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Seis argumentos que demuestran que lo insolidario es ponerle un impuesto al sol

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El ministro de Industria, Energía y Turismo, el canario José Manuel Soria, anunció el viernes pasado la aprobación del real decreto (RD) de autoconsumo. Soria asegura que el impuesto al sol que acaba de aprobar el Ministerio debe ser efectivamente impuesto por solidaridad con los consumidores que no pueden costearse una instalación de autoconsumo.
Seis argumentos que demuestran que lo insolidario es ponerle un impuesto al sol

Lo que sostiene este economista canario, grosso modo, es que, si un autoconsumidor se ahorra unos kilovatios, también se está ahorrando los impuestos que cada kilovatio lleva asociados, y, al ahorrarse esos impuestos, algunos de los cuales sirven para mantener el sistema todo, lo que va a pasar es, grosso modo, que al final el sistema lo van a tener que sostener solo los que no son autoconsumidores. El planteamiento de Soria asocia así la idea de ahorro, objetivo que persigue cualquier instalación de autoconsumo solar fotovoltaico, con la idea de insolidaridad. Como si ahorrar energía, es decir, recursos naturales, fuese un acto insolidario.


Vayamos a los ejemplos. Pensemos en un consumidor que adquiere un electrodoméstico clase A (un frigorífico clase A+++ puede consumir un 80% menos de energía que uno de clase D). Pues bien, según el planteamiento del Ministerio, ese consumidor, que estará ahorrándose unos kilovatios gracias a su nuevo frigorífico, se estará ahorrando asimismo los impuestos que cada kilovatio lleva asociados, de modo tal que, al ahorrarse esos impuestos, algunos de los cuales sirven para mantener el sistema todo, lo que va a pasar es que, grosso modo, el sistema al final lo van a tener que sostener solo los ciudadanos que no pueden adquirir electrodomésticos clase A. ¿Conclusión? Pues, en teoría, y según el plateamiento del ministro Soria, ese acto -adquirir un electrodoméstico eficiente- sería un acto de insolidaridad y, por ello -cabría presumir, si hemos de seguir el hilo argumental apuntado por el ministro- habría que gravarlo con un impuesto. La depravación intelectual que entrañaría pues este planteamiento resulta más que evidente. Depravación intelectual, decimos, porque convierte un hecho objetivamente positivo -el ahorro (de energía, luego de recursos naturales)- en algo reprochable (la insolidaridad) y, a continuación, convierte esa "insolidaridad" en algo "lógicamente" sancionable (mediante un gravamen -el impuesto al sol- con el que el Ejecutivo pretendería neutralizar esa insolidaridad). En fin...

Cero coma cero
Paradójicamente, el impacto económico que el ministro Soria pretende neutralizar con su impuesto astral no sería muy elevado. Según la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), “cada cien megavatios instalados de autoconsumo (100 MW) implican una reducción de los ingresos del sistema de 2,2 millones de euros, es decir, un 0,01% del total de ingresos del sistema”. O sea, que el impacto -cabe insistir- no parece a primera vista inasumible. Pongamos nuevamente un ejemplo, por aquello del comparar. El Gobierno aprobó el mes pasado "créditos extraordinarios y un suplemento de crédito por importe de 856 millones de euros en el presupuesto del Ministerio de Defensa, para atender al pago de obligaciones correspondientes a Programas Especiales de Armamento". ¿Qué queremos decir con esto? Pues queremos decir que 2,2 millones de euros no parecen a primera vista una cantidad de dinero particularmente elevada o inasumible para el resto del sistema (signifique “sistema” lo que signifique en el cosmos ministerial), y no parece tampoco (al menos a primera vista) una cantidad particularmente elevada para un Ejecutivo que, como el presente, tan predispuesto parece sin embargo a conceder ciertos créditos extraordinarios.

El titular
Sea como fuere, la noticia se titula “Seis argumentos que demuestran que poner impuestos al sol es un acto insolidario”, y habrá que hacer honor al titular, que nadie nos llame sensacionalistas. Así que trataremos de explicar, a lo largo de los próximos seis párrafos, por qué gravar con impuestos al astro rey es un acto profundamente insolidario con todos los consumidores, con el sistema mismo, con las pequeñas y medianas empresas de este país, con los trabajadores (y con los desempleados en particular), con las mujeres de Catar (y con los trabajadores migrantes de aquel país exportador de gas) y con el planeta todo.

1. Competencia que abarata
La Comisión Nacional de la Competencia (CNC) publicó en septiembre de 2013 un informe (IPN 103/2013) en el que ya apuntaba (página 15) que el autoconsumo “no es sino una fuente de presión competitiva para el resto de suministros convencionales, que contribuye a mejorar la competencia efectiva en este sector”. El autoconsumo “sirve para disciplinar, al menos indirectamente, al sistema eléctrico”, lo cual –insistía la CNC en la página 16– resulta útil “en un contexto [el español] de insuficiente competencia en los mercados eléctricos mayorista y minorista”. Todo ello conducía a la Comisión a concluir que, “desde el punto de vista de competencia, la autoproducción descentralizada no debería ser innecesaria o desproporcionadamente desincentivada, más bien al contrario”, dado –explicitaba sin rodeos– su “impacto claramente positivo”.

