El modelo alemán del Energiewende y su posible aplicación en España

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Hace poco tuve el placer de estar en la presentación pública en Madrid, por parte de la catedra de energía de Orkestra (Fundación Deusto), del documento “La transición energética en Alemania (Energiewende) - Política, Transformación Energética y Desarrollo Industrial”. En sus argumentaciones se explica esa transición energética, y cómo el discurso de la política energética ha ido modificando en los últimos años la estructura de fuentes energéticas, con cambios tecnológicos que han inducido transformaciones importantes, y que han propiciado oportunidades para el desarrollo industrial.

Veremos si después de las elecciones los partidos políticos en España son capaces de llegar a acuerdos. En todo caso, los cambios habidos en Alemania pueden servir de ejemplo político para un cambio de estructura energética y de reactivación de la actividad industrial en nuestro país. Esa necesaria transición energética deberá abordar estos cambios teniendo en cuenta los costes, las inversiones, la competitividad y la industria.

Como en el caso del Energiewende, existe una contradicción fundamental entre objetivos e instrumentos, ya que en dicho proceso, aunque parece que lo fundamental era la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero, la eficiencia energética y el uso de energías bajas en carbono, no parece que vayan a considerarse algunas tecnologías con emisiones de CO2 reducidas o nulas, pero políticamente inaceptables (hablamos de la nuclear).

Por ello, es necesario que España haga una planificación energética a medio y largo plazo, lo antes posible, para llevar a cabo los cambios necesarios, sin perder de vista los costes totales del desarrollo de las renovables, del posible cierre y desmantelamiento nuclear al final de su vida útil, y de las inversiones en otro tipo de centrales, en un contexto de crisis, pero de necesidad de crecimiento. Todo ello tendrá, al igual que en el Energiewende, unas necesidades de fondos que deberán de ser conjugados con la necesidad de no perjudicar la competitividad industrial, manteniendo, y a ser posible bajando, los precios de la electricidad, ya que, al igual que en Alemania, gran parte del tejido industrial está formado por pequeñas y medianas empresas que, junto con los consumidores domésticos, están soportando los costes energéticos (sobre todo estos últimos, y ahí está el aumento alarmante de la pobreza energética).

En el tema político, no se trata únicamente de transformar el mix energético y eléctrico. También se pretende que los ciudadanos tengan cada vez un peso mayor en la capacidad de decisión, con una intervención directa en generación distribuida y autoconsumo. Por tanto, estamos hablando de una transición energética en toda regla.

Quizás una de las grandes diferencias entre España y Alemania sea la de su ubicación geográfica en el centro de Europa, con una situación privilegiada de interconexiones e infraestructuras para la importación y exportación de energía, bastante limitado en el caso español. Pero debemos insistir y mejorar nuestra integración energética europea.

La regulación, además de traducirse en una nueva legislación para renovables, eficiencia, transporte y, cómo no, mercado eléctrico, debe suponer la adaptación a unos nuevos objetivos para el futuro mix energético, con menos peso de petróleo, carbón, y gas, ya que son recursos importados y nuestra dependencia es totalmente intolerable. Necesitamos reducir emisiones de CO2 para conseguir los objetivos de 2020.

También se debe avanzar en el aumento de la generación distribuida y el autoconsumo, aunque estos temas puedan influir sobre la estrategia y los resultados de las empresas eléctricas. Es muy importante que este conjunto de políticas se traduzca en un incremento de la producción de bienes de equipo e ingeniería, aunque existan tecnologías como la fotovoltaica (también se ha visto en Alemania) dominadas por China y Japón, que han perjudicado seriamente la industria existente.

Esperemos que los nuevos y los viejos políticos, asuman el papel que se espera de ellos en todos estos cambios, y nos lleven por el camino de un mejor futuro energético e industrial.

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