lejos.
De dónde procede.. En su acepción más amplia, el término biomasa abarca toda la materia orgánica de origen vegetal o animal, incluidos los materiales procedentes de su transformación natural o artificial. Por tanto, la energía de la biomasa se puede obtener de multitud de materiales:
Cultivos que se transforman posteriormente en energía (cultivos energéticos). Las plantas que se suelen utilizar para este fin son las de tipo herbáceo, como el cardo (Cynara cardunculus), y leñoso, como el chopo o el eucalipto.
Residuos de diferente tipo: forestales (procedentes de podas, limpiezas y cortas, o el serrín de las empresas madereras, por ejemplo); agrícolas (restos de podas de cultivos leñosos, paja de cereales, zuros de maíz, residuos de aceituna, cascarilla de arroz, cáscara de frutos secos, etc.); ganaderos (por ejemplo, los purines de los cerdos); lodos de depuración de aguas residuales; emisiones de gas de vertederos controlados (biogás), etc..
La transformación química o biológica de determinadas especies vegetales o de los aceites domésticos usados para convertirlos en biocombustibles (metanol y etanol) y emplearlos como sustitutos o complementos del gasóleo y de la gasolina
No obstante, sea cual sea el tipo de biomasa, todos tienen en común el hecho de provenir, en última instancia, de la fotosíntesis vegetal. Un proceso que utiliza la energía del sol para formar sustancias orgánicas a partir del CO2 y de otros compuestos simples.
Cómo se aprovecha. Esa gran variedad de materiales que componen la biomasa permite aplicaciones muy distintas, que varían según el tratamiento previo al que se la someta: refino (para homogeinizar las características del material empleado), fermentación, pirolisis, gasificación, esterificación, etc.
Producción térmica. La más sencilla es utilizar la biomasa como combustible en los hogares (en los últimos años han ido apareciendo equipos cada vez más eficientes que queman briquetas de madera o los llamados pellets, madera triturada y compactada). Pero también puede alimentar calderas para calefacción de centros públicos o comunidades de vecinos (el pueblo segoviano de Cuéllar, por ejemplo, dispone de una central de estas características) o destinarse a usos industriales en secaderos, calderas, u hornos cerámicos.
Producción eléctrica. Con la biomasa también se puede generar electricidad, para lo cual se utilizan dos técnicas:
Combustión. Consiste en quemar materiales leñosos, paja o cultivos energéticos, como el cardo, en parrillas o por el sistema de lechos fluidos (según la materia prima utilizada, es más apropiada una u otra tecnología). En cualquier caso, el proceso consiste en una combustión inte