2. Frente a las pérdidas… ganancias
El autoconsumo sirve para que el autoconsumidor ahorre (electricidad, ergo dinero), y sirve asimismo para que el sistema todo gane. Según la Comisión Nacional de Energía (antecesora de la actual Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia), al autoconsumir estamos ahorrándole pérdidas al sistema todo: las pérdidas de kilovatios que se producen entre la instalación generadora de electricidad y el punto de consumo. La propia CNE concreta en su informe 19/2013 que en España se registran “unas pérdidas medias de energía del 14% en el caso de los consumidores domésticos”, o sea, que no estaríamos hablando además de un ahorro baladí. Además, el autoconsumo –generar y consumir en casa- evita nuevos desarrollos en redes de transporte y distribución y abarata el coste del mantenimiento de las redes ya existentes, esas que pagamos entre todos.

3. Competitividad
En España, dos de cada tres empleados trabajan en una pyme. Pues bien, según la oficina de estadísticas de la UE –Eurostat-, en nuestro país el incremento del precio de la electricidad para las pymes del sector industrial que consumen menos de 20 megavatios hora al año, es decir, las más pequeñas, ha sido sencillamente brutal –más de un 30%- en el período comprendido entre el segundo semestre de 2011 y el último dato Eurostat (30 de junio de 2014). Así, España es hoy el país de la UE en el que más cara es la electricidad que pagan las pymes de ese sector. Pues bien, el autoconsumo se está revelando como una solución clave para esas empresas. Ahora mismo, la mayoría de las instalaciones de autoconsumo que hay en España son de pymes, empresas que están empleando esta solución de ahorro como solución de competitividad… y supervivencia.

4. Más empleo
Todos los estudios que han ido apareciendo a lo largo de los últimos cuatro años coinciden en señalar que el autoconsumo está llamado a convertirse en uno de los grandes yacimientos de empleo del sector energético. Hace apenas unos días, Greenpeace International y el Global Wind Energy Council presentaban la última edición de «energy [r]evolution». Pues bien, según ese documento, “la industria de placas fotovoltaicas podría emplear a 9,7 millones de personas en 2030 en todo el mundo, diez veces más que en la actualidad”. En España, “El autoconsumo energético y la generación distribuida renovable como yacimiento de empleo” (Comisiones Obreras, septiembre de 2014) es el estudio más importante hecho hasta hoy sobre el particular y estima en más de 30.000 los empleos que esos yacimientos podrían alumbrar aquí en los próximos diez años.

5. Independencia y conciencia
El 70% de la energía que usa España procede de allende las fronteras (el grado de dependencia energética de nuestro país está casi 20 puntos por encima de la media UE). Todos los años enviamos miles de millones de euros (más de 45.000) a naciones como Argelia, Catar o Nigeria (solo ellas tres nos suministraron en 2014 el 76,5% del gas natural que llegó aquí), un gas cuyo precio ha subido un 38,9% entre 2010 y 2014. Cada kilovatio hora (kWh) que produce una placa solar es un kWh que no ha de salir de una térmica de gas natural, es un kWh pues limpio y autóctono. Por cierto, el Informe 2014/2015 de Amnistía Internacional denuncia violaciones de derechos humanos en Catar, país en el que los trabajadores migrantes padecen “explotación y abusos; las mujeres sufren discriminación y violencia; y las autoridades restringen la libertad de expresión”.

6. Medio ambiente
Lo decía la mismísima CNMC, en su «Informe sobre la Propuesta de Planificación de la red de Transporte de Energía Eléctrica 2015-2020», el pasado 16 de abril: “en lo que respecta a las tecnologías solares, la consolidación de un escenario de alta penetración de renovables con una importante contribución del autoconsumo parece imprescindible para alcanzar los objetivos de potencia de generación eléctrica y, por ende, los derivados de los compromisos medioambientales adquiridos”. Sustituir kilovatios de carbón o gas (o sea, emisores de CO2) por kilovatios de viento, agua o solares es, sin duda, la vía más rápida para que España cumpla con esos compromisos internacionales y evite así enfrentarse a las correspondientes sanciones. El autoconsumo se perfila, además, como la solución más barata, pues no necesitaría de subvención o ayuda alguna.

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Ángel
Eso es insolidario, Ignacio, y cobrarle un impuesto a la gente por autoconsumir también lo es. Vamos, digo yo. ¿O no?
Ignacio
Lo insolidario es hacer que la tarifa social no se pueda aplicar a suministros de calefacción eléctrica, y personas .mayores sin medios tengan que prescindir de calentar sus casas con electricidad, y dejar que los autos de toda España deban la energía de 4 años. Esto es lo insolidario.