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Venancio García Fernández, director de la Unidad de Negocio de WindCom Services Europe

“En 2016 hemos crecido un 40%, y en 2017 queremos volver a crecer otro 50%”

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Segoviano del 75, Venancio García Fernández debutó en el sector de las renovables allá por el 99 y lleva desde entonces volcado, “siempre”, en operación y mantenimiento. Venancio anduvo siete años lejos de España, entre Estados Unidos e Italia (con Gamesa) y, tras un breve paso por Alstom, acabó desembarcando en WindCom Services, una empresa –”centrada en palas”– que nació en Houston y abrió poco después sede en Madrid para atender la demanda de Europa, Oriente Medio y África, todo un mundo.
“En 2016 hemos crecido un 40%, y en 2017 queremos volver a crecer otro 50%”

¿Qué es WindCom Services?
WindCom es una empresa que nace en Houston, en el año 2006, de la mano de Tecsis, que es un fabricante brasileño de palas radicado en Sao Paulo. Tecsis estaba exportando cada vez más palas a los Estados Unidos y, al final, toma la decisión de fundar WindCom allí para cubrir, más de cerca, las garantías de fabricación de sus palas. Lo que ocurre es que en Tecsis en seguida se dan cuenta de que hay un mercado mucho más amplio y la empresa opta al final por abrir su abanico de servicios a todas las palas de todos los fabricantes.

Tres años después de empezar en Houston, WindCom llega a España y se instala en Madrid con el nombre de WindCom Services Europe. ¿Elige Madrid como lanzadera para toda Europa?
Sí. En realidad, aquí, en España, solo tenemos un 25% del negocio. El resto, el otro 75%, lo trabajamos en el continente: en Polonia, en Suecia, en Rumanía… Nuestro modus operandi es idéntico al de Houston: seguimos cubriendo las garantías de Tecsis –que sigue siendo propietaria al 100% de WindCom- y, además, reparamos palas de cualquier otro fabricante.

¿Cuánta gente trabaja en WindCom Services Europe?
En la oficina somos una docena de personas y, además, tenemos sesenta y tantos técnicos de campo, profesionales que viajan a parques eólicos de toda Europa, África y Oriente Medio. WindCom tiene una bolsa de trabajadores -el equipo de técnicos que he mencionado- y, cuando sale un proyecto, les avisamos, les facilitamos la información que precisan y les enviamos al parque que corresponda a reparar lo que haya que reparar. Una vez en el campo, permanecemos en contacto constante con ellos, nos comunican periódicamente cómo evolucionan los trabajos, nos mandan fotos, estamos también en contacto estrecho con el cliente, y así vamos avanzando.

¿A qué tipo de problemas suele enfrentarse WindCom?
A daños cosméticos derivados de la erosión que va produciendo el paso del tiempo. Hay parques en los que el desgaste es mucho más severo, sobre todo por la lluvia, que es un agente erosionador muy potente. También nos enfrentamos con frecuencia a daños ocasionados por las propias tensiones de la pala, por los sobreesfuerzos: grietas que requieren de un trabajo más complejo. De vez en cuando encontramos palas afectadas por el impacto
de un rayo. No es que sea frecuente, pero sí que sucede, y las roturas son bastante severas. El caso más grave al que nos hemos enfrentado fue el de una pala que se desprendió y quedó hecha un despojo. Bueno, pues, tras muchísimas semanas de trabajo, la pudimos recuperar… y ahí sigue: la llamamos la Frankenstein, porque fue como intentar recuperar lo irrecuperable.

¿Cómo se accede a una pala?
De varias maneras. Fuera de España solemos trabajar en plataforma. Montamos andamios colgantes en torno a la pala y, con ellos, subimos y bajamos a lo largo de toda ella. También trabajamos con cuerdas. Aunque en España es más frecuente trabajar desde grúas con cesta, lo cual no es habitual ni mucho menos en Europa, donde esta solución es bastante más cara y no suele ser empleada. Cuando los trabajos son en grúa, los técnicos son dos. Si operamos en plataforma, los equipos están formados por tres técnicos. Y, si trabajamos con cuerdas, lo hacemos por parejas también habitualmente.

¿Se averían todas las palas por igual?
No. Las palas de resinas polyester… digamos que son… mucho más pesadas y… de alguna manera… también… más robustas. Las palas de resinas epoxy son… en una cierta medida… un poquito más sensibles a los esfuerzos.

¿Qué es WindCom: un servicio de urgencias o es más bien una empresa que presta un servicio continuado de mantenimiento?
Realmente nos movemos por urgencias. Prácticamente ignoramos qué trabajo vamos a tener a dos o tres semanas vista.

¿Hay en todo caso algún pico de trabajo?
Los meses de junio y julio son de mucha tensión. Tienes que prever equipos, materiales… Los proveedores de materiales, por ejemplo, son muy limitados. Porque los propios clientes te exigen que sean unas marcas específicas. También te limitan mucho las condiciones meteorológicas: la temperatura, el viento. Uno no puede subir a ciertas alturas con mucho viento. Además, los productos químicos con los que trabajamos tienen ciertos límites de temperatura.

