Marrakech y la posverdad del cambio climático

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La última Cumbre del Clima celebrada en Marrakech no ha avanzado en el desarrollo del Acuerdo de París de 2015. Se ha pasado la pelota a la siguiente cumbre de 2017 en Bonn y que sea entonces cuando se den los pasos importantes para la entrada en vigor del Acuerdo sobre el clima en 2020. 


Ha coincidido la COP 22 con la elección de un nuevo presidente de EEUU, negacionista del cambio climático y de las renovables, con el apoyo de la industria del petróleo, del carbón y del fracking. Todo lo que se había progresado acerca de la verdad sobre el cambio climático se ha convertido en una incertidumbre con la elección de Donald Trump. 


Después de la elección presidencial Google y Facebook se han apresurado a anunciar medidas contra la propagación en las redes sociales de las mentiras que han impulsado la victoria de Trump. También las mentiras dieron la victoria al Brexit en el referéndum del Reino Unido. Pero la era de la posverdad, es decir, de negar la verdad pese a todas las evidencias según el término acuñado por David Roberts, no la ha inaugurado la política sino, mucho antes, el cambio climático y las energías limpias. La verdad es secundaria y se prioriza la construcción de una verdad alternativa que se acomode a los poderes económicos y políticos.


Tanto la ONU como la Agencia Internacional de la Energía y la Agencia Europea del Medio Ambiente han coincidido en que el Acuerdo de París es insuficiente para limitar a 2ºC el aumento de la temperatura del planeta. Aun cumpliendo el Acuerdo la temperatura subirá 2,8ºC y si no se hace nada 4ºC. La evidencia es que hay que hacer mucho más, pero la sombra de Donald Trump ha ocultado este desastre y ha vuelto a dar alas a los que, como en España, defienden que la energía fósil es limpia y que es más barata la energía fósil que se importa del exterior que la renovable que entra a coste cero en el sistema.


En la Cumbre de Marrakech han coincidido otras evidencias históricas. El mundo lleva tres años con un crecimiento económico del 3% sin que hayan crecido las emisiones. Ahora se necesita reducirlas un 0,9% cada año. Este hecho se relaciona con una transición mundial hacia las renovables que se está acelerando a un ritmo más rápido de lo esperado, como reflejan las cifras de inversión renovable frente a la inversión en combustibles fósiles. Los que se queden atrás en esta transición se enfrentan a mayores riesgos ambientales y financieros.


La presencia de España en la Cumbre de Marrakech ha sido extemporánea. Aún no ha ratificado el Acuerdo de París y con crecimiento económico sigue incrementando sus emisiones. El Gobierno ha aprovechado la cumbre para anunciar una Ley de Cambio Climático sin presentar un borrador, ha declarado que no cerrará ninguna central de carbón y que no va a estudiar una hoja de ruta a 2030 y 2050 para cumplir los compromisos climáticos y mantiene la moratoria para nuevas instalaciones renovables.


La evidencia de los datos de Eurostat no refrendan esta política negacionista en la práctica. España es el 4º país europeo con la energía eléctrica más cara, el 3º con el precio del gas más caro y el tercer país que más ha incrementado sus emisiones, solo por detrás de Malta y Chipre. El liderazgo mundial en renovables ha sido sustituido por el liderazgo en importaciones de gas y petróleo. Y eso a pesar de otra evidencia: según el informe anual de APPA, en 2015 las renovables redujeron en un 14,7% las emisiones de gases de efecto invernadero, 50 millones de toneladas de CO2. ¿Alguien da más?

Nuevos usos en la energía y en las tecnologías de generación
El mayor cambio tecnológico de este siglo se está produciendo en el uso eficiente de la energía y en las tecnologías de generación. Tal como se han producido los anteriores cambios durante el último siglo, la revolución de las energías limpias es imparable porque se está produciendo ahora y porque la caída de sus costes es tan evidente que el mercado está determinando los nuevos modelos de negocio energético sin hacer caso a Trump ni a las políticas negacionistas. El informe de la Agencia Internacional de la Energía, WEO 2016, lo deja claro. Para 2040 el 58% de la generación eléctrica será renovable, el 75% de la inversión mundial en energía será renovable y el 50% de los vehículos particulares serán eléctricos. 


España tiene un grave problema de falta de gobernanza del cambio climático. El nuevo Gobierno ha mantenido el medio ambiente como una cuestión residual, incluido en el Ministerio de Agricultura que carece de competencias en energía y en los sectores más contaminantes como la industria, la edificación o el transporte, repartidos en ministerios distintos. No se atisba ninguna reforma que aumente la credibilidad en la lucha contra el cambio climático.


Como expresábamos en el informe IPM sobre el Acuerdo de París 2015, España sólo cumplirá sus compromisos firmados en la ONU cambiando su política energética de arriba abajo para triplicar la potencia renovable a través de la  generación distribuida, aprobar una estrategia nacional de rehabilitación energética a escala de ciudad, alcanzar una cuota del 50% de vehículos eléctricos, poner un precio al carbono y supeditar la política económica y energética a los objetivos del clima.

Este artículo se puede leer también en La Oficina de JGB

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