¿Qué tiene WindCom que no tengan sus competidores?
Principalmente, presencia. Y, por eso, ofrecemos un tiempo de respuesta muy corto. Tenemos una oficina en Houston, otra en Sao Paulo y otra aquí. En total, estamos hablando de unos 240 técnicos disponibles. Además, contamos con una ingeniería potente, y no me refiero solo a WindCom. Me refiero también a todos los servicios compartidos que tenemos con Tecsis. Una vez al mes los equipos de ingeniería de las tres ciudades –Houston, Sao Paulo y Madrid– nos conectamos vía Skype y compartimos ideas, experiencias… Además, no cesamos de buscar nuevas formas de operar en campo, nuevas vías de acceso a la pala, para que el trabajo sea más sencillo, para ganar agilidad.

¿Por ejemplo?
Pues, por ejemplo, la Sub Zero, que es una cápsula que se instala dentro de los andamios colgantes. Se trata de una especie de iglú que hemos ideado para combatir las bajísimas temperaturas a las que a veces hay que trabajar, temperaturas que no solo afectan al trabajador, sino también a los productos químicos que está empleando para reparar la pala. Nuestros técnicos operan en la pala desde dentro de la Sub Zero, que está metida en el andamio: la pala atraviesa el iglú y este va subiendo y bajando a todo lo largo de ella. La idea es que el técnico pueda trabajar a una temperatura controlada. Con ese mismo fin –controlar la temperatura–, hemos desarrollado también una especie de incubadora, como las que hay en los laboratorios: introduces las manos en unos orificios en los que hay unos guantes y manipulas con ellos como lo haría cualquier técnico en cualquier laboratorio. La idea es, también, aislar la zona de trabajo, porque hay productos que sufren mucho con la humedad y con la temperatura. Más cosas: ahora estamos probando una cámara de alta velocidad. El objetivo es poder hacer una inspección sin necesidad de parar la turbina.

¿Con la pala girando?
Sí. Ahora mismo, si vas con un telescopio, o con un trabajo de cuerdas, tienes que parar a turbina: paras, inspeccionas la pala, la giras, la vuelves a parar, inspeccionas la otra parte... Pues bien, lo que estamos desarrollando ahora en WindCom es una cámara de alta velocidad que tú vas a poder emplear sin necesidad de que pare la turbina. Desde el suelo, tomamos distintos ángulos y toda la información que obtenemos la potenciamos con un software que estamos desarrollando. La idea es que el software detecte más daños de los que puede detectar una persona. Con una propuesta como esta, además, queremos transmitirle al cliente (que lógicamente quiere aprovechar todo recurso disponible) que no se preocupe: que no hace falta parar la máquina, que yo me adapto a cualquier circunstancia.

Y WindCom también gana tiempo…
Efectivamente. A veces, en febrero te encargan una inspección. Y nosotros identificamos unos ciertos daños. Evaluamos y el cliente, en función de su presupuesto, es el que determina sus prioridades. ¿Qué ocurre? Que siempre cuesta parar una turbina, siempre cuesta desaprovechar recurso. Así que a veces el cliente espera a que haya poco viento. Y en vez de encargarte la inspección en febrero –cuando suele haber más recurso eólico–, acabas haciéndola en marzo, o en abril, o en mayo, con lo que todos los plazos se acortan peligrosamente y queda mucho menos tiempo para determinar cuántos daños tienes y para identificar las prioridades. Bueno, pues con una solución como esta podemos trabajar en invierno, y podemos tener muy pronto esa evaluación, y, encima, el cliente no tiene que parar. En fin, otro paradigma.

¿Ya está lista esa solución?
Llevamos ya un año trabajando con esa cámara, y ahora mismo estamos probando objetivos, haciendo ajustes sobre el software, buscando rótulas para que vayan orientando la cámara de manera automática. Estamos trabajando con una empresa especializada en visión computerizada… Y, por otra parte, tenemos además todo un banco de fotografías, 18.000 imágenes, tomadas desde 2008, que queremos llevar al concepto de Big Data… para poder así proporcionarle al cliente un diagnóstico muchísimo más fino. Ahora mismo, que nosotros sepamos, nadie está trabajando en nada parecido.

Bien, habida cuenta de todo ello, ¿cuáles son las expectativas de WindCom Services Europe?
La idea es ir creciendo. En 2016 hemos crecido un 40%, y en 2017 queremos volver a crecer otro 50%. Además, queremos instalarnos en Alemania, adquirir allí una empresa de reparación de palas, contratar un ingeniero de I+D para nuevos desarrollos en Europa, recientemente hemos fichado un analista de business intelligence, y un poquito más adelante queremos establecernos también en la India.

Por cierto, ¿cuánto duran las palas tras una reparación?
De momento no somos conscientes de que nada se haya roto.